Por el Ms. C José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia
Uno de los asuntos más serios a que tuvo que enfrentar el estado español en su guerra colonial en Cuba fue el control de la población. Sabían que la base esencial de las tropas insurrectas eran los campesinos y peones agrícolas. Gente, la más de las veces, estrechamente relacionada por parentesco o amistad con los líderes insurrectos locales. El gobierno colonial tomó una medida que fue fundamental en la represión de la sociedad cubana; la formación de los llamados destacamentos.

En un barrio rural construían un fortín u ocupaban una edificación de condiciones óptimas para cuartel la que fortificaban. Dejaban algunos soldados regulares y formaban un pelotón de voluntarios con los vecinos de la comarca. ¿Hasta qué punto estos individuos formaban esta fuerza de forma voluntaria o bajo la presión de los colonialistas? En medio de una guerra a muerte donde cualquier vecino podía ser considerado sospechoso de colaborar con el enemigo es comprensible que la decisión de no pocos campesinos de integrar esta fuerza no fuera muy voluntaria.
Para mejor comprender la vida en uno de estos destacamentos y sus acciones nos acercamos al de Sao Arriba situado en la jurisdicción de Holguín en el oriente de la isla. Tomaremos un día, el 17 de junio de 1869, para conocer de su vida cotidiana. Ese día se presenta un vecino al jefe de la pequeña fuerza que cuida aquellos predios e informa que: “[…] fue hecho prisionero de este al estallar la insurrección por hallarse en aquel punto, por haber ido a visitar a su padre que lo tenía enfermo allí.” (1)
Pese a que la noticia parece poco creíble, pues lo más probable es que este individuo se incorporó a las fuerzas insurrectas voluntariamente como hicieron muchos al iniciarse la guerra, el jefe del destacamento realiza una indagación entre los vecinos:
“Habiendo tomado antecedentes sobre su conducta anterior y modo de proceder por personas de providad de este punto todos me han manifestado que esta era buena por lo cual no he tenido inconveniente en perdonarlo para que se dedique a sus trabajos” (2)
El individuo a cambio del perdón brinda información sobre los insurrectos: “Al propio tiempo examinando al mencionado Ricardo, del número del enemigo que allí había dice que no pasaban de 200 y que los dirigía el titulado Coronel Guereño.”(3)
En los destacamentos se da un asunto de interés. La combinación de voluntarios integrado por vecinos de la comarca con tropas regulares. Esto permite ir abarcando nuevos territorios y creando más unidades de ese tipo. El jefe del destacamento de Sao Arriba informa a sus superiores el 17 de junio de 1869:
[…] en el día de hoy se ha establecido el destacamento en el punto denominado de la Palma, el que consta de 1 cabo y 4 soldados de este y 20 voluntarios. (4)
Es decir 5 militares y 20 vecinos de la comarca que han sido reclutados como voluntarios. Uno de los asuntos más importantes de estos destacamentos es el control de un área determinada y sus vecinos. Asunto imposible de hacer por las fuerzas de las columnas volantes que se desplazaban constantemente por un amplio territorio. Mientras los destacamentos se mantienen actuando sobre un área determinada. Llegan a tener cierto dominio de esa zona y cuentan además con el apoyo de vecinos que por simpatía o temor los ayudan brindándole
información. Los destacamentos estaban asentados sobre un mar de pasiones encontradas. Por un lado una parte de sus vecinos eran convencidos integristas. Mientras otros sentían simpatías por la insurrección. En algunos casos tenían parientes o amigos cercanos en ese bando. En ocasiones los ayudaban. Un informe de fecha 17 de junio de 1869 del jefe del destacamento de Sao Arriba refleja una actuación bastante controvertida de un vecino del barrio.
“Habiéndome dado conocimiento en el día de anteayer a cosa de las 12 del mismo, de que en el punto denominado La Escondida, a media legua de este de que en una casa se habían presentado tres insurrectos dos de ellos extranjeros y uno cubano, el que portaba un revólver y que se había llevado a la fuerza a dos vecinos, amenazándolos con dicha armas, con el fin de que los sirviese de práctico para que los llevasen a San Fernando, en donde se el grueso del enemigo y este tenía su cuartel general, acto seguido , Salí con 4 soldados de este destacamento y 4 voluntarios que me servían de guía y habiendo practicado un escrupuloso reconocimiento por donde aquellos aparecieron y sus inmediaciones resultó el no hallar nadie pero tuve la satisfacción de que los dos paisanos que aquellos se llevaron pudieron engañar a estos internándolos en la espesura del monte, dejándolos allí y fugándose estos viéndose de este modo, libres de caer en manos del enemigo entonces dispuse que 6 voluntarios se quedasen y diesen una batida por el monte, no dando esta el resultado que yo deseaba.” (5)

La descripción nos pone ante una situación bastante peculiar, pues a los tres días que recibe información del jefe del destacamento del secuestro de los dos individuos. Además estos se fugan lo que nos pone en guardia sobre la buena fe de esos campesinos. ¿Realmente fueron secuestrados o se brindaron de forma voluntaria a ayudar a los mambises?
En cierta forma es comprensible la actitud de estos individuos que viven a media legua del destacamento por lo que deben se subsistir con los insurrectos pero al mismo tiempo ponerse a resguardo de las fuerzas represivas.
Sin embargo dos días después el 17 de junio de 1869 ocurre un acontecimiento que muestra la otra cara de esos destacamentos para España: “Mas en el día de ayer dos vecinos de esta d. Nicomedes de la Rosa y Joaquín Infante que tiene propiedad en aquel punto, y al salir a sus trabajos y los que están autorizados, el primero para portar una pistola y el segundo escopeta, por ser voluntarios y personas que han prestado muy buenos servicios en particular el primero este ultimo distinguió al pie de un monte cercano, un hombre y haciéndosele este sospechoso su presencia en aquel lugar, se dirigió hacia él y con pistola en mano le intimo a que hiciera alto y habiéndolo interrogado, conoció por sus palabras y porte no era hombre de
bien y determinó junto con su compañero Infante el traerlo preso a este punto y a mi disposición.” (6)
El individuo detenido resultó ser un insurrecto. Incluso es uno de los que hacía dos días había “secuestrado” a los dos vecinos de que hicimos referencia. En este caso estamos ante dos individuos fieles a la metrópoli que son del cuerpo de voluntarios, incluso, se les permite portar armas de forma permanentemente para ir a sus labores. Ambos son verdaderos agente de la represión. Vigías permanentes en este territorio. De esta forma los destacamentos eran territorio en lo político en extremo complejo. Bajo la aparente tranquilidad se movían intereses por completo encontradas. Este 17 de junio de 1869 fue un día más de la guerra. Aparentemente no ha ocurrido nada importante. Pero en él se han desarrollado acontecimientos que nos muestran el estado de vigilancia a que había sometido el gobierno colonial a sus súbditos. Es como una biopsia de aquella contienda. Aquel día se iniciaba
un sendero terrible para el mambí apresado por estos esbirros voluntarios de represión. Lo más probable es que fueran ejecutados como ocurría con la mayoría de los mambises capturados. Uno de los muchos héroes anónimos las guerras de independencia.

NOTAS
1–Archivo de Historia Holguín Fondo Tenencia de Gobierno Expediente 6010
Legajo 159
2–Idem
3–Idem
4–Idem
5–Idem
6– Idem
Publicado en Memoria Holguinera Radio Angulo en internet. Link: Un día de la
guerra: 17 de junio de1869 (icrt.cu)