Por José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia
Durante las guerras de independencia los mambises fueron sometidos a un estrecho bloqueo por las fuerzas colonialistas. Aunque recurrieron a crear zonas de cultivo y talleres en los territorios que controlaban, la producción de estos era limitada tanto por las operaciones hispanas que los asolaban como por las limitaciones tecnológicas.

No todo lo necesario para abastecer a los insurrectos se podía elaborar en aquella rústica industria. Las expediciones organizadas en el exterior eran implacablemente perseguidas por la marina de guerra hispana dislocada a todo lo largo de las costas. Al desembarcar tenían que enfrentar a las fuerzas enemigas que al descubrirlas las atacaban. Por lo que el abastecimiento mambí era en extremo endeble. Fue necesario recurrir a abastecerse en el territorio contrario. Incursionando en las zonas de cultivo, por medio de agentes cubanos en las filas contrarias que hacían llegar diversos productos a los rebeldes o por el ataque a los poblados.
Carlos Manuel de Céspedes, con toda la crudeza del momento, resumía la necesidad de esos ataques: «Ha llegado el momen¬to en que el pueblo de Cuba comprenda que tiene que guerrear, lo hace, pero quiere comer. Pide los asaltos para obtener dinero y ropa, comprando con lo que coge, lo que necesita” (1)
Para tener una idea del ritmo de estas acciones hemos tomado como ejemplo la jurisdicción de Holguín. Según la división política administrativa de la época fueron atacados los siguientes poblados situados de esa jurisdicción: (2) Puerto Padre, (3) el Vedado, (4) el ingenio de Guabajaney, (5) Maniabón, (6)Sao Arriba, (7)ingenio San Manuel, (8) poblado de Auras, (9)Junucún, (10) Hatillo, (11)Corallilo, Güirabo, Santa Rosalía, (12) Candelaria,(13) Las Bocas, (14) Velasco, Calderón (15) Las Cruces de Purnio, (16) Yareniquén,(17) Corralito, (18)Yabazón,(19) Yabazón Abajo,(20) y el Rabón,(21) y otros poblados. Incluso la ciudad de Holguín en diciembre de 1872 fue asaltada por los mambises.
Una poetisa cubana, Mercedes Matamoros del Valle, supo atrapar y llevar a versos aquellos momentos terribles del ataque. Ella refleja con igual ímpetu las pasiones de los atacantes y de los defensores, el pánico de la población civil atrapada en el combate. Comprendió y justificó la destrucción de aquellos acontecimientos, que eran fundamentales para vencer a la tiranía colonial que sojuzgaba su patria. Mercedes nació en Cienfuegos, Las Villas, en 1851 y falleció en La Habana en 1906. Mujer de cultura exquisita realizó traducciones del inglés, el francés y el alemán al español. Su obra apareció en varios periódicos de la época. En 1892 publicó el libro Poesía completa y en 1902 Sonetos.
Su sensibilidad no estaba encerrada en una torre de marfil, el siguiente poema es un callado aplauso, un reconocimiento necesario a quienes combatieron en tres implacables guerras por la independencia de Cuba.
En Las Ruinas.
Mercedes Matamoros.
¡Qué solemne silencia reine en torno!
¡Qué inerte soledad en las colinas
que del sol a los último reflejos
parecen que de lejos
contemplan tristes las obscuras ruinas!
Aquí no se oyen risas ni cantares;
en la rica vivienda, en el bohío,
del florido vergel sobre la alfombra,
cual un abrazo fúnebre, ¡la muerte
de sus alas tendió la negra sombra!
Todo yace en mutismo pavoroso,
en la profunda grieta
se refugia el murciélago luctuoso,
entre las piedras se desliza leve
fugaz lagarto de pupila inquieta
y del viajero al paso cauteloso
responden solamente el murmurío
trémulo y melancólico del rio
y el suspiro del viento en los palmares
¿Dónde está la feliz y placentera
ciudad que alzó en el llano
sus edificios a la azul esfera
como en señal de reto poderío?
¿Dónde el alegre circo y el liceo,
lugares de expansión y de recreo
para el mancebo y para el grave anciano?
¿Dónde el hogar tranquilo y venturoso,
de inocencia y virtud asilo hermoso?
Llama devoradora
_de profundos agravios vengadoras_
tanta belleza convirtió en cenizas;
porque ¡así de los pueblos ofendidos
a la cólera ardiente
de los tiranos dóblase la frente
y vuelan las coronas hechas trizas?
Un tiempo fue que en su opulencia y brillo
se inclinó bajo el yugo,
humilde como dulce corderillo;
mas al cabo, indignada la Justicia
puso en sus manos la inflamada tea
y esas vigas quemadas, esos techos,
hoy en negros escombros convertidos,
¡dura enseñanza son para el que ignora
que al fin llega la hora
en que, constante en su inmortal idea,
la Libertad defiende sus derechos!
¿Qué corazón cubano
no guarda con espanto y honda pena
la fúnebre memoria
de aquella triste y lamentable escena?
era la media noche: descuidada
en paz dormía la ciudad callada
cuando por los incógnitos senderos
con astuta cautela desfilaron
los audaces y rudos macheteros.
Incansables obreros de la doliente Cuba, endurecidos
por la opresión y el odio, en cada puerta
aplicaron la llama enrojecida,
que al deslizarse cual dorada sierpe
de una mansión a otro horror causaba
a la inerte ciudad que sorprendida
al fulgor del incendio despertaba
Entonces…!Ay!?Qué mano
trazar pudiera el cuadro lastimoso
de aquella multitud despavorida
que se lanzó a las calles con clamores
que asordaban el aire…?Allí el anciano
pidióle al jefe compasión en vano,
allí la tierna madre la mostraba
al aterrado infante que a su seno
cual débil pajarillo se estrechaba,
allí el esposo derramó su sangre
sobre la esposa que a sus pies cayera,
allí del fuerte muro que cedía
se escucharon los lúgubres crujidos,
allí fueron los llantos y gemidos
de un pueblo desolado;
pero ¡nada al empuje resistía
del inmenso torrente desbordado
que sembraba la muerte por doquiera
cual si el día final llegado hubiera…!
La turba envilecida
De avaros mercaderes, corre, vuela,
Por salvar de sus tiendas los tesoros;
Mas la revuelta, indómita partida,
Insensible al lamento y la amenza,
¡hiere, saquea, insulta y despedaza!
La inexorable tea
no perdona de Dios ni el templo santo;
imagen pavorosa de la ira,
sobre las altas torres centelleante,
y en sus hondos cimientos conmovido
el sagrado recinto se derrumba
con estrépito horrible, !convirtiendo
la ensangrentada plaza
de cadáveres mil en ancha tumba!
¡Noche funesta…! Y cuando el alba asoma
y trémula las cumbres ilumina,
¡ tal parece que ardiente ha descendido
sobre la inmensa ruina
el mismo fuego que abatió a Sodoma…!
Junto al arco deshecho,
sobre el montón de piedra calcinada,
bajo el hundido techo,
en la nocturna hora, pálido, envuelto en luctuoso manto,
el Ángel del Dolor se siente y llora.
¡Sí! Porque es triste, ¡oh Libertad sagrada!,
levantar sobre escombros tu bandera!
Pero aún más triste fuera
consentir que se mire siempre hollada
la humana dignidad, y que implacables
conviertan a los pueblos tiranos
en rebaños de siervos miserables
y ellos tan sólo fueron los culpables
de tanto duelo, de infortunio tanto;
!no el incendiario que anegara en llanto
la tierra en que naciera!
Que cuando la Justicia es la que clama
y hace brillar su llama
entre la sombra adusta,
al despotismo audaz causando espanto,
¡la cólera es augusta,
y el instrumento es santo!(22)

NOTAS
1–Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo: Carlos Manuel de Céspedes: Escritos,1982, tomo II, p. 116.
2– Nos referimos a poblaciones que en esos momentos del ataque pertenecían a la jurisdicción de Holguín.
3–Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V, p 405, 406, 407.
4–Yoel Cordoví Núñez. Máximo Gómez: tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, 2005, p. 72
5–Ídem
6–Víctor Manuel Marrero, Vicente García: Leyenda y realidad, Editorial Ciencias Sociales, 1992, p. 209
7–Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo: Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t. III, p. 122.
8–Parte oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872.En: Periódico La Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872 ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
9–Nydia Sarabia: Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970, p. 173.
10–Parte oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872. En: Periódico La Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872 ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
11–Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimex S.A. Ciudad de La Habana, 1992 , p. 254
12–Enrique Doimeadios Cuenca y Maria Hernández Medina, Apuntes para una historia de Gibara, Ediciones, Holguín, 2008, p. 68
13–Museo Provincial de Holguín Fondo Julio Grave de Peralta Libro de borradores de correspondencia de Julio Grave de Peralta copia número 645
14– Ídem
15–Archivo Nacional de Cuba, Donativos y Remisiones, caja 474, Signatura 10.
16–Juan Andrés Cué Badá: “Asalto e incendio de Yareniquén y Las Cruces”. (En Ahora, Holguín, 14 y 28 de Marzo de 1975)
17—Ídem
18–Enrique Doimeadios Cuenca y Maria Hernández Medina Apuntes para una historia de Gibara. Ediciones Holguín. 2008. p. 63
19–Ídem
20–Ibídem p. 64
21–Ibídem p. 63
22– Roberto Manzano, El Bosque de los Símbolos: Patria y poesía en Cuba, tomo I, Siglo XIX, Editorial Letras Cubanas, La Habana 2010, pp. 556, 557 y 558
Publicado en Memoria Holguinera Radio Angulo. Link:
La poetisa y la tea incendiaria (radioangulo.cu)