Una historia de lo cotidiano

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Por el Ms. C José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia

Existe una vieja tradición de hacer estudios biográficos de individuos que fueron relevantes en la historia. Pero la mayoría de los hombres y mujeres que no tuvieron un lugar notable pasan muy pronto al olvido. Lo que consideramos una gran injusticia pues un país lo hacen todos desde los más ilustres hasta los más humildes. Rompiendo con esa tradición hemos tomado la vida de un hombre común, un canario que llegó a nuestro país con el propósito de cambiar su vida y creo una familia que dejó una profunda huella en Cuba. Acompañemos al canario Cecilio Vega Vega en su andar por el oriente de la mayor de Las Antillas.

La emigración a Cuba era una decisión para mejorar materialmente la vida, por lo menos se aspiraba a eso que debía de conllevar un cambio positivo en su futuro. Era una forma de reconstruir la existencia con todas las posibilidades materiales que ofrecía la riqueza de la isla antillana, antítesis en ese sentido de la situación de las canarias. Brindaba posibilidades que eran muy difíciles de obtener en las superpobladas islas. No era creíble que un canario pobre lograra terminar como propietario de una finca en su tierra natal. Esa era una aspiración muy profunda en Cecilio. Incluso, en Cuba en los momentos del auge de la urbanización y cuando por circunstancias que narraremos logró contar con una cantidad relativamente importante de dinero, adquirió tierra y no una casa en la ciudad como hacían muchos.

Aunque también la inmigración era un riesgo hacia la incógnita, pues el camino del que parte siempre está preñado de misterios que pueden terminar en imprevistos. El mismo viaje está rodeado de peligros. No siempre el final puede ser feliz como un films de Hollywood. Muy pocos se convierten en indianos ricos, muchos acaban en medio de la mediocridad económica. El retorno empobrecido y enfermo es una perspectiva triste pero muy real.

Cecilio era en canarias un hombre pobre que no contaba con recursos para sufragar el viaje. Vio las puertas del cielo abiertas cuando se enteró que una compañía azucarera estadounidense contrataba peones para su plantación de caña de azúcar en Cuba. Se enroló en 1906 como trabajador de la Chaparra Sugar Company. La empresa fletó un buque para traer obreros canarios a sus campos dislocados en el norte del oriente de Cuba. El viaje fue un desastre. Era un buque lento de vela y vapor. En la travesía fue azotado por el mal tiempo. El viaje se prolongó más de lo previsto. Fue necesario racionar a lo mínimo los víveres y el agua. En Cuba se le ofreció un trabajo que hasta unos años atrás era asunto de esclavos: cortar caña. Luego ascendió hasta convertirse en cocinero. (1) Desconocemos los detalles sobre su papel en ese viejo oficio. En cierta forma eso nos dice bastante. No dejó un diario o cartas describiendo a la familia o los amigos de su peripecia en la isla. Si escribió sobre su vida en Cuba y no se conservaron las cartas y los diarios es también un signo a analizar. Es bastante usual cuando se hace un esfuerzo en ese sentido que quede algún recuerdo. Incluso aunque las evidencias hayan sido destruidas por los hombres o la naturaleza muchas veces sobrevive la huella en la memoria que se escribió, se pintó, se fotografió… En Cuba el ciclón Flora que, en octubre de 1963, asoló las provincias orientales destruyendo una gran cantidad de documentos particulares y oficiales. Esto dejó una huella que todavía se puede recoger en la memoria popular sobre el vecino que perdió la correspondencia de un abuelo u otros papeles perdidos.

Ninguno de los descendientes de Cecilio me dio la más mínima señal de la existencia de esa papelería maravillosa que me trajera su testimonio. En resumen ese canario que ha pasado sin dejar una memoria escrita fuera de la que su misma vida género en el entramado de la administración como la inscripción de nacimiento, de la boda, del fallecimiento, las nóminas de pago etc. Tan solo disponíamos de los testimonios de sus hijos y nietos y algunos documentos de carácter administrativos en extremo escuetos. Con esto pensábamos reconstruir la vida de este hombre. Me acerqué con gran cuidado a la parentela, pues me referiría a un tema triste que puede conducir a lo melodramático. Pero por suerte el tiempo había tendido un manto se separación y uno de sus nietos era uno de los intelectuales más brillantes de los estudios sociales en Cuba lo que me ayudó mucho. En 1914 Cecilio se casa con la cubana Aurora Rodríguez. Tienen siete hijos, 3 hembras y 4 varones. (2)

Ha logrado reunir dinero para la compra de una pequeña finca. No pudimos determinar cómo logró adquirir aquel reducido capital. Es de suponer que el ahorro jugó un papel clave. En la memoria familiar no había evidencia que fuera tomador de bebidas, alcohólicas, que fumara, jugara o de un gusto excesivo por las mujeres que resumen las grandes dispersiones del esfuerzo económico de la gente pobre. Realmente era un hombre de fuerza de voluntad pues cada colonia azucarera se convertía en un pequeño Pigalle parisino en los días de cobro.

Compra una pequeña finca en las márgenes del rió Cacoyugüín. Es una zona fértil y relativamente cerca de la ciudad de Holguín que en la época era un mercado importante de productos agrícolas Es de pensar que tendrían un precio elevado.

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En la década de los cuarenta el estado cubano decide construir en ese lugar una presa o lago artificial para abastecer la ciudad de Holguín. Cecilio se ve obligado a venderle la tierra al estado. Un grupo de campesinos que se encuentran en similar situación aprovechan la momentánea bonanza para trasladarse a Holguín. Esta es la ciudad más importante de la zona y se encontraba en pleno auge económico. Pero Cecilio ha decidido construir su vida y su muerte en el campo. La ancestral sed de tierra incrementada de generación en generación desde los tiempos remotos de los guanches lo conducen a comprar una pequeña finca de apenas una caballería en 1952. No está muy lejos de la anterior. Es un lugar llamado Managuaco, también cerca de la ciudad de Holguín. Allí siembra viandas, granos, en especial frijoles, cría reses y cerdos. Un rasgo lo diferencia de las fincas de la mayoría de los campesinos cubanos: tiene una huerta para la siembra de hortalizas. No es común en la mesa del campesino cubano la ensalada. Cecilio cultiva tomates, lechuga y otros alimentos verdes. Un nieto que desde pequeño lo acompañaba recuerda que rara vez faltaba la ensalada en la mesa. (3)

Logramos hacer una reconstrucción de la casa de Cecilio. Más que en el sentido material en el espiritual. La casa era también en cierta forma una antítesis del fallecimiento triste. No era esta una covacha construida en un callejón de un barrio marginal. La casa tenía tales dimensiones que luego de su fallecimiento la desarmaron e hicieron tres más pequeñas con los materiales. Poseía un amplio portal para aprovechar los momentos de asueto y sentarse a descansar. El piso de cemento estaba por encima de otros hogares campesinos donde este se hacía de tierra pisoneada y luego mantenida en los límites de lo higiénico o por lo menos decoroso con frecuentes rociaduras de agua y el correr de la escoba de la señora de la casa.

Los niveles de pobreza campesina tienen una expresión muy objetiva en la casa y este mundo material que rodeaba la vida cotidiana. Esto llevaba también una implicación de un sistema o modo de vida que estaba en los límites de una pobreza que implicaba también la alimentación. Esta pobreza tenía su símbolo en el piso de tierra para continuar luego en el bohío generalmente de paredes de yagua cogidas con cujes seguía con la ausencia de un portal, continuaba a lo reducido de la casa el mobiliario muy simple y rústico. Se extendía a la mesa muy monótona a la hora de cada comida con más carbohidratos que proteínas escasamente acompañada por la falta de hortalizas en que no solo era la miseria sino que la falta de costumbre encadenaba esa escasez. Esta miseria se repetía de generación en generación el que nacía miserable lo continuaba siendo y lo peor lo dejaba como herencia. Todo esto iba conformando una construcción de la vida cotidiana.

Entremos en la vida cotidiana de este hombre.

Salía muy poco. Después de su llegada al oriente de la mayor de las Antillas no fue más allá de Santiago de Cuba. (4) Llegó hasta allí para cumplir una promesa hecha a la virgen de la Cariad del Cobre que tiene su santuario cerca de esa ciudad. Era un hombre sin ambiciones en el sentido que usualmente se tiene de esa definición. Su gran codicia era mantener la finca en buen estado. Su reino era la familia y el trabajo. El mayor regocijo era cuando se reunía la familia.

Incluso salía de la finca muy pocas veces. Solo cambió este ritmo cuando un nieto sufrió un accidente en el cumplimiento del servicio militar, en 1970. Lo visitaba con frecuencia en la casa donde estaba convaleciente en Holguín a unos 20 kilómetros de su casa. Hoy el nieto, que lo conocía muy bien, pues lo acompañó durante toda su infancia y parte de la adolescencia recuerda aquel gesto con agradecimiento. (5)

En los últimos años con el vivían dos hijos uno casado y el otro soltero. Cecilio, según el recuerdo de su familia, era delgado de unos seis pies de altura, ojos claros y medio rubio. No era una persona delgada pero tampoco sufría de sobrepeso. No engordo con los años Se despertaba muy temprano. Desayunaba con café con leche en abundancia, café y pan. Raramente mantequilla. Llevaba al campo una botella de café con leche o café y algo de comer.

Hemos obtenido testimonios sobre el desayuno de varios canarios que residían en el barrio rural de Candelaria, en el municipio de Gibara. Muchas veces esta consistía en café con leche con plátano hervido comprimido formando bolas con fragmentos de carne de puerco, en especial los llamados chicharrones que es la piel frita con parte de la carne y la grasa. En este caso el pan era menos importante. Mientras familias canarias del batey del central azucarero de San Germán hacen referencia al llamado pan canario elaborado por las mujeres de la casa en un horno que todavía quedan los restos en una casa.

Trabajaba hasta las 11.30 de la mañana. El almuerzo era harina de maíz con leche y potaje de frijoles. En este último era acompañado por pedazos de carne de puerco. Cecilio comía mucho y tomaba mucha leche Siempre dormía la siesta. Sobre las 2 o las tres se iba al campo. Trabajaba como hasta las 5 o las 6 que regresaba y comía temprano. La cena podía incluir arroz, viandas, vegetales, huevos, carne de puerco. La carne de res se consumía una vez a la semana. Luego escuchaba un programa de radio. El tener un radio de batería era un símbolo de desahogo económico. Hasta 1959 muy pocos campesinos poseían radios. A las 9 p.m. se acostaba.

No fumaba ni permitía que un hijo fumara. El tabaco estará presente en otras familias con mucha fuerza. Por ejemplo en Candelaria, un barrio que en el siglo XIX existían numerosas vegas hay una tradición de consumir puros. No tomaba ron. Cecilio tampoco era un gran consumidor de café. Tan solo una taza en la mañana. Por la noche no hacia ni café ni infusiones de ningún tipo. Se enfermaba poco. Cuando se enfermaba hacia cocimiento de medicina verde. Ya muy mayor tenía problemas de orina y tomaba “guisaso” de Baracoa. Decía que se mareaba y se cansaba en sus últimos años. (6) Nunca fue a un hospital por enfermedad ni nunca lo operaron. Por lo menos los descendientes no recuerdan tal asunto. No se fracturó un hueso. Murió a los 100 años en sus cabales.

Esta vida metódica se repite en los testimonios que hemos tomado sobre antiguos campesinos de origen canario. En muchos casos fue heredada por los descendientes. Aunque existen semejanzas en algunos aspectos respectos a la vida de otros campesinos cuyo origen no estaba en canarias como por ejemplo el almorzar con harina de maíz y leche. Una comida muy barata, pues el precio de la harina era reducido y muchas veces se hacía en la finca. Para la leche casi siempre se disponía de una vaca. Tenemos el testimonio obtenido por el historiador Enrique Doimeadios Cuenca, sobre una canaria llamada Sebastiana Rodríguez que a los 15 años vino de canaria con un molino de moler maíz. Los descendientes lo conservan y utilizan todavía.

Pero lo metódico, la ausencia de excesos es una característica de muchas de estas gentes de origen canaria. Aunque Cecilio padeció verdaderos cataclismos familiares. De sus 7 hijos, una hembra enferma de cáncer y fallece. Uno de sus nietos, el preferido el que lo acompañaba en la finca tiene un accidente y pierde una pierna. Trabajó en la finca hasta los 96 años. Al morir la esposa se debilitó mucho. Ella falleció a los 94 años. Dejó de trabajar y salía poco de la casa y sus inmediaciones En estos últimos años de vida visitaba la casa esporádicamente un médico emparentado con la familia. Usualmente este le tomaba la presión y le realizaba un chequeo. La muerte de Cecilio es una catarsis calmada de su vida. Una de sus nueras nos recuerda: “Murió después de la comida, tomó una sopa de pollo, se acostó y murió. Cuando fueron estaba muerto” (7) El medico diagnosticó un infarto. Falleció alrededor de las 7 p.m. En la medida que envejeció se acostaba más temprano.

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Nos hemos acercado brevemente a la vida de este campesino canario. Aparentemente no hay nada extraordinario en este hombre que no realizo grandes descubrimientos científicos, ni libro combates mucho menos obtuvo condecoraciones pero lo más importante que con personas como él se fundó las bases de una nacionalidad. Los canarios como Cecilio dieron un aporte significativo a la forma de ser de un país que los acogió y consideraron como suyo.

NOTAS

1 Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007
2– Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007
3– Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007
4– Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007
5– Dos entrevistas a José Vega Suñol por José Abreu Cardet en Holguín, Cuba el 3 y 27 de abril del 2006.
6– Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007
7– Entrevista realizada a José Vega Rodríguez, Nery Suñol Ricardo y José Vega Suñol por José Abreu Cardet el 16, 19 de junio y 7 de septiembre del 2007