Por Erian Peña Pupo
Fotos Robert Rodríguez
Entre las opiniones martianas sobre el ejercicio crítico destaca la siguiente: “Criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella”. De alguna manera esta idea motivó el I Taller de crítica artística y literaria, realizado, como parte de la 41 Semana de la Cultura Holguinera, en el Centro Cultural Lalita Curbelo Barberán. Y además, el propio hecho de que, a pesar de que la existencia de un pensamiento crítico en los medios de prensa en Cuba y el estado de la crítica artística per se han sido ejes de atención en diferentes congresos y eventos donde se estipula la política cultural e informativa del país, subrayando el papel esencial de la crítica artístico-literaria en la formación de las jerarquías, la necesidad de un ejercicio crítico sólido regresa, una y otra vez, al debate sociocultural en el país.
En el espacio ofrecieron sus opiniones y dialogaron con los presentes José Rojas Bez, Lino Ernesto Verdecia, Erian Peña Pupo y Gilberto González Seik, anfitrión de la cita. Todos han realizado, en diferentes momentos y en diversos medios, el ejercicio crítico enfocado mayormente al audiovisual, las artes visuales, la literatura, la música y las artes escénicas. El Taller propició, en voz de Rojas Bez, con amplia experiencia, además, en la docencia, un recorrido histórico por la crítica holguinera, desde el siglo XIX, pasando por la República hasta los momentos de auge en la década del 80 del pasado siglo, que coincide con la creación del Premio de la Ciudad y Ediciones Holguín. Entonces a través de las páginas del periódico ¡ahora! varios intelectuales holguineros ejercían frecuentemente la opinión sobre obras y procesos.
Hoy esta mirada crítica —destacaron Verdecia y Peña—está prácticamente ausente en la prensa diarista y no solo en Holguín,pues predomina la nota informativa, el anuncio de los acontecimientoso la reseña superficial del suceso;tampoco suele volverse sobre el hecho de forma crítica. Aun así existen espacios, como los organizados por el Centro Provincial de Arte, además la revista de circulación digital Cultura y solidaridad, la impresa Guayza, editada por la Casa de Iberoamérica, y Palco 13, boletín que acompaña las ediciones del Festival Nacional de Teatro Joven que se realiza en Holguín. No hay una ausencia total de la crítica como sí una ausencia como sistema, a pesar de los anteriores esfuerzos, momentos e intentos de fortalecerla y el interés de varios intelectuales de mantener, con constancia, un ejercicio crítico en diversos medios.
La universidad y sus programas docentes, la necesidad de vocación en un primer momento y de preparación personal, sumado a los vacíos académicos, de quien ejerce hasta el logro de lo que Octavio Paz definió como “pasión crítica” y Rufo Caballero como “poéticas críticas”; las diferencias entre sectorización con especialización en la prensa;la necesidad de una adecuada remuneración, estuvieron entre los varios temas abordados en este necesario espacio. Tópicos que se enfocaron en la intención de crear y fortalecer espacios en nuestra provincia para la crítica sistemática, con el apoyo de la Dirección Provincial de Cultura y las instituciones locales.
Pasión, compromiso, responsabilidad, honestidad y preparación son necesarios en el abordaje dela opinión responsable.La crítica es interpretación y sustentación de criterios sobre un determinado tema y como escribió Cintio Vitier, es también “en principio, dos cosas: iluminación de la obra desde la obra misma, y, después, toma de partido frente a ella”.A ello se convocó en este I Taller de crítica artística y literaria, que marca un necesario punto de partida.
El panel, nombrado “Un hombre: una historia”,estuvo integrado por los también historiadores Mayra San Miguel, compañera de Hernel, y Joel Rodríguez Ochoa, profesor auxiliar de la Universidad de Holguín; y contó con la moderación de Bárbara Martínez Pupo, quien resaltó como Hernel ha estado vinculado a la Casa,sobre todo como conferencista y panelista, pero también en el Congreso Iberoamericano de Pensamiento, que se realiza en la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, y como corrector de los librosde la Casa desde el trabajo conjunto con La Mezquita, sello de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) en Holguín.
“La profundización en lo regional, la historia política, sobre todo republicana, y la utilización de las fuentes primarias de información caracterizan de alguna manera sus libros”, anotó Yoel.
Esa manera pasional de describirte y evocarte, quizás nació aquel 18 de enero de 1752, cuando Don Alonso de Arco y Moreno te otorgó el título de Ciudad de San Isidoro de Holguín como reconocimiento al auge comercial y social alcanzado, o tal vez emergió con el devenir del tiempo, pero lo cierto es que, en vísperas de cada cumpleaños, artistas, intelectuales, pobladores, directivos y autoridades convergen frente a tu Catedral para homenajearte.

Así se patentiza en la muestra “XXXVII”, con curaduría de Bertha Beltrán, y conformada por 48 obras de 41 artistas, que trabajan principalmente la pintura y técnicas mixtas en soportes bidimensionales, con predominio del color.

Como moderador del encuentro se desempeñó su colega Hernel Pérez Concepción, una de las personalidades a quien además se le dedica la presente cita para festejar el Título de Ciudad y Tenencia de Gobierno.
El propio Galván nos da pistas sobre su singularidad cuando escribe que “postrado y enfermo pintaba con el pincel en su boca y así dejó muchas piezas concebidas en estilos y tendencias diversas donde predomina lo figurativo”. Con la boca desde los ocho años y también con los pies, Pavón creó más de mil piezas donde los elementos de la abstracción también están presentes. Así realizó más de 140 exposiciones personales y participó en 42 colectivas, con obras que hoy, después de fallecido el artista, están al cuidado de su esposa, Alba Rosa Arévalo.
El conversatorio, a cargo de la historiadora e investigadora Ángela Peña Obregón y el arquitecto Carlos Santiesteban, repasó momentos trascendentales de la edificación más antigua que se conserva en la ciudad de Holguín, y que representa históricamente el momento en que se otorga el título de ciudad a este pueblo del oriente cubano.
“En los trabajos de recuperación del inmueble se mantuvieron las técnicas constructivas usadas originalmente, entre ellas la del embarrado o adobe, consistente en mezclar fango y paja hasta formar muros de unos 30 centímetros de espesor”. Aún la residencia conserva parte de los materiales originales de su diseño, como el guano, el fango y las tejas. “La reparación incluyó la sustitución de tejas dañadas en el techo y la restauración de los muros interiores y los horcones de madera deteriorados”, detalló Santiesteban en este panel.
El sitio de trabajo, debidamente señalado, establece un límite, una zona de acción que no debe ser traspasada. Las personas observan y hacen fotos, pero no cruzan el espacio. Dejan a Yiki seguir “picando”, como en una sesión más de trabajo, mientras Vlad de Molay, micrófono en mano, lee las palabras que escribió para el catálogo de la muestra: “La figura domina el espacio, se concibe por el pensamiento y esa concepción depende de una medianía: lenguaje-mundo. Hay una relación de caos que pone las cosas en un lugar dominado por leyes: simbólicas, geométricas, universales. Los elementos a disposición del ente imaginador de realidad están estructurados estrictamente por sistemas de lenguaje. La transgresión de ese cosmos lingüístico establecido por el hombre, obliga a fugarse del orden dominante en función de localizar lo no dicho. El papel gaceta en la muestra —su integración intrínseca al origen de las cosas— soporta informal y radicalmente un tejido que enumera mundos con sus propias leyes: figuras humanas (aborígenes, políticas, artísticas, pop), animales, objetos de cotidianidad, dioses, rituales, signos de índole místico”. La voz por momentos se hace inaudible: afuera, frente al Museo Provincial La Periquera, el desfile inaugural de la 41 Semana de la Cultura Holguinera aporta una algarabía de pasos, voces y sonidos de instrumentos. La acción dentro, mientras Yiki sigue picando, Vlad de Molay vuelve a leer las palabras de presentación y el público recorre las piezas de la galería, añade otro significado: el acto creativo —que aquí también es silencioso y paciente, cuidando cada detalle— es acción performática y ejemplificación, “corte en vivo” y “muestrario” de una propuesta, que como evidencia las piezas, se sustenta en los valores artísticos que poseen las obras a tatuarse.
Este año el evento Tatuarte, organizado por la AHS, también realizó una muestra similar, con la exhibición de unas 25 piezas elaboradas en diferentes técnicas y un body art consistente en la realización de un grabado en la piel con referencias a las obras que se exhibieron; similar a la inauguración de El silencio del signo, donde la escritura fue un corte directo, una acción que permitió “la acción performática, el gesto ritual, la grabación de la marca sobre el sujeto, la vuelta a cierto orden tribal, primigenio, de las cosas”, pues: “Todo intento de Yiki por capturar lo expresable, en tanto sistema de realidad instaurada, en verdad conduce a presentar la antítesis del signo: se produce su silencio. La figuración canónicamente entendida por la cultura da paso a una desenfadada destrucción de sus leyes. Los rasgos se deforman a través de un viaje laberíntico cuyo periplo enmudece la significación estricta de la génesis de los elementos en cuestión. Se reducen a trazos, fragmentos discursivos, manchas, huellas”, repite Vlad de Molay mientras recibe la hendidura y el color, las formas enraizándose en su piel. La obra en proceso permite un “vaciar del signo” que “toma acción inmediata sobre el traumático detritus de lo real”. Cae la tarde. Fuera la multitud se agita y el silencio del signo prevalece.
La peregrinación, dirigida artísticamente por Víctor Osorio Zaldívar y con producción de Rebeca Pérez, partió desde la Casa Museo del Teniente Gobernador -edificación más antigua aún en pie en el territorio- hasta el céntrico parque Calixto García, exhibiendo los valores históricos, culturales e identitarios de la localidad.
En la celebración, gestada por Carlos López, sobresalió la interpretación del tema “Cruz y aldaba” realizada por la solista Yhamila Rodríguez, así como la musicalización y escenificación de los textos del reconocido poeta Gilberto González Seik: “Alegría para mi ciudad” y “El cuerpo de esta ciudad”, por la cantante Gladys María y los actores Yensy Cruz y Lay Verdecia, respectivamente.






Gilberto González Seik, artífice de cada uno de estos encuentros para festejar el Título de Ciudad y Tenencia de Gobierno, se encargó de rememorar a grandes rasgos cada una de las 37 ediciones en que se han dado cita en esta institución patrimonial: “El Premio de la Ciudad forma parte de la historia memorable de este centro. Este es una de las convocatorias culturales de más prestigio y larga edad en el panorama holguinero. A partir de 1986 atrajo a lo más significativo y esencial de la cultura cubana, nombres como el de Cintio Vitier, Fina García Marrúz, Eliseo Diego, Carilda Oliver Labra, Pablo Armando Fernández, María Dolores Ortíz, César López…y una larga lista que comenzaron a visitar la localidad y conocerla a través del Premio”.
A la soprano Ludmila Pérez, directora del Teatro Lírico «Rodrigo Prats», al historiador Hernel Pérez Concepción, y al Aniversario 190 del Natalicio de Julio Grave de Peralta se dedica el presente encuentro que tiene programadas variadas propuestas para el público local y los visitantes a la capital del nororiente cubano hasta el venidero día 20, fecha en que se den a conocer los laureados en las diferentes categorías.
Texto y fotos Julio César