Carne sin cola

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos del autor

El enterrador de libros. Así lo llamó Luis Yuseff al autor del libro que presentó el pasado viernes en la azotea del Caligari, a propósito de la peña “Entrada de emergencias”, explicando que esa denominación respondía a una confesión del propio Reynaldo Zaldívar cuando puso un pie en la editorial…

Un joven nacido en Fray Benito en 1993, que, como él mismo declaró más adelante, necesitó del “roce” con los escritores, las personas del medio de la cultura para domesticarse y por fin darle forma y acabado a su obra incipiente en versos, obra que en sus inicios gozó de la valiosa ayuda del escritor Ghabriel Pérez, el desaparecido poeta de la ciudad como le llama Zaldívar en sus palabras de agradecimiento, ahora puede también disfrutar de un hermoso ejemplar titulado Carne roja, con una ilustración de Lisandra López, donde aparece un corazón con un lazo rojo y lleno de agujas de metal clavadas, haciendo, quizás, alusión al órgano del poeta, del artista…

Es grato oír la voz de Reynaldo en la lectura de sus poemas, con una energía potente y una cadencia entre los versos muy armoniosa a los oídos. Con ese humor que distingue al cubano, puede hablar de su “dolor feliz”, palabras que usó en la dedicatoria del ejemplar que compré.

Por la calidad de su poesía, por la metáfora que usa para canalizar sus dolores y miedos, Carne roja es el título más vendido de los últimos tiempos en las propuestas literarias de Ediciones La Luz, declara el conductor Norge Luis Labrada. Esta vez se puede comprar por la libre, la carne que no alimenta el cuerpo físico, sino el espíritu del hombre.

Acudamos siempre, y ahora que Dios nos lo permite, al encuentro con la literatura, la poesía, el arte que mantiene vivo los sueños de un país.

Como les dije, no falté a la cita con el escritor.

Vie(r)nes con emergencias

Por Abelardo Leyva Cordero

Fotos del autor

Volver a la terraza del Caligari después de tantos años, para mí es grato; y máxime si participo de una presentación de un libro de versos, pues no hay género tan honesto como el lírico, en este el autor deposita sus experiencias más profundas; así lo hace Camilo Noa con su primer cuaderno, Laminarios, en el espacio que se estrena denominado “Entrada de emergencias”, dirigido a la promoción de la literatura en tiempos que parecen ahogar al más “fuerte” de los mortales.

Nuevamente la AHS de Holguín acoge este lugar para llenarlo de arte, y en esta ocasión de versos. El público, en su totalidad joven, si es que los menores de cincuenta lo somos, puede sentarse sobre gomas de camión que hacen de sillas, a una temperatura alta por ser todavía las cinco de la tarde, y disfrutar de la conducción de Norge Labrada y las bellas palabras de presentación de Luis Yuseff, editor del libro, que comienza con la anécdota de la vez que visitó el encantador pueblo de Gibara ocho años atrás y pudo conocer por vez primera a Camilo, entonces más delgado que él, dice y los dos sonríen porque el presente es otro, y pudo disfrutar de la sensibilidad e interés por  la literatura que mostraba el gibareño.

Luego, continúa, surgió una comunicación vía correo electrónico entre los nuevos amigos, como la del tipo Rilke y el joven poeta, comenta Yuseff, dejando muy claro que para nada pretende compararse con el famoso Rainer Maria Rilke.

Se disfruta el verbo tierno y sabio del presentador, hasta darle la palabra al poeta que no demora para reconocer sus nervios, a pesar, como enseguida aclara, de hallarse rodeado de amigos. Agradece a las personas que trabajaron en la confección del hermoso libro, y pasa a una lectura de poemas que hablan por sí solo de su calidad creadora y humana.

Se escuchan poemas escritos a la madre, a la familia, a los hombres del pueblo, y a la antigua casa de su abuela que no existe más. Una voz directa y llena de emoción, puede tocar los corazones de los asistentes que siguen con cuidado la lectura.  Algunos van y compran vasos de cerveza dispensada, mientras otros prefieren alimentar solo el espíritu.

El libro se pone a la venta y el autor gentilmente firma los ejemplares. Todos muestran caras satisfechas este primer viernes literario, en la apertura de un espacio que alivia el alma del nacional.

Queda abierta la invitación para el próximo viernes cuando se presentará otro libro de un autor local, anuncia el conductor.

Yo, les adelanto, no pienso faltar a la cita

Si vas a comer carne roja, espera por Reynaldo

Por Erian Peña Pupo

Fotos cortesía de Ediciones La Luz

Acabo de leer, por segunda vez, el poemario Carne roja, primer libro de Reynaldo Zaldívