25/50 de Cirenaica Moreira

Por Erian Peña Pupo y Vanessa Pernía Arias

Más allá de ser un recorrido, a saltos, como advierte la propia exposición, por la amplia y sugestiva obra fotográfica de Cirenaica Moreira, 25/50, muestra inaugurada en el Hotel Ordoño como parte del XV Festival Internacional de Cine de Gibara, funciona como un sugerente itinerario del trabajo de Cirenaica, desde sus primeras y más conocidas series en blanco y negro, hasta las más recientes, donde prevalece el uso del color, el cambio de soportes y los grandes formatos.

Obra fotográfica de Cirenaica Moreira, 25/50, muestra inaugurada en el Hotel Ordoño como parte del XV Festival Internacional de Cine de Gibara. Foto: Kevin Maunel Noya

Estos aparentes cambiospara nada se contradicen con piezas iniciales como Con cariño de la voz de la experiencia, La venganza es un plato que se sirve frío y Vive en Cincinnati y ni siquiera me escribe, que integran la muestra; en cambio refuerzan los resortes y la cosmología creativa de Cirenaica. No hay ambigüedad o negación, más allá que la que su propia obra puede esgrimir a su favor.

El cuerpo sigue como epicentro… incluso cuando interviene la fotografía con otros elementos. El color equilibra sus dudas, miedos, emociones… Cirenaica no deja de crear, trasmuta miradas, pero su poética es indivisible; se mueve en un territorio conocido y no por ello menos riesgoso,donde confluyen lo femenino y la amplitud de sus posibilidades, lo doméstico y lo sofisticado, lo afectuoso y sensitivo, lo violento y agresivo. El cuerpo desnudo y el placer de descubrir lo prohibido, que se revela sorpresivamente, como encontrado a la vuelta de la esquina; el vestuario en su calidad instrumental, como utensilio detormentoso,prisión y al mismo tiempo atracción y placer; como territorio donde todo es posible, y los límites del gozo no están aún cartografiados.

Las obras de Cirenaica hablan de ella, pues parten precisamente de ella, no hay duda, pero expande el diapasón: son un espejo al mismo tiempo, nos miramos ese abismo profundo, cargado de feminidad, y nos encontramos pues, al decir de Alfonso Reyes, el hombre es el hombre y el espejo.

Graduada de la facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arteen la especialidad de Actuación, Cirenaica ha realizado importantes muestras personales en La Habana, México, Estados Unidos, entre otros, y su obra se encuentra en importantes museos, como el Art Museum de la University of Virginia, Estados Unidos; la Foundación Arte Viva,Río de Janeiro, Brasil; la Fototeca de Cuba; el Lehigh University Art Gallery,Pennsilvania, EUA, el Throckmorton Fine Art Gallery y el Center of Cuban Studies, en New York, Estados Unidos, y la Galería Apectos, Barcelona, España.

Cirenaica Moreira, una de las creadoras más reconocidas del ámbito cubano, provocadora, visceral, celebra sus 50 años de vida y los 25 dedicados a las artes visuales. 25/50 así nos lo reafirma.

Tomado de www.ficgibara.com

Un presente donde habitan todos los pasados

Por Jorge Suñol Robles

Sueño, esta es la primera palabra que marca la cronología en la pizarra, que es también un muro, una pared de relevaciones. Luego van apareciendo los encuentros, un álbum de fotos malogradas, el viaje que dejó huellas en el joven, el madre, el padre.

Grupo Argos Teatro. Obra: 10 millones. Fotos: Adrián Aguilera

Llegan la terapias de infierno, la educación en 1960, los 10 millones de 1970, la política, la masa y el poder, un último verano juntos. Invaden los recuerdos, las heridas, el silencio y los gritos, se sufren los errores, las represiones, las consignas.

Han pasado los años. La Habana, 2012. Estos letreros no son más que un epílogo apretado de una familia distante, de un testimonio profundo y autoreferencial, nacido de un diario personal y llevado cuidadosamente a escena.

10 millones es la reconocida pieza que nos entrega Carlos Celdrán  con el grupo Argos Teatro, en el contexto de FIC Gibara. La Casa de la Cultura fue escenario de esta presentación, que arrancó aplausos en la concurrida sala. El nombre de obra, de por sí, ya es una fuerte invitación a descubrir quiénes fuimos, qué somos ahora y si vale la pena o no, recordar, asumir nuestro pasado, enfrentar el presente, levantar la cabeza y hablar, aunque nos cueste caro, sea imposible.

Sí, hablamos de la zafra azucarera del 70, del reto que nunca se alcanzó. Sí, hablamos de una Cuba en Revolución, de radicales, de extremistas. Hablamos, otra vez, de emigar, y dejar atrás una vida, un pasado, hablamos de distancias.

10 millones acierta por el covencimiento de sus actores, su seguridad, la entrega absoluta al texto, a la(s) historia(s), su pasión, su desgarre. Es una puesta que a través de diálogos, narraciones y  monólogos, se logra uno de los mayores retos dentro del teatro, partir de uno mismo para hablar de otros, a todos.

En casi dos horas de presentación,  protagonizada por Daniel Romero,Caleb Casas, Maridelmis Marín y Waldo Franco, Argos Teatro, bajo la sabiduría de Celdrán, nos entrega su pasado, con luces, oscuridades y sombras, una firmeza ilimitada.

En escena los actores se niegan ellos mismos, niegan sus recuerdos, viven entre máscaras, caras sucias, entre el hambre, entre un único libro que marcó la beca “azul” del joven, momento en el que padre, después de tanto esperar, decide marcharse al “yuma”.

Vinieron entonces a juzgar. Pero el niño volvió al pueblo, a la puerta de la casa de su padre, para sentir su abrazo, respirarlo. La madre llora. Esta Capitana, la heroína, es quizá la que más le duele ser como fue ¿Valió la pena?

 

Eternamente Gibara

Por Jorge Suñol Robles

Otra vez estamos aquí, luego de un año de desvelos. Entre la noche y el día, entre la madrugada cómplice que insiste en la música profunda y cubana. La Plaza da Silva vuelve a ser testigo de canciones, vuelve abrazar el llanto de una guitarra, las voces diversas, un piano que sangra, seduce. Es Gibara, es el mar, es el sueño de Solás.

Fotos: Adrián Aguilera

La primera noche es de Silvio y Pablo Milanés, es un homenaje al Grupo de Experimentación Sonora del Icaic. Lo regalan, lo cantan, con un repertorio perfectamente escogido, Kelvis Ochoa y David Torrens. A ellos les ha tocado ser los primeros en ese escenario de historias y recuerdos. Ellos saben lo que significa este festival, vienen una y otra vez, y no se cansan. En el piano, Rolando Luna.

Suena Yolanda, como para embriagar esta noche de julio. Van, con ese carisma y energía que caracterizan estos cantautores desmenuzando varias canciones. Óleo de una mujer con sombrero, Mi unicornio azul, Yo no te pido, son algunos de los temas seleccionados para esta descarga, que a ratos, se vuelve íntima. Sube Rodney Barreto, y le da su sello a la percusión. Mientras, el público siente, tararea, huele a Cuba. Pero aún no acaba la fiesta.

Isaac Delgado, luego, derrocha salsa por todo el escenario, pone a bailar al público con ese swing inconfundible. Delgado se pasea por casi todo su repertorio, pero no teme incluir temas de otros artistas, coritos pegajosos que todo el mundo sabe, para “calentar” el ambiente. Des-pa-ci-to. El chévere de la salsa goza, y el público también. Invita al Elain Morales para que le acompañe, y aquello, se pone mejor. Buena manera, sin duda, de arrancar esta primera noche de festival, donde cantarán, en próximos días, otros artistas, igual de apasionados, igual de locos, igual de adictos a la canción, al poder de la música. La noche no se detiene. Es Dj Lejardi, y trae su ritmo electrónico, para los amantes del género, mientras en el INIT se descarga con el Jam Sessions. Gibara no duerme, es feliz. Es, en mayúscula, un mar de artes.

Gráfica en retro con Daisy y Fernando

Por Arlene Gómez Palacios

“Este domingo ha sido el más movido del último año en Gibara” dice Rolando, quien me acogió en su casón de tejas rojas y puntal alto frente al Museo Colonial. “Dan deseos de sentarse en la acera porque nunca se sabe que estrella del cine pueda pasar y saludar. Ahorita pasó Jacqueline Arenal por aquí, ya la viste?”.

Este domingo 7 de julio se entregaron los Premios Lucía de Honor a dos artistas que llevan el nombre de su país en la frente, los mismos que en la tarde saludaron a Rolando mientras sonreían en el desfile inaugural. Fernando Pérez y Daisy Granados recibieron un lauro que les hace justo honor a quienes han dedicado sus vidas al séptimo arte.

Fotos: Kevin Manuel Noya

 

Como plato fuerte para arrancar la jornada estuvo el converatorio con estas grandes estrellas. El prestigioso director desde su sencillez y la bellísima Daisy, tan ella, conquistaron,  con sus historias, a un público ávido de saberles, de sentirles cerca y así estuvieron.

 

 

Junto a Jorge Perugorría, Presidente del Festival que soñara e hiciera posible Huberto, Fernando y Daisy moderaron el panel Gráfica en Reto, de Cine Pobre a Festival Internacional de Cine de Gibara. “Quiero personalmente, agradecerle a Fernando y a Daisy, en nombre del equipo realizador y pero sobre todo en nombre de los gibareños” apuntó Perugorría y dio pie a un mar de historias que fueron desde la niñez de la prestigiosa actriz hasta lo medular de sus pasiones.

Luego de un repaso por toda su filmografía, la actriz habló de sus tropiezos y dificultades pero a su vez subrayó que fue siempre una mujer que se impuso y sacó adelante todos sus proyectos.

 

“Yo soy un hombre felíz porque nada me ha sido fácil” aseguró Fernando justo desde la inmensidad en la que reposa en su sencillez. “Precisamente ese es un tema recurrente en mis películas, el hecho de cómo uno simplemente lucha por lo que quiere”. Fernando Pérez conoció a Humberto Solás en el año 1962, en plena crisis de octubre, era Asistente de Producción C. Por aquellos años se comenzaba a desarrollar la industria cinematográfica en Cuba.

Fernando recordó cuando coincidía con Daisy en el elevador, y Daisy recordó cuán buen mozo era Fernando. Fue una charla entre amigos de siempre, dos estrellas que coincidieron en un mismo espacio, el cine Giba de esta Villa Blanca, para continuar la obra de Humberto Solás y la magia del séptimo arte con factura autóctona.

Han pasado unas horas desde que llegué. Escribo este texto sentada en la calle “Real” o Independencia de la Villa Blanca de los Cangrejos, Gibara. El mar, el que te regala su olor desde que agarras la primera curva en el automóvil y el otro, el de arte, me han abrazado fuerte, desde la cabeza hasta los pies. Es el XV Festival Internacional de Cine de Gibara.

El canto de las estaciones es una niña con alas

Por Katherine Pérez

Mira ¿Ves el mar azul cobalto, que trae olas y cantos y barcas y peces? Allá, detrás de las montañas, digo. De las neblinosas montañas que parecen  el lomo de un caballo verde. ¿No lo ves aun?

Sí, hay gaviotas y calles torcidas, espigadas como olas de concreto y gente venida de todas partes, vestidos  con los colores del verano. El rosa helado y el verde menta. El blanco nube y el gris tormenta. El rojo amapola y el naranja…el naranja Gibara.

Teatro Las Estaciones. Obra: Niña con Alas. Fotos: Elier Cabrera

Y al llegar a donde te cuento, verás, en un parque a media mañana, niños que ríen y aplauden, salpicados por las aguas de un teatro que cada vez da más alegría y belleza a las Tablas cubanas. Teatro de las Estaciones.

Los niños ven los pájaros, aves de costa y monte que los sobrevuelan y cantan y se pierden entre el cielo apacible de los pueblos del mar. Y vuelven trayendo sobre las alas hermosos secretos que dejan caer en las manos de los niños (con el cuidado del cerezo que pierde sus flores) y los niños los aprietan y los ponen en sus bolsillos para que nadie nunca los pueda robar. Como quien guarda entre el sueño y el recuerdo el trote de gamusa de un caballito enano.

Un aguacero de versos. Un aguacero de risas. Y el agua feliz que es la risa de los niños inunda las calles de Gibara, y canta contra las puertas y las ventanas. Un canto de agua. Un canto de vida. El canto de la belleza. El canto del Arte. Y los niños se van felices, con el teatro en el pecho y una alegría desconocida, que es la cosquillita de la poesía como plumitas de gorrión en la nariz.

