Priorizan en Holguín el trabajo cultural en zonas del Plan Turquino

Por Vanessa Pernía Arias
Fotos de la autora y Archivos
Fortalecer el trabajo artístico y sus espacios en zonas del Plan Turquino de Holguín, partiendo del trabajo de instructores de arte y promotores, se encuentra entre las prioridades del Sectorial Provincial de Cultura este año.
Los montañeses son eternos defensores de sus raíces, explicó Rachel García Heredia, directora del sector, pues en lo que va del 2022 se han incrementado las actividades artísticas y recreativas, apoyados en el movimiento aficionado, ampliándose las condiciones técnicas de las instituciones en esa zona priorizada.
La población participa en las actividades, sustentadas en una fuerza técnica de 56 instructores de arte, 40 promotores y más de 100 instalaciones que fortalecen el programa cultural, añadió.
Durante el 2021 se materializaron un total de 4 mil 192 acciones con cerca de 50 mil 800 participantes, donde se incluyó el talento aficionado y profesional, en correspondencia con las medidas sanitarias para prevenir el contagio por la Covid-19.
Las actividades realizadas, enfatizó la directiva, favorecieron la calidad de los pobladores de las montañas holguineras, permitiendo además promover el conocimiento de la historia y fomentar una cultura de protección medioambiental en esta zona.
En este sentido García Heredia reconoció y llamó a proteger la labor del proyecto sociocultural Voluntad, de Naranjo Agrio, Premio Nacional de Cultura Comunitaria 2018, y la Tumba Francesa de Bejuco, ambos del municipio montañoso de Sagua de Tánamo, por sus aportes al desarrollo sociocultural de esos sitios intrincados de la serranía; así como La Colmenita, de Moa.
Subrayó que en el presente período de trabajo es necesaria la vinculación más estrecha con los instructores y promotores para llegar a más barrios y comunidades de este proyecto montañoso, próximo a cumplir su 35 aniversario, el dos de junio.
Entre los objetivos fundamentales se encuentra una mejor estructuración de la Trepada Cultural y Deportiva que se organiza cada año, fomentar los talleres de creación y apreciación, intencionar los conjuntos artísticos integrales, y concluir las acciones constructivas en espacios necesarios para el desarrollo de la actividad cultural; contribuyendo a elevar la calidad de vida de los pobladores, añadió.
Por su parte José Antonio Agüero Zaldívar, Secretario de la Comisión Provincial de Atención al Plan Turquino, instó a elevar el compromiso con la calidad de las presentaciones, mejorar el talento artístico local que se presenta y fortalecer la comunicación en estos sitios, para que se conozca de primera mano lo que está aconteciendo en todos los ámbitos, sobre todo la cultura, uno de los pilares fundamentales de la Revolución.
Con una población aproximada de 36 mil habitantes, en un área que abarca más de dos mil kilómetros cuadrados, el Plan Turquino holguinero posee unos 105 asentamientos poblacionales ubicados entre los municipios de Cueto, Mayarí, Frank País, Sagua de Tánamo y Moa, donde la cultura se abre espacio en sitios de difícil acceso para contribuir con el esparcimiento cotidiano y el mejor nivel de vida de la familia serrana (publicado en la ACN).

Convocan al Congreso y Premio Memoria Nuestra 2022

Por Erian Peña Pupo

Fotos Archivos del CCCLaLuz 

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) y el Comité Organizador de las XXVII Romerías de Mayo convocan al Premio y Congreso Memoria Nuestra 2020, columna vertebral del Festival Mundial de Juventudes Artísticas, evento a realizarse del 3 al 7 de mayo en Holguín.

El Congreso, dedicado este año a rendir homenaje a los jóvenes revolucionarios Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, a 65 años de su asesinato en agosto de 1957, promueve la discusión sobre las identidades y culturas regionales en su más extensa acepción, a partir del debate del quehacer de los intelectuales en la sociedad actual y la presentación de los proyectos comunitarios que defiendan la vigencia de estos valores. 

Se es identidad, entre otras cosas, porque se es Memoria, asegura Norge Luis Labrada, presidente de la AHS en la provincia. De este principio parte el interés por el rescate de lo nacional y local, que nos distingue de los demás como forma eficaz de fortalecer nuestros valores, añade, y subraya que este certamen tiene como finalidad el rescate de la memoria regional, histórica y cultural, así como la detección y reconocimiento de valores endógenos que fortalecen a las naciones, en este momento de progresiva despersonalización cultural que caracteriza el escenario mundial. 

En este sentido se proponen tres líneas temáticas: “Culturas regionales e identidad”, que acogerá investigaciones sobre tradiciones, costumbres, manifestaciones artísticas, campo religioso, las realidades y retos que identifican la multiplicidad de regiones del mundo de hoy; “Experiencias comunitarias”, para la presentación de proyectos de este tipo que contribuyan al desarrollo, rescate y conservación de tradiciones en la comunidad, así como la aportación de experiencias alternativas al influjo globalizador; y “La cultura cubana en medios digitales”, que admitirá investigaciones que aborden desde diferentes puntos de vista el posicionamiento y la socialización de las singularidades y los valores culturales cubanos en espacios virtuales.

Pueden participar todos los investigadores menores de 35 años, sean miembros o no de la AHS. El plazo de entrega de las ponencias cierra este 20 de abril. Para el proceso de selección es necesario enviar una ficha con los siguientes datos: nombres y apellidos del autor, carnet de identidad, provincia, título del trabajo y resumen de ponencia de 2 a 5 cuartillas. Los resúmenes y trabajos deberán presentarse en formato 8 ½ x 11 (carta), Arial 12m justificado a 1.5 espacios entre líneas, añadió Norge. 

Un jurado de admisión decidirá los trabajos a concursar. Los autores seleccionados serán notificados 72 horas después del cierre de la convocatoria. Las ponencias completas, que no deben exceder las 20 cuartillas, se recibirán hasta el 30 de abril; y al exponer el trabajo se debe entregar una copia impresa y digital al jurado del evento. 

Este, integrado por reconocidos profesores e investigadores de varias partes del país, otorgará dos premios metálicos, uno de investigación y otro de proyecto sociocultural comunitario, así como las menciones que el mismo estime conveniente entregar. 

Además, el evento incluye conferencias y mesas diálogo, con la asistencia de participantes extranjeros invitados a otros espacios de las Romerías; así como momentos de intercambio académico y experiencias desde distintas realidades socioculturales aportadas por las diversas regiones del mundo presentes en el Festival (publicada en la web de la Uneac).

 

Nuevas piezas en el repertorio de Codanza

Por Erian Peña Pupo

Fotos Facebook de Codanza

La Compañía de Danza Contemporánea Codanza, dirigida por la maestra Maricel Godoy, trabaja en el montaje de nuevas piezas como parte de las celebraciones por su aniversario 30, entre ellas una obra del reconocido bailarín y coreógrafo George Céspedes.   

Holguinero de nacimiento y líder de la compañía Los hijos del director, Céspedes explicó que la pieza parte de un tema existencial y constituye una crítica a la sociedad y al ser humano como ente generador de conflictos. La coreografía posee música original de Alexis de la O y demanda de los bailarines en escena, cinco hombres y una mujer, un esfuerzo físico extremo, alto nivel de concentración y compromiso con el tema.

Por su fuerte carga emotiva inicialmente fue concebida para intérpretes más experimentados, cuyas vivencias debían funcionar como complemento en la interpretación de cada movimiento. “Son bailarines muy jóvenes, pero talentosos”, comentó Maricel Godoy, y añadió que luego de dos años sin bailar las capacidades físicas no han alcanzado su máximo nivel, pero en la medida en que evolucionen los ensayos crecerán tanto las físicas como las interpretativas a través de esta excelente pieza. 

Es la primera vez que George Céspedes –autor de premiadas obras como Matria  etnocentra, Mambo 3XXI y Carmina Burana, llevadas a escena por su compañía y por Danza Contemporánea de Cuba, entre otros colectivos– trabaja en una obra con Codanza, pero ya ha comprobado la fuerza, la agilidad y la destreza por la que se reconoce en el país a sus bailarines, pues los movimientos deben ser habitados y no bonitos para que llegue al espectador el mensaje del coreógrafo, añade la maestra Godoy.  

La obra pretende estrenarse en la programación del Festival Internacional de Cine de Gibara, el próximo verano. Además, en septiembre la compañía será anfitriona del Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov, que luego de dos ediciones sin poder realizarse por la Covid-19, traerá a la ciudad a importantes compañías y figuras de la danza de Cuba y de otras partes del mundo; y que este año, añadió Maricel, contará con una representación del Ballet Nacional de Cuba.

Codanza, fundada en Holguín el 25 septiembre de 1992 y considerada por la crítica especializada como una de las mejores compañías escénicas del país, ha realizado giras internacionales en países como España, México, Venezuela, Alemania, Suiza y Austria. Importantes premios de interpretación y coreografía avalan también el trabajo de Codanza, entre ellos el Premio de la Ciudad de Holguín en varias ocasiones; en el Concurso Nacional de Coreografía e Interpretación Danzandos, en Matanzas; el Concurso Nacional Solamente Solos; el Festival Internacional “Un Desierto para la Danza”, en México; y el Encuentro Internacional de Danza en Paisajes Urbanos, en La Habana (publicada en la web de la Uneac).  

 

El Lírico holguinero en estreno junto al Ballet Nacional de Cuba

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López y James Kelly (BNC)

Los próximos días 15, 16, 17, 23 y 24 de abril en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) presentará el estreno mundial de la obra «La hora novena», creación de la coreógrafa británica Gemma Bond, un ballet abstracto en el que cada movimiento está inspirado en las palabras de “La Pasión según San Mateo”

En la obra se disfrutará al bailarín en su propia creación individual, a la vez que compartirán escenario con los músicos.

La música de Johann Sebastian Bach será interpretada por la soprano Milagros de los Ángeles, la mezzosoprano Merlyn Cruz y el bajo Reinaldo Cobas, del Teatro Lírico Nacional de Cuba, así como el tenor Camilo Hijuelos, del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, el coro de Lírico holguinero y Vocal Luna.

En esta oportunidad es invitada a dirigir la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso la maestra Idalgel Marquetti.

Bond, quien participó en el ensayo de la pieza en la sede de la compañía, aseguró que «busca romper con el clasicismo del ballet» desde el rescate de la música del compositor alemán Johann Sebastian Bach.

«La hora novena» es un ballet abstracto interpretado por cinco parejas de bailarines con movimientos creados desde las palabras de la obra», aseguró la joven que ha montado obras para el American Ballet Theatre de Nueva York y otras prestigiosas compañías.

Bond resaltó también la calidad técnica de los miembros del BNC y expresó sentir «orgullo» de montar una pieza para la emblemática institución cubana.

A su vez, el profesor James Kelly propone «Sinfonía para nueve hombres», montada previamente por el BNC en 2004; y la obra de la cubana Ely Regina («La forma de rojo») como parte del programa cultural.

Reconocida entre las mejores compañías de ballet clásico del mundo, el BNC debutó el 28 de octubre de 1948 bajo el nombre de su directora, Alicia Alonso, que lo fundó junto a su entonces esposo Fernando Alonso y su cuñado Alberto Alonso, ambos nombres imprescindibles en la danza cubana.

En 2018, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por ser «máxima expresión de la escuela cubana de ballet», condición extendida al repertorio de la compañía, su archivo de imágenes, los objetos y documentos relacionados con la institución.

 

 

Convocan a XXIX edición de las Romerías de Mayo 

 

 

 

Por Erian Peña Pupo

Fotos Archivos CCCLaLuz 

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la Dirección Provincial de Cultura en Holguín y su sistema de instituciones, convocan a la XXIX edición de las Romerías de Mayo, Festival Mundial de Juventudes Artísticas, que regresa a escenarios presenciales del 2 al 8 de mayo. 

Luego de dos años de complementar las actividades en las plataformas digitales y los medios de comunicaciones –el primer año de forma íntegra, y el pasado, alternándolas–, las Romerías de Mayo regresan a las calles, parques, plazas e instituciones de la ciudad de Holguín. Para ello los organizadores invitan a participar a músicos, actores, realizadores audiovisuales, investigadores, bailarines, escritores, pintores y promotores culturales, y celebrar de esa forma “esta fiesta de tradición y modernidad desde la Ciudad Cubana de los Parques, convertida cada en año en la plaza del arte joven en Cuba”, asegura Norge Luis Labrada, presidente de la AHS en la provincia.

Esta XXIX edición estará dedicada a los jóvenes y la paz de los pueblos, además de recordar el aniversario 65 del asesinato de los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca. Y se sumarán a las celebraciones por los 25 años de la Cervecería Bucanero, empresa que ha acompañado al evento y ha influido en el desarrollo sociocultural del país. 

La premisa que defiende cada año el Festival de las Juventudes Artísticas es fundir tradición y modernidad en defensa de los valores culturales e identitarios de nuestros pueblos, pues, como asegura la premisa “No hay hoy sin ayer”, idea que defiende la AHS, organización anfitriona de este evento multicultural de arte joven, enfatizó Norge Luis.

Para ello se articulan los distintos espacios que hacen de las Romerías un gran evento, como el Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, columna vertebral de la cita, que se dedicará a la investigación y reflexión como plataforma de descolonización y confluencias identitarias; Cámara Azul, para las proyecciones cinematográficas y el debate entre realizadores, dedicado a la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural local a través del audiovisual; la Fiesta de los Abrazos, con la presencia de estudiantes de múltiples latitudes; Babel, como escenario para las artes visuales, intervenciones públicas y performances; y Palabras Compartidas, El Angelote y Poetas del Mundo, como los espacios abiertos a la literatura de nuestros pueblos. Además, añadió, llegarán a esta oriental provincia la danza, el teatro en paisajes urbanos, conciertos de rock, jazz, trova, fusión, entre otros muchos géneros para el disfrute de todos los públicos.

Los debates sobre la universalidad de nuestras culturas regionales, el homenaje a padres fundadores, la interrelación entre las artes y las generaciones, así como los ejercicios más experimentales y de vanguardia, tendrán cita estos días, precisó Norge Luis.

Creada en 1992 por Alexis Triana, las Romerías de Mayo convierten a Holguín en capital del arte joven y espacio de diversidad multicultural por excelencia, con la presencia de promotores culturales y artistas de diversas manifestaciones que, desde varios puntos del planeta, encuentran en el intercambio cultural un vehículo para la paz (publicado originalmente en La Jiribilla).

 

La crítica cultural en Cuba, ¿para qué sirve el horizonte? 

Por Erian Peña Pupo

Texto leído como parte del Coloquio sobre arte holguinero, realizado por el Centro Provincial de Arte el 4 de abril de 2022.

ERNESTO: –Pero… ¿es realmente la crítica un arte creador?
GILBERTO: – ¿Por qué no habría de serlo? Trabaja con materiales y los pone dentro
de una forma a un tiempo nueva y deleitosa. (…) En realidad, yo llamaría a la crítica
una creación dentro de una creación.
Oscar Wilde

“Criticar es amar”, ese axioma martiano que tantas veces hemos usado para referirnos al ejercicio de la crítica en nuestros medios de prensa y su ineludible necesidad, está antecedido por otro igual de atractivo: “Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella”. Ambas cuestiones –señalar con noble intento y desvanecer con mano piadosa la sombra–, resultan baluartes necesarios en el acto de la crítica. 

Cuando pienso en la crítica cultural en Cuba en este momento, su estado y limitantes, me surgen, inevitablemente, más preguntas que respuestas. Más inquietudes que certezas. En una entrevista realizada en 2009, el narrador y dramaturgo Abilio Estévez comentaba: “Hace tiempo que no leo a ningún crítico cubano. (…) Y a propósito, ¿hay críticos cubanos?”. Aunque algo apocalíptica, la opinión de Abilio, de alguna manera existente también en parte del sector intelectual cubano, denota los vacíos y necesidad de un ejercicio crítico en el periodismo contemporáneo nacional, sobre todo el relacionado con las temáticas artístico-literarias. A pesar, incluso, de que la existencia de un pensamiento crítico en los medios de prensa en Cuba, y el estado de la crítica artística per se, han sido ejes de atención en diferentes congresos y eventos donde se estipula la política cultural e informativa del país, subrayando el papel esencial de la crítica artístico-literaria en la formación de la jerarquía y el gusto popular.

Pero todo tiene aquí su origen. En primer lugar está la Academia y sus programas docentes, donde muchas asignaturas que pueden tributar, primero a la formación de una conciencia crítica hacia la cultura y luego a pertrecharse de ciertas herramientas necesarias para ejercerla, son consideradas ancilares (género “ancilar” llamaba a la crítica el mexicano Alfonso Reyes). O sea, secundarias, no importantes, no necesarias, muy por debajo de las asignaturas propias de la carrera, a punto de existir algún reajuste en el plan docente serían las primeras en “irse”. 

Lo otro: vocación. Soy de los que cree en la importancia de la vocación y la preparación personal como antesala del ejercicio del buen periodista cultural, máxime de la crítica de arte. La Academia te puede dar estrictas referencias, las apoyaturas, pero la gestación individual es indispensable. No se puede escribir de cine, literatura, teatro, ballet… sin ir a las salas, a las galerías… Sin leer textos teóricos, sin imbuirse, de alguna manera, en los entramados del arte. 

Pongamos un ejemplo: Te gradúas sin mostrar ningún interés en la cultura. Desconoces el nombre de las compañías de teatro, danza, de los escritores o artistas visuales de tu ciudad… Jamás pisaste un teatro, ni escribiste del tema. Y al llegar al medio luego de graduado, por casualidad está vacante la “plaza de cultura”, por lo que la pasas a integrar y al tiempo ya eres “periodista especializado en cultura”. Es cierto, ya te aprendiste los nombres de las compañías de teatro y danza y de sus directores, ya sabes quiénes son los escritores y los pintores aunque no seas capaz de diferenciar un cuadro de un artista de otro… Un día te “atreves” y comentas alguna puesta, crees que ha escrito una crítica y se agudizan los problemas que venían desde antes. Entonces pululan los “maestros”, se van a la borda las jerarquías artísticas y todas las obras pasan a ser “maravillosas” y “excelentes”, por juicios determinados más bien por la cantidad de aplausos, los comentarios de pasillo o la opinión de algún entrevistado (el mismo artista). Eso sin hablar de las “facilidades” para la opinión que da Internet y sus “corta y pega” desmesurados, mucho más difíciles de detectar en la inmediatez que genera la televisión y la radio. 

Creo también que en muchos de nuestros medios no se “vuelve” sobre el hecho. Ya sea por la dinámica del mismo, el espacio de un periódico semanal donde volver luego de una semana al suceso ya no es de interés, o la propia preparación. Nos acostumbramos a ir a la conferencia de prensa o bien al ensayo, entrevistamos al director de tal obra y sobre estas impresiones escribimos una nota o bien una entrevista, casi siempre encomiástica. Luego sucede la función y la decepción invade al público, pero no se vuelve, no se retorna ni aunque la obra haya sido un éxito. Ya pasó y el público puede salir del teatro creyendo que vio la mejor puesta de su vida. Ese volver sobre el hecho artístico es tan necesario como ausente en mucha de nuestra prensa. 

Además están los medios y sus rutinas, todo enhebrándose en un complejo mapa problémico capaz de lastrar el ejercicio de la crítica de arte. Muchas veces se tilda –aun a estas alturas– el periodismo cultural como algo “fácil”, “bonito”, que no lleva tanta preparación, si al final una nota informativa o una entrevista “la hace cualquiera”. Es una visión reduccionista y empobrecedora. Por otra parte muchas de las normas por las que rigen su trabajo varios medios imposibilitan al periodista, aun con interés, de realizar este tipo de entregas. Aunque lo cierto es que no todos pueden ejercer bien el periodista cultural y aun así, ya ejerciéndolo, no todos pueden realizar la necesaria crítica artístico-literaria, por bueno que sean en la profesión.  

Acabamos –y no sé hasta cuándo vamos a seguir arrastrando esto– confundiendo sectorización con especialización. Quien “atiende” cultura –en varios medios más de una persona– no es un periodista especializado en cultura. El hecho de escribir para una página o sección cultural no te hace con conocimientos especializados, de la noche a la mañana, de un tema tan complejo y abarcador como la cultura, esa que para Graziella Pogolotti “engloba saberes, tradiciones, costumbres, modalidades de trabajo, la recreación, el deporte, la práctica de los oficios. La ciencia, la historia documentada y la memoria viva forman parte de la cultura. Transformada por la mano del hombre, la naturaleza y su modo de contemplarla, agredirla o preservarla, llega a constituirse en parte de la cultura. A través de ella se ha construido lo que somos, se ha modelado nuestra sensibilidad, nuestras formas de convivencia, nuestros valores”. Pero aun en muchos de nuestros medios no acaban de verlo así. 

Son términos totalmente diferentes y el último suele ser abarcadoramente complejo. En el periodismo contemporáneo, la variedad de temáticas y flujos informativos, la selectividad y exigencia del contenido por parte de las audiencias, ha hecho de la especialización periodística una fórmula capaz de ofrecer un producto más interpretativo, profundo y analítico del hecho y sus mediaciones. Específicamente, en el camino del “generalismo” a la especialización, el periodismo cultural y su amplio diapasón crítico, del que se ramifica la crítica artístico-literaria, ocupa un lugar preponderante en la especialización de la prensa actual. Esta, a diferencia del periodismo diarista y netamente informativo, se propone explicar e interpretar (analizar y evaluar) la realidad con la utilización de herramientas más profundas y analíticas. Es asimismo interpretación y sustentación de criterios sobre un determinado tema, en este caso artístico-literarios. Y como escribió Cintio Vitier, es también “en principio, dos cosas: iluminación de la obra desde la obra misma, y, después, toma de partido frente a ella”. 

Para Kant, criticar significaba pensar, razonar, poner toda teoría o pensamiento en tela de juicio. Pensar era juzgar; la crítica por tanto es una actitud activa en la conformación de las ideas. 

La mayoría de los investigadores concuerdan que la crítica traza y delimita sus rasgos característicos en el periodismo especializado: presentan contextualización, lo que se evidencia mediante la utilización de conceptos y categorías propias de la especialización periodística; son textos donde la actitud evaluativa y la opinión de los autores se desarrollan a través de una redacción coherente, con equilibrio entre el lenguaje periodístico y el científico; el uso de bibliografía pasiva y de publicaciones seriadas como fuentes documentales de información; y el empleo de un lenguaje y estilo en los textos, directamente imbricado con las características de la redacción periodística especializada. Estas características resumen lo que Octavio Paz define como “pasión crítica” y Rufo Caballero como “poéticas críticas” en el discurso creado desde el ejercicio del periodismo en nuestros medios.

Muchos creen, además, que la crítica de arte debe ser prioridad y terreno casi absoluto de los medios especializados, sin observar la necesidad de interpretación que demanda el periodismo contemporáneo. Esta es una manera de subestimar, a estas alturas del partido, al público. ¿Dónde quedan los medios que son “consumidos” por una gran mayoría del público? ¿La televisión y la radio, con su amplia parrilla de programas capaz de llegar a los lugares más intrincados de la geografía nacional, incluso con un amplio perfil comunitario, no son por tanto medios idóneos para el ejercicio de la crítica de arte? Aún más cuando nuestros medios se debaten en el ruedo con el bombardeo de otras formas de consumo de información capaces de asignar categorías o legitimar artistas o seudo-artistas en el imaginario popular cubano. 

Formar un receptor inteligente, capaz de consumir cultura críticamente, constituye una de las prioridades en cualquier tipo de empeño político y cultural, aparejado a un hecho del que, desde los inicios de la década del 2000, alertaba mi admirado Rufo Caballero: “En Cuba tenemos buenos críticos, pero no hay una crítica como sistema, sólida”. Realicé mi tesis de licenciatura en Periodismo en la Universidad de Holguín precisamente sobre la crítica literaria en las páginas de La Gaceta de Cuba, en un arco que iba desde el periodismo cultural hasta la especialización y de ahí a la crítica, para estudiar una revista paradigmática entre las de su tipo. 

Sería la misma revista quien, alarmada ante los derroteros de la crítica cubana, especialmente la literaria, realizara entre julio de 1969 y mayo de 1970, poco después de fundada, una encuesta a importantes escritores e investigadores cubanos bajo el título “Sobre la crítica”. Tiempo después, en los albores del reciente siglo, La Gaceta de Cuba llamaría a una serie de investigadores y críticos a conformar un dosier bajo el título “Estaciones de la crítica cubana”. Los temas y las preocupaciones seguían siendo casi los mismos de la encuesta inicial. Treinta años después, las estaciones demostraban, solo con pequeños cambios, seguir siendo cíclicas. Si la realizamos hoy, veinte años después de esta última, comprobamos que la situación sigue igual. 

Varias cuestiones han salido al banquillo: pasión, compromiso, responsabilidad, honestidad y preparación. Y otra preguntas también: ¿Lo ideal es preparar al periodista, mediante cursos, posgrados, otras vías de superación, o que el especialista tome la rienda de nuestros medios? ¿Cómo ven los artistas al periodista cultural? ¿Y al crítico? ¿Es la crítica un “género parásito”? El periodista, al carecer de muchas (muchísimas) herramientas académicas luego de graduado, está en franca desventaja con los especialistas de determinadas expresiones artísticas. Historia del Arte, Musicología, Teatrología, Filología, los recientes estudios de Danzología, entre otras, pertrechan a los graduados de estas carreras de conocimientos que no posee el periodista a la hora de realizar un abordaje crítico y que solo podrá tenerlos mediante vías de superación gestionadas por el medio o su interés (aquí la auto-superación siempre debe primar). Por otra parte, muchos especialistas no poseen las competencias –escriturales, comunicativas– a la hora de ejercer el criterio. “Hay periodistas que ejercen un criterio artístico con autoridad y hay especialistas con un gran poder de comunicación. Y los hay que ni lo uno ni lo otro. Lo principal es el conocimiento y las estrategias para adquirirlo, sean estas personales o institucionales”, me comentaba recientemente Reinaldo Cedeño Pineda, a propósito del Premio Nacional de Periodismo Cultura José Antonio Fernández de Castro. Como vemos no hay nada nuevo en la viña del Señor, pero sí mucha tela por donde cortar. 

“No se enseña, no se aprende. Le acomoda la denominación romántica heroica: es acto del genio. No todos la alcanzan. Ni todo es impresionismo, ni todo es método”, añadiría Alfonso Reyes.

De todas formas “el estigma” que muchos creadores han endilgado al periodismo –y muchas veces con la razón que los propios comentarios y “ejercicios críticos” les ofrecen– solo se supera con mucho de lo que hemos comentado: compromiso, responsabilidad y preparación. Hay sus excepciones claro. Por suerte –y por méritos y constancia, claro– nuestra crítica cuenta con firmas de respeto. Pero todavía seguimos haciendo camino al andar, como diría Antonio Machado y confirmaría después Serrat. Sería José Martí –volveremos siempre a él– quien definió paradigmáticamente a la crítica como “el ejercicio del criterio”. Y como el horizonte de una de las historias de Eduardo Galeano, ese ejercicio nos permite persistir y crecer.

 

Jugando con recepciones, imaginaciones y secretos bajo la luna

 

Por José Rojas Bez

Fotos Facebook de La Chimenea

Cuando hay inventiva y sensibilidad, hay siempre buenas posibilidades para el teatro, y para todo arte, sin necesidad de contar con grandes recursos escénicos ni actorales. Por supuesto, aquí “grandes” se refiere a cantidad porque “grandes” en calidad si han de ser, no pueden escasear.

Bastan dos o incluso un actor, algún pequeño escenario, algunos pocos “mecanismos” (muñeca, fuente con agua, algodón…) y, eso sí es imprescindible, una considerable dosis de imaginación y creatividad para lograr una auténtica “obra escénica”.

Lo de “obra escénica” es un concepto que también hay que remarcar como susceptible (y conveniente) de consideración en su más amplio sentido, porque claro que en Secretos bajo la luna, del grupo La Chimenea, hay “escenario” (basta que haya un actor, es decir, un ser en movimiento dirigido a la expectación para que haya espacio escénico, creado por este mismo ser) aunque no el escenario de la más tradicional edificación teatral.

Con imaginación, basta un pequeño rincón para un complejo escenario de danza y riesgosas contorsiones nocturnas, y otro pequeño, al fondo, para los auxilios convenientes. 

También está, ya mencionado, el factor “espectador”, porque toda obra teatral (toda obra escénica y, en fin, toda obra de cualquier arte o espectáculo) quiere tener espectadores y, como se sabe, al menos una mayoría de ellas quiere muchos espectadores, si es posible una ingente cantidad de espectadores en cada momento; pero muy pocas son las que, como esta, más que simplemente conformarse, quieren… y les conviene tener… un solo espectador.

Cuenta mucho la calidad de este receptor; no ya que sea buena o mala calidad como tal, no hay por qué enjuiciarla y catalogarla, sino sus diversas posibilidades, “calidad” como sinónimo de “cualidad”, es decir de modalidad porque se exige y juega bien con las perspectivas y distinciones con que el “espectador” asuma lo que muestra “el escenario”.

Economía de recursos, pequeño y nada convencional escenario, soledad del espectador y perspectiva de recepción, entre otros factores donde importan mucho la música y las luces; todo ello aparece muy bien confabulado bajo la dirección artística de Heidy Almarales. 

Como quiera que se asuma, o sea, cualquier clase de receptor y cualquier perspectiva de recepción (incluso una variable u oscilante en cada momento); el espectador llegará a ofrecerse como “participante” de un espectáculo que puede muy bien asumir como el espacio personal de una danza erótica desde una barra a una piscina, pecera o un lago según imaginaciones (y el nivel de erotomanía y necesidades) o como un juego irónico y burlesco (no nos atrevemos a llegar hasta la enunciación de lo “farsesco”, aunque no impugnaríamos a otro que lo hiciese) de tales clases de “distracciones y placeres”, nivel de suave y sutil comicidad que depende, por supuesto, del humor del espectador particular.

También puede recepcionarse, como se hace con el guiñol o las marionetas, con el doble juego, doble perspectiva de muñeca y personaje: la excelencia del medio–muñeca y la excelencia del personaje construido. 

De cualquier manera el resultado es placentero, ya sea que el espectador asuma irónicamente la sensual y atrevida danza de una muñeca vicaria (y la esbelta e impresionante figura de quien la manipula) o ya sea que el espectador (u otro espectador) se transporte e imagine en un erótico salón, aspirante a ulteriores servicios ya nada “espectatoriales”. 

Para ambas recepciones cuenta también como auxiliar el “vino”, estimulante de sentidos y recordatorio de lugares, porque cualquiera de los espectadores podrá disfrutar, no como simple espectador sino como espectador–participante una copa en la mano para algunos sorbos de vino. 

Sobraría decir, dígase de todos modos, que tal clase de propuestas implica no solo la buena manipulación de los “artefactos” mencionados, sino también de las luces adecuadas y una canción que favorezca tanto a la atmósfera general de la “representación” como, muy en particular, los movimientos de la bailarina. Jazz, blue, blue-jazz… “Sky Criyng” de Coleman es idónea.

Haber visto Secretos bajo la luna significa el disfrute de una propuesta creativa que ha sabido realizarse con precisión y buen juicio, manejando elementos mínimos pero altamente sugestivos, capaz de mover diferentes ánimos valiendo para cada uno de ellos y siempre favorecedora del suave placer propugnado por la poética horaciana, mejor que la chabacana risotada de empresas menos refinadas.

Cinco minutos de canción, cinco minutos de vino, cinco minutos de bailarina sensual, cinco minutos de introspección sobre uno mismo, cinco minutos de humor o ironía, cinco minutos de admiración por el juego ofrecido a vista, oídos y gusto, cinco minutos de participación… significan un completo juego y rejuego que, inspirado y realizado mediante el teatro, alcanza más allá del teatro estrechamente entendido. 

 

Una renovada Comedia a la antigua

Por José Rojas Bez

Fotos Wilker López

A partir de una pieza teatral de Aleksei Arbuzov, el grupo santiaguero Teatro A dos manos propone situaciones dramáticas, personajes, acciones y conflictos arraigados en la tradición escénica que, desarrollada desde el siglo XIX y básicamente apoyada en la dramaturgia stanislavskiana, ha sabido recorrer los siglos con éxito. 

Reconocemos no haber tenido nunca la oportunidad de sentarnos ante la puesta en escena de una obra de Arbuzov, manteniendo solo nociones referenciales de este autor. Sí hemos tenido la buena suerte de hacerlo ante obras de Chéjov, diversas y con montajes asimismo muy variados (además, por supuesto, de las que nos ha ofrecido el cine que, claro, no es lo mismo). 

No sabemos en qué medida exacta Chéjov influyó en Arbuzov, aunque no cabe duda de que la huella chejoviana ha impregnado todo el escenario ruso que le sucedió. No solo el ruso, sino el de todo el mundo. Y, además, también se conoce el gran prestigio y el perenne regusto que Chéjov ha hallado siempre entre cubanos, entre los teatristas y los cinéfilos (aunque se vuelve a decir que no es lo mismo). No queda al margen, para nada, todo lo contrario, también el regusto e influjo por la cuentística chejoviana.

Todo ello hace que nada extrañe el sabor chejoviano de la puesta en escena de Comedia a la antigua, dirigida y con adaptación textual a manos de Nelson Acevedo y actuada por Dagoberto Gaínza y Nancy Campos. Pensamos en muchas obras, incluyendo Tío Vania, pero más aún en La Gaviota y la cuentística de este autor, La dama del perrito, por ejemplo.

Los comentarios sobre Arbuzov y Chejov son, en este caso, más bien circunstanciales y motivadores para otras reflexiones, quizás aquellas interesadas en autores, influjos entre ellos, adaptaciones y vaivenes entre una u otro obra. 

Lo que nos interesa comentar aquí se centra en el mundo de imágenes escénicas que se produce, de hecho, en nuestra expectación de esta puesta en escena muy concreta; y, aunque seguimos manteniendo el comentario sobre su sabor chejoviano, lo hacemos para recalcar precisamente eso que Chéjov tiene de universal, en tiempo y espacio –su mundo de personajes, sentimientos, situaciones y desenlaces o no desenlaces, tan lleno de matices e impresiones conceptuales y sensoriales–; ese influjo del cual, más bien que renegar, cualquier dramaturgo puede sentirse orgulloso siempre que sepa recrearlo, renovarlo, hacerlo auténticamente propio también, como ocurre ahora con este ofrecimiento del grupo Teatro A dos manos.

No cabe duda de las –una vez más luego de miles– excelentes actuaciones de Gaínza y Nancy, capaces de construir con la mayor precisión y sugestividad sus personajes. En alguna medida también, aunque ya no tanto –le llevará aún algún tiempo alcanzarlos, si lo quiere así– la de Nelson Acevedo, cuyas intervenciones como narrador- introductor e irrupciones esporádicas en similar función, incluyendo la de cantor, resultan en verdad eficaces y bien concebidas, conceptual y enriquecedoras de una dramaturgia que, sin dejar de ser básicamente stanislavskiana hace muy buenos guiños a dramaturgias del siglo XX, como la más irónica del absurdo. 

Una fábula de conocimiento, descubrimientos y amor entre dos seres maduros, hombres y mujer ya entrados en años y llenos tanto de frustraciones como de sentimientos y necesidades afectivas; atrae por su calidez y autenticidad. Una historia de auto-descubrimiento, descubrimiento del otro, confesiones de debilidades que serán superadas, así como de florecimiento de lo más noble de cada uno y nacimiento de amor; se desenvuelve con eficaz ligereza y gracia a pesar de cuan tormentosas pudiesen ser las emociones imbricadas.

Por ello hay que elogiar el logro de un idóneo ajuste de lo cómico, de esa suave comicidad, quizá más a menudo ironía, que se sostiene de principio a fin.

Sin duda, la pieza ha sido bien concebida y realizada, no solo en cuanto se refiere a fabulación y actuaciones, incluyendo su estructuración con intervención tercera del referido narrador y cantor desde fuera y desde dentro del escenario; también en la labor de vestuario, maquillaje, de general caracterización –en el mismo juego de transformaciones y pérdidas de velámenes– donde las luces y la escenografía se conjugan muy bien a favor de la totalidad de la imagen escénica.

Al final, Comedia a la antigua ha ofrecido una excelente fábula tan actual como antigua –los seres humanos de ayer y hoy–, de interioridades conflictivas y nuevas esperanzas, de transformaciones hacia el amor y la autenticidad, de justa comicidad moduladora de frustraciones y anhelos, de romántica y moderna ironía, con actuaciones francamente disfrutables y siempre bien logradas imágenes teatrales. 

Donde hay títeres no hay fantasmas. A 50 años del Teatro Guiñol de Holguín


Por Erian Peña Pupo
Fotos Carlos Rafael y Archivos

En la calle Martí, justo en uno de los laterales del
Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, tiene su sede el Teatro Guiñol de Holguín, compañía que celebra en este 2022
su aniversario 50 en pos del desarrollo del arte titiritero y
sus expresiones en la provincia y el país.
Antecedentes…
Los orígenes del Guiñol holguinero se relacionan con
los antecedentes inmediatos de esta manifestación en la
provincia, no tan fecunda en el arte del títere como otras,
pero sí necesaria a la hora de historiar el panorama
teatral cubano y sus múltiples convergencias. A lo largo
del siglo XIX e inicios del XX, en las ciudades de Holguín
y Gibara, sobre todo, eran comunes las representaciones
teatrales y musicales, en cines y teatros como el “Wenceslao
Infante” y el Teatro Colonial de Gibara, de zarzuelas,
operetas, vodevil, danza…
Respecto al arte titiritero, uno de los primeros referentes
conocidos es el quehacer del gibareño Modesto Centeno
(1913-1985), quien realizó la adaptación del cuento popular La Caperucita Roja en 1943, gracias a un concurso
efectuado en la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL). Tiempo después,
una de las figuras tutelares de esta manifestación artística
en Cuba, Pepe Carril –nacido en el central Preston, Mayarí, en 1930– crea en el propio poblado holguinero, el
Teatro de Muñecos de Oriente, en 1952. Luego Carril
sería uno de los fundadores en 1963 del Teatro Guiñol
Nacional, junto a los hermanos Camejo (Carucha, Bertha
y Pepe) y el joven Armando Morales, director de ese
colectivo hasta su reciente fallecimiento (La historia de
Carril y los Camejo difuminada en el tiempo y en consiguientes periodos, ha sido rescatada gracias al trabajo de
creadores como Norge Espinoza, Rubén Darío Salazar y el
propio Morales).

No fue hasta inicios de 1959 cuando comienza a gestarse
en la ciudad de Holguín la idea de hacer teatro para niños
con el títere, y sus diversos formatos y estéticas, como
protagonista.

Nacimiento: las luces del día del Teatro Yarabey
El 17 de mayo de 1959 los hermanos Arturo y Carlos Ricardo fundaron el Teatro de títeres para niños Yarabey –en voz aborigen “luz
del día”–, creando así la primera compañía teatral que se gesta
después del triunfo revolucionario en la ciudad y pilar del actual
Guiñol de Holguín. Aunque hoy no se encuentra en activo por problemas de salud, Arturo Ricardo, uno de los fundadores del entonces
Teatro Yarabey, cuenta con más de 37 años dedicados al arte de los
títeres en la provincia, una impronta que no ha sido estudiada y que
se va perdiendo, inexorablemente, con el paso del tiempo: “El Guiñol
de Holguín se funda por iniciativa del director de Cultura, Silvio Grave
de Peralta. Después del triunfo de la Revolución inician las primeras
actividades culturales, entonces mi hermano y yo nos presentamos, y
allí hicimos imitaciones de voces, humor teatral, y otras cosas. A Silvio
le interesó mucho las voces que hacíamos, voces de niños, viejos,
animales… que formaba parte de un programa que teníamos montado.
Entonces nos dijo que él tenía pensado crear un proyecto y ya que
nosotros teníamos esas cualidades de hacer voces podríamos hacerlo…
Nos dijo que crearía un teatro de títeres para los niños, pues aquí no
había nada parecido, solo el cine con las películas de Tarzán y otras
más de entonces”, comenta Ricardo.

Lo que hoy conocemos como Teatro Guiñol de Holguín sufre por
largos años las mudanzas y fusiones con otros proyectos de la provincia. En la aun inédita cronología cultural de Holguín, realizada por
el investigador Zenovio Hernández, se sitúa la culminación del primer
curso de Instrucción del Teatro el 4 de noviembre de 1963, y además,
refiere del inicio del cursillo de teatro de títeres impartido por Arturo
y Carlos Ricardo, el 4 de abril de 1964, en los estudios de la emisora provincial CMKO Radio Angulo. Los hermanos Ricardo se mantienen
trabajando solos en Yarabey hasta 1965, cuando incorporan alumnos
de secundaria básica y forman una brigada artística que actuaba dentro y fuera de la ciudad. Con esta brigada montaron obras de payasos,
cuentos con muñecos y actores con máscaras: Las bodas del ratón
Pirulero, La bruja que no era bruja y El hacha de oro.
Desde 1972 –fecha que marca el aniversario del Guiñol pues pasa a
la categoría profesional– hasta 1983, asumió la dirección Felipe
Betancourt del Río, quien contribuyó notablemente a la preparación
del elenco, cuestión que conllevó a la calidad artística de muchas de
las obras: Para reír y aprender, Lo que nos cuenta Din Don, La
paloma Blanquiperla, Un día en el zoológico, De cómo la astucia
venció al perro jíbaro, Las tres semillas, El conejo valiente, Armandito
y las vacaciones, El rey del corral, Felo Jutía y El perro burlón.
En 1983, tras el fallecimiento de Betancourt, la dirección del Guiñol
pasó por un período inestable hasta 1991: Alejandro Hiralda, Armando
Vielza, Rubén Mulet, Gilberto Gil y Marisela Espinosa, estuvieron al
frente de la compañía en una época donde el teatro de títeres en Cuba
se caracterizó por su marcado carácter didáctico y el reflejo de matices
sociales, apoyado en adaptaciones de cuentos populares clásicos e historias cubanas, ubicadas, en su mayoría, en la campiña insular y sus
delimitaciones. En esta nueva etapa presentan obras como Quién
puede más, El conejito Blas, El pájaro feo, La cucarachita Martina,
El cocodrilo Tato, El caballito enano, Pedro y el Lobo, Un día en el
teatro (Premio en guion en el I Encuentro Nacional de Guionistas de
Espectáculos Infantiles, en 1986), El león hambriento y El chivo
patijovero coliamarillo, obra que obtuvo el Premio en la categoría de
música en el Encuentro Territorial Profesional de Teatro Infantil, en
Ciego de Ávila, 1983, por el trabajo de Maricela Miranda, asesora
musical del Guiñol desde 1982 hasta 2013.

Años de esplendor, la estética de Miguel Santiesteban
En 1992 asumió la dirección del grupo, por breve tiempo, la instructora de arte Grecia Lemus, y luego Marisela Espinosa hasta 1993,
año en que el grupo se fusionó con Talismán, dirigido por Ángel Cruz.
Ambos elencos acuerdan que Talismán sería un proyecto dentro del grupo
fundacional; luego continúan trabajando con el nombre de Girasol.
En esta etapa representaron piezas que caracterizarían nacionalmente
el trabajo del Guiñol de Holguín: La Caperucita criolla, dirigidas por
Ángel Cruz; Pelusín frutero, Un rayito de sol, La calle de los fantasmas, La muñeca de trapo y El sol negro, dirigidos por Miriam
Suárez, pieza que obtuviera en 1997 el Premio de la Ciudad de Holguín
en Teatro en mano de los actores Marisela Espinosa y Mario Brito; y
Los sueños de Verdolina, unipersonal de Marisela Espinosa, Premio de
la Ciudad 1999 en actuación femenina, entre otras.
En 1998 asume la dirección artística Miguel Santiesteban, hasta el
21 de marzo de 2012, fecha de su fallecimiento. Bajo su dirección se
abren nuevos y amplios horizontes en el teatro de títeres en Holguín,
imprimiéndole mayor fuerza profesional con la línea espectacular y el trabajo con esperpentos en calles y teatros. Así se pusieron en escena
obras clásicas en el repertorio del Guiñol: La cucarachita Martina,
Historia de una muñeca abandonada (Premio de la Ciudad 2000, en
actuación femenina, a Magali Mola), Sancho Panza en la Ínsula Barataria, obra del español Alejandro Casona, Espantajo y los pájaros,
El chivo patijovero coliamarillo, El majá de Santa Manigua, El Conejito Blas, Las tres semillas, Galápagos, del holguinero radicado en
México Salvador Lemis (Gran Premio del Festival de Teatro Máscaras
de Caoba 2008, y Premio de la Ciudad 2009 en actuación femenina a
Dania Agüero), El Ogrito, de la canadiense Suzanne Lebeau, y La
calle de los fantasmas, del argentino Javier Villafañe (1909-1996).
Quizá sea esta la obra más premiada del colectivo holguinero: Premio
de la Ciudad 2002 en manipulación; Premios Avellaneda en actuación
masculina y femenina, a Dania Agüero y Jorge del Valle, respectivamente, y en diseño a Karel Maldonado, en el Festival Nacional de
Teatro de Camagüey, en 2002. Además, el Premio Caricato 2003 en
actuación masculina y femenina, a los mencionados actores y los
Premios en el Festival de Teatro para niños y jóvenes (Guanabacoa,
2003) en manipulación colectiva, música y diseño, así como los premios especiales de la revista Tablas, de la Unión Nacional de la
Marioneta (Unima) y de la Asociación Internacional de Teatro para la
Infancia y la Juventud (ASSITEJ). Por estos años el Guiñol realiza,
además, una gira por México donde muestra parte de su repertorio.
Según Martha Proenza, actriz del antiguo bloque dramático del ICRT
en Holguín y miembro del Guiñol desde 1982: “El problema recurrente
que impedía una mejor concepción ideoestética del colectivo, recaía
en que ninguno de los que habían dirigido espectáculos en aquella
etapa eran egresados de escuela, sin formación académica. Se viene a concretar un cambio positivo cuando dirige Miguel Santisteban y con los
diseños de Karel Maldonado. Una estética más encaminada a la calle
y al público todo que lo potencia”.
Cuenta, por su parte, la actriz Dania Agüero Cruz, hasta hace poco
directora del Teatro Guiñol de Holguín, que cuando ella se incorporaa trabajar en 1999, se acerca al experimentado Armando Vielza, actor, director, clown y realizador de sonidos en la radio: “Enseguida me
acerqué a él para tratar de alimentarme de su experiencia y tratar de
aprender. Armando Vielza cuenta, además, con un carisma especial
para el clown. Su payaso era el auténtico payaso de circo. Un payaso
diferente al que nosotros tuvimos como línea de trabajo. Desarrollaba
situaciones, dentro de otras situaciones, y ahí armaba su historia”.
De aquellas propuestas comenta Vielza: “Lo espectacular primaba
en nuestros montajes, así como el espectáculo de calle y la luz negra
como líneas ideoestéticas. Dejamos de usar los títeres atrezados, y
adoptamos a los títeres de telas rellenos con polietileno o esponja”.
Añade que en el proceso creativo de Santiesteban, “la creación colectiva marcó la línea de dirección del grupo; Miguel seleccionaba las
mejores ideas y las ponía en función de su idea como director. Él introdujo la espectacularidad y se amplió el uso del esperpento en espacios abiertos, la luz negra, con el uso de los títeres de piso, asesorados por mí. Maricela Miranda, Maricela Espinosa, Martha Proenza,
continuaron con nosotros. Al paso de los años se incorporan nuevos
actores y actrices: Dania Agüero, Migdalia Albear Camejo, Roberto
Cera, Yuder Ortega, entre otros más, que llegaron después que salí del
colectivo”.


Al respecto contó Armando Morales, Premio Nacional de Teatro,
cuando visitó Holguín invitado a la Fiesta del Títere, organizada por
el Guiñol: “Yo recuerdo que una vez fui jurado del Premio de la Ciudad
en Teatro, y en el aspecto del teatro para niños y de títeres se le dio el
Premio a Maricela Espinosa, que era una actriz de primer nivel.
Después, con la renovación y la llegada de Miguelito Santiesteban,
que fue alumno mío en el Isa, los espectáculos que montó en el Guiñol,
con la imagen de Karel Maldonado, uno de los grandes diseñadores
del teatro de figuras, aunque no se diga, llevaron a esa especialización
que es el teatro de figuras, a un momento de gran envergadura para el
arte y la cultura teatral, sobre todo la cultura que tiene que ver con el
títere”.
El extraño caso…
Tras el fallecimiento de Miguel en 2012, el Guiñol continúa trabajando en la puesta en escena que el director dejara adelantada: así
se estrena Ruandi, obra del dramaturgo Gerardo Fulleda León, como homenaje a su dirección artística y su legado. Asume la dirección Dania Agüero y estrenan Payasoñar (Premio de la Ciudad a la mejor
puesta en escena en 2014) y Los tres cerditos. Igualmente continúan
representando obras conocidas dentro de su repertorio, siguiendo la
estética de Santiesteban y el trabajo de otro imprescindible para el
grupo, Javier Villafañe. Las sonrisas agradecidas de los niños en cada
función, aseguran ellos, es el mejor premio posible al esfuerzo y la
creación artística teatral.
Dirigido por la joven actriz Karel Fernández, estrenó recientemente
El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, de
Salvador Lemis, puesta que se presentará en esta edición del Teatro
Joven.
Hoy el Teatro Guiñol de Holguín es uno de los colectivos teatrales
con una importancia medular en el escenario teatral holguinero y el
arte titiritero en sentido general: sus 50 años en escena y la realización
de la Fiesta del Títere, evento que protagoniza cada año con el objetivo
de llevar a las comunidades holguineras y al público variado, el teatro infantil y el arte titiritero en sus múltiples resonancias y estilos, lo
demuestran con significativas creces. Enhorabuena, entonces, el
hermoso y útil arte del Teatro Guiñol de Holguín que celebra sus
cinco décadas entregado al arte del títere (Publicado originalmente en Cubaescena).

Intimidad, conceptual, autogestión: algunos caminos escénicos del teatro joven cubano

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López  

El teatro contemporáneo en la era de los medios electrónicos resalta su carácter performativo de la realidad presencial, utilizando, en muchos casos, técnicas de performance, en las propias acciones y el cuerpo humano que, como tal son enfatizados, y otras prácticas comunes a las cuales el teatro cubano no es ajeno. Actualmente esta manifestación escénica se prefigura como una especie de función ritual, asumiendo a su vez una comunicación más directa entre actores-espectadores, experimentado cierta intensidad emocional; a su vez una nueva cultura de la actuación implica a ese espectador, invitándolo a cuestionar su percepción de la realidad.

Estas alternativas de producción realista, los sistemas simbólicos que permiten representar conceptos, a partir de la asociación de ideas y búsquedas interiores y en el propio espectador, resultan algunas temáticas de investigación recurrentes entre los directores y creadores jóvenes de la escena cubana actual. En este sentido varios directores noveles se cuestionaron sus modos de producir y hacer teatro como parte del panel teórico que abordó la dramaturgia cubana actual y los nuevos caminos de la dirección escénica en el XII Festival Nacional de Teatro Joven.

Karelia Fernández, directora del Teatro Guiñol de Holguín, explicó sus rutinas y como fue producir su último espectáculo El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres, una especie de comedia del arte que dignifica la creación titiritera a partir de un texto del dramaturgo cubano Salvador Lemis. 

Mientras que Heidy Almarales, del grupo cienfueguero La Chimenea, comentó sobre la obra Work in progress (Secretos bajo la luna), un historia fragmentada que se sustenta en el microteatro, siendo la intimidad del espectáculo la característica fundamental. “Me interesa mucho explorar la interioridad del espectador, cuestionarlo y provocarlo desde lo íntimo, desarrollando mi propia dramaturgia que llega a ser más literaria que dramática”, añadió la actriz. 

Por su parte Pedro Franco, director de Teatro El Portazo, de Matanzas, insistió en la autogestión a que se somete su creación, que implica nuevos textos y espectáculos en función de una necesidad estética. “Los tiempos escénicos de mi teatro se pusieron en función del consumo”, a la vez que le permite rupturas creativas en la escena que funcionan como una manera de “limpiar la recepción entre los actores y espectadores para volver a un próximo acto”. 

La poética del pastiche y la combinación de otros modelos dramáticos resumen buena parte de la más reciente creación de este colectivo matancero, con obras como Cuban Coffee by Portazo´s Coperative y No puedo tengo ensayo, aunque su trabajo actual se centra en rescatar su repertorio con piezas anteriores, que, de alguna manera, exploran un teatro más “convencional”. 

Asimismo Juan Edilberto Sosa, director del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, de Santiago de Cuba, abordó la necesidad de montar obras de autores contemporáneos, asumiendo un pensamiento desde y para la escena, y dejando que muchas veces el contexto modifique el trabajo final; mientras que el dramaturgo Raúl Bonachea insistió en el urgente papel de la crítica frontal con los creadores noveles y la necesidad de un desmontaje analítico de sus obras para crecer en cuanto a las nuevas maneras de hacer teatro.

Como parte de esta jornada fueron presentados los libros Destino Cuba, de Freddys Núñez Estenoz; Primavera en vano, de Abel González Melo; y Penélope aserrando televiché, de Marien Hernández, publicados bajo el sello de Ediciones La Luz; además Porno o fermentar la carne con más carne para que se sepa mejor, de Juan Edilberto Sosa; La caída, de Raúl Bonachea; la revista Tablas y el documental “El público de Carlos Díaz”, de Raúl Valdés González (Raupa).