Dice Federico García Lorca en su Pequeño vals vienés, que en Viena sueñan los niños con viejas luces de Hungría, y yo hoy vi a los niños de Gibara soñar con las luces de este pueblo suyo, con las electrizantes luces del sol sobre el océano.

Y uno, que cree en la luz del teatro como otro sol sobre los mares del mundo, aplaude y se ríe como si fuera acaso un niño más y hasta repite: Los aguinaldos en el invierno. Los aguinaldos en el invierno. ¿En el invierno? Y no es acaso este teatro también un aguinaldo, un aguinaldo de versos y vida puesto a los pies de los pinos del Verano…

Quince años de un mar de artes en Gibara

Por Erian Peña Pupo y Vanessa Pernía Arias

Luces, cámara…

Tras las curvas de la carretera, las montañas en el horizonte y el mar abriendo su azul, Gibara celebra el 15 aniversario de su Festival Internacional de Cine, creado por Humberto Solás en 2003.

Desfile inaugural Fotos: Kevin Manuel Noya

Del apelativo inicial de Pobre –humilde en su elaboración, pero actuante y movilizador, estético y ético–, amplió su diapasón desde hace tres ediciones para convertirse en una amplia cita internacional.

Un mar de artes, reza el slogan de esta edición. Pues en Gibara confluye, además del cine, epicentro del Festival, las artes visuales, la música, la danza, el teatro… en interacción con el pueblo.

Gibara espera el Festival, como Remedios sus Parrandas, Holguín sus Romerías, Santiago su Fiesta del Fuego… Como parte ineludible de una identidad construida en el accionar diario. Por eso acompaña el desfile inaugural a lo largo de la céntrica calle Independencia. Toma fotos, sonríe…

No hay nada parecido a este encuentro sui generis. Gibara tiene magia, mística, dicen muchos. Pocos se resisten a salir de sus casas en estos días. Los parques y la Plaza Da Silva van llenándose de vida.

Humberto Solás se enamoró de ella. Filmó aquí varias de sus películas, inició la aventura artística que ha hecho que en esta villa marítima de la costa norte de Cuba –la más próspera de la región en buena parte del siglo XIX e inicios del XX– cada año se llené de artistas de varias partes del mundo.

Hoy Jorge Perugorría, presidente del Festival, continúa el sueño.Muchas veces –como Silvio– sueña con serpientes, pero cree en el poder trasformador de la cultura.Por eso encabeza el desfile, habla a los reunidos cerca de la estatua de la Libertad… Los invita al cine, a que vean películas…

A soñar en días de Festival…

Gibara, acción…

Como en ediciones anteriores, el cine Giba fue sede de la gala de inauguración del Festival gibareño, que contó con la presencia, entre otros, de Ernesto Santiesteban, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la provincia, Julio César Estupiñán, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular en Holguín, y Jorge Perugorría, presidente de FIC Gibara 2019.

Codanza, compañía dirigida por la Maestra Maricel Godoy, impregnó fuerza, vitalidad y destreza a una gala que recordó la fundación, el 24 de marzo de 1959, del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y que tuvo entre sus conductores a los actores del cine cubano Tahimí Alvariño, Jacqueline Arenal, Néstor Jiménez y Vladimir Cruz y a la cantante Rochy Ameneiro.

Presentados por Rochy, el colectivo matancero Teatro de Las Estaciones, dirigido por Rubén Darío Salazar, recibió en manos de Perugorría un reconocimiento a propósito de su 25 aniversario. “Este es un festival único, sui generis, singular. Tienen un tesoro, cuídenlo”, comentó Rubén Darío. Teatro de Las Estaciones presentará en el Festival las obras Una niña con alas y La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, esta última con dirección, además, de Zenén Calero.

 

Uno de los momentos más esperados de la gala fue la entrega del Premio Lucía de Honor a la actriz Daysi Granados y al reconocido realizador Fernando Pérez. El primero fue otorgado por la actriz María Isabel Díaz –la misma de Una novia para David, Papeles secundarios, La vida en rosa, Hello Hemingway, Las noches de Constantinopla y Volver–, mientras Laura de la Uz lo entregó a Fernando Pérez.

Daysi Granados rememoró la filmación en 1981 de Cecilia, de Humberto Solás: “Este es un premio muy importante para mí. Me hace sentir que voy a seguir adelante mientras tenga fuerzas para dar lo mejor de mí a ustedes, este público maravilloso. Esto hay que vivirlo. Es increíble. Es algo impresionante. Muchas gracias al pueblo de Gibara, es una maravilla, un honor, poder recibir este Premio aquí”, comentó la actriz de filmes clásicos en la historia del cine cubano como Memorias del subdesarrollo, Retrato de Teresa, Vidas paralelas, y Plaff o demasiado miedo a la vida.

Por su parte, Fernando Pérez agradeció a “los productores, actores, trabajadores… que en los 60 años del Icaic me han ayudado a hacer cine”. “A ellos también mi agradecimiento”, subrayó el director de Clandestino, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana, Madrigal y Martí: el ojo del canario.

Ambos, Daysi y Fernando, junto al editor Nelson Rodríguez, merecieron el Premio Nacional de Cine en 2007.

FIC Gibara, que cuenta con 59 películas y 15 guiones compitiendo por los principales premios, realizará una proyección espacial de Insumisas, el más reciente filme de Fernando, codirigido con Laura Cazador.

La gala –que dio paso al concierto de Kelvis Ochoa y David Torrens, con temas de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez– concluyó con Infinito, fragmento de la coreografía Edén, de Mi compañía, dirigida por Susana Pous.

Gibara inició un 15 Festival cargado de expectativas y sorpresas: un mar de artes que lo desborda todo.

¡Bienvenidos a FIC Gibara 2019!

Presentarán filme de dramaturgo holguinero en FIC Gibara

Por Rosana Rivero Ricardo
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Corto «Cerdo»
 El corto “Cerdo”, del actor, dramaturgo y realizador holguinero Yunior García se presentará de manera especial en la XV edición del Festival Internacional de Cine de Gibara (FICG), que del 7 al 13 de julio acogerá la ciudad costera, conocida como Villa Blanca de los Cangrejos.
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Yunior García, actor, dramaturgo y realizador holguinero
 El filme de 2018, el cual obtuvo Mención Especial del Jurado de Ficción del pasado Festival de Cine de La Habana, fue rodado entre el 27 de septiembre y el 4 de octubre de 2017 en la localidad rural de Cruces de Purnio en Holguín y contó con la actuación de Jorge Perugorría en el personaje coprotagónico Quesada.
La historia, con una duración de 20 minutos y guión del propio realizador, se adentra en temas como la homofobia y los rigores de la vida en el campo, al narrar la búsqueda por el joven Pedro de su padre, a quien su madre tildaba de cerdo y que encuentra casualmente como dueño de una porqueriza.
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En la edición 15 del FICG se podrá disfrutar de otras presentaciones fílmicas especiales como el largometraje de animación “Black is Beltza” (2018), dirigida por el también cantante Fermín Muguruza y el documental “Filoxenia, el rapto de Europa” (2017) dirigido por Vicent Monsonís, quien aborda el drama intenso de los inmigrantes en Europa.
La presencia del director cubano Fernando Pérez, quien recibirá en esta ocasión el Premio Lucía de Honor junto a su coterránea la actriz Daisy Granados y el actor de Puerto Rico Benicio del Toro, se realzará con la proyección de su última película “Insumisas”, codirigido con Laura Cazador.
(Con información del sitio www.ficgibara.com)

Organizan nueva edición del Festival Internacional de Cine de Gibara

Festival Internacional de Cine de Gibara

Los organizadores de la muestra, a celebrarse en el verano de 2019, convocaron desde ahora a toda la producción cinematográfica y audiovisual para que presenten sus propuestas en las diferentes secciones competitivas y paralelas.

Tras este llamado, pueden presentarse a concurso obras audiovisuales en idioma original, con subtítulos en español cuyo término abarque desde 2017 hasta la fecha.

Algunas de las categorías son Largometraje de ficción, Cortometraje documental, Guiones inéditos y Cine en construcción (películas de ficción y documental).

En este último apartado se otorgará el premio Humberto Solás a la obra que más honre el Manifiesto del Cine Pobre, defendido por el reconocido cineasta y realizador de importantes filmes cubanos como Lucía (1968), Cecilia (1981) y Un hombre de éxito (1986).

Relevantes figuras nacionales e internacionales del cine y la cultura en general integrarán el jurado que otorgará un Premio Lucía, inspirado en la icónica cinta de Solás, en cada categoría competitiva.

El Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, el Gobierno de la provincia de Holguín y las autoridades de Gibara lanzaron esta convocatoria que cierra el plazo en marzo.

Tomado de www.radioangulo.cu
(Con información de Prensa Latina)

Fito

Por Erian Peña Pupo

Para mi generación, Fito Páez es casi un dios tardío, no un dios impoluto, sino uno mucho más desconcertante, que escuchábamos alelados como si debajo de nuestros pies se abriera la tierra y al lado del camino una voz ríspida, trashumante, con olor a cigarro y alcohol, nos dijera que sí, que a estas alturas del partido no todo estaba perdido.

Foto: Adrián Aguilera

Más afectiva que epocal, y a la deriva entre finales del siglo e inicios del nuevo milenio, mi generación confió en Fito Páez y su aliento sureño y descabezado, donde el folclore y la canción latinoamericana (Mercedes Sola, Víctor Jara, Violeta Parra), de la que bebió como integrante de la llamada trova rosarina, se mezclaba con los sonidos rockeros del piano y la guitarra eléctrica que conocimos en otros importantes músicos argentinos como Juan Carlos Baglietto, Charly García, Andrés Calamaro, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Litto Nebia, León Gieco, Gustavo Santaolalla y Pedro Aznar. Nosotros, que escuchábamos a Silvio, Pablo y Noel, pero también a Sabina, el otro dios tutelar, Serrat, Aute, Ana Belén, Caetano Veloso, percibimos que su música se esparcía y cobraba resonancias en la obra de muchos compositores cubanos, y principalmente en la llamada generación de los topos: Santiago Feliú, Carlos Varela, Frank Delgado y Gerardo Alfonso.

Ahora que Fito cierra el Festival Internacional de Cine de Gibara, recuerdo como nos pasábamos sus discos, como si diéramos algo preciado, y además, como coreábamos en improvisadas reuniones de amigos, donde su música era la banda sonora perfecta, aquellos temas que ahora el argentino desgranó en el escenario: “Un vestido y un amor”, “Giros”, “Mariposa Tecknicolor”, “11 y 6”, “Al lado del Camino”, “Ciudad de pobres corazones”, “Dar es dar”, y claro, el insustituible himno “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Foto: Adrián Aguilera

Pienso en los amigos esparcidos por varias partes del mundo que hubieran dado cualquier cosa por estar en la Plaza da Silva y corear los temas de un Fito enérgico, improvisador y vital. En aquel que me dice: acuérdate de mí cuando Fito cante “Al lado del camino”, y en aquellos que han venido de varias provincias solo por verlo cantar en vivo.

¿Cómo describir con inmediatez periodística algo que parte de la emoción? Aquello que uno sabe, sino irrepetible, al menos sí único, pues en Gibara y en Festival nada es imposible.

Fito Páez, el autor de veintiún álbumes de estudio, cuatro en directo y doce recopilatorios, el ganador de cinco Grammy Latinos, y uno de los más importantes y premiados exponentes del rock argentino, estaba allí, a unos metros de todos nosotros: subió al escenario, lo vimos pegarse al piano y destripar notas: “Esta canción es para el Santí Feliú”, y junto a Haydée Milanés tiramos el “Cable a tierra” en uno de los hitos de su música. Luego vino un “tangazo” y después “Desarma y sangra”, “una de las canciones más bellas que se hayan escrito”, casualmente por otro argentino, Charly García. Junto a Pancho Céspedes, Fito nos recordó que “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés, es la “canción de amor más hermosa que se ha escrito en la historia”, y “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez, “una manera de mirar la época y el tiempo”.

Fito Paez en concierto de clausura de FICG 2018. Foto: Adrián Aguilera

Después de “Giros”, Fito invitó a Cimafunk a que cantara “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Del público le pedían a gritos “Al lado del camino”… Los muchachos de Nube roja lo acompañaron en los temas “Circo beat”, “Dar es dar”, “Ciudad de pobres corazones”, y otro himno, “Mariposa tecknicolor”, ese que estaba dejando para un final que el público pedía distender.

Pero el final del concierto se acercaba y Fito pidió a Kelvis Ochoa, Haydée y Cimafunk cantar juntos “Y dale alegría”, ese tema que pide: “Dale alegría, alegría a mi corazón, es lo único que te pido, al menos hoy. Dale alegría, alegría a mi corazón…” Del público seguían pidiéndole “Al lado del camino”…

Fito se despidió, dejándonos alelados, hipnotizados, sin haber comprendido bien lo que allí ocurría, pero sabiendo que aquello fue real y palpable: Fito Páez cantó en Gibara para todos nosotros…

Pero el público le pedía otro tema: otra de sus canciones descabezadas y descorazonadas, vivas…

Y el músico y director argentino, agradecido, volvió al escenario, se sentó al piano, desgranó unas notas, y el público supo: “Esta canción la escribí cuando creí en la palabra, pero cada vez creo menos en las palabras y más en el polvo, los abrazos, el amor…”

“Al lado del camino”… se esparció por aquella noche gibareña con olor a mar y esperanza.

La clarividencia de la pupila

Por Erian Peña Pupo

Diana Balboa cataloga Pupila como el “anticipo” de una exposición que realizará en el habanero Taller Experimental de Gráfica, en conjunto con la Fototeca de Cuba.

Exposición «Pupila» de la artista Diana Balboa. Foto: Carlos Rafael

Una selección de fotografías intervenidas de diferentes maneras compone la muestra abierta al público en el Hotel Arsenita, como parte del Festival Internacional de Cine de Gibara.

En Pupila, Diana interviene las fotos tomadas por amigos o por ella misma y le aporta nuevos matices e interpretaciones a las obras originales: “Estoy trabajando con las fotografías desde el 2017: primero trabajé en la Bienal de La Habana con una fotógrafa norteamericana que hace unos abstractos de paisajes; nos pusimos de acuerdo y yo intervine sus fotos directamente…, no es trabajar digitalmente las fotos después que están hechas, sino trabajar directamente sobre ellas a modo de dibujo, a veces con técnicas mixtas, pues no discrimino una manera de intervenir las fotos”, asegura la pintora.

Diana Balboa cataloga Pupila como el “anticipo” de una exposición que realizará en el habanero Taller Experimental de Gráfica, en conjunto con la Fototeca de Cuba. Foto: Carlos Rafael

Después –nos cuenta la también reconocida grabadora y ceramista–, una amiga española hizo una serie de gatos arrabaleros de Madrid y La Habana que intervino. Como ella trabaja frecuentemente el tema de la música, hizo una exposición llamada Gatos en solfa, mostrada en el Ministerio de Cultura en La Habana y después en Madrid.

“Claudia Rojas, la actriz de La vida es silbar y Una novia para David, entre otras, se acercó pidiéndome que le hiciera unas fotos con la estatua que está en Avenida de los Presidentes y Calzada, la estatua de Clío, que es la Historia, pues ella tiene una empatía con esa obra… Yo le hice las fotos y cuando vi los resultados me entusiasmé, pues no había cogido la cámara como artista, solo intervenido fotos de otros. Entonces me decidí y le pedí autorización para utilizar la imagen en algún momento y eso dio pie a una serie que se llama Rodilla en tierra, que versa sobre la repatriación, los que regresan a Cuba, y tiene un poema creado por Marilyn Bobes para esa exposición, además un videoarte, pues es un proyecto que hemos hecho itinerante en espacios no convencionales, el Mejunje, la Casa de Dulce María Loynaz, donde último estuvo, pues no es una exposición comercial, ni de espacios convencionales”, nos dice la autora de la muestra Gracias por la música, expuesta en 2003 en la galería del habanero Hotel Presidente.

Foto: Carlos Rafael

Algunas de las fotos las imprimió en blanco y negro y las intervino en similares tonos, “ya con otro concepto, ya no el de repatriación, sino un poco más intimista, del mundo interior”.

En las expresionistas piezas de Pupila, la reinterpretación de la realidad y sus atmósferas van de la mano del trazo vigoroso y al mismo tiempo delicado y sencillo que moldea ideas y formas, en una sugerencia visual que nos lleva también por los senderos de la música.

Además, Diana Balboa, miembro de la Uneac y poseedora de la distinción Por la Cultura Nacional, creó uno de los telones que tradicionalmente realizan los artistas para un Festival al que llega por primera vez y al que le ha regalado la clarividencia de sus pupilas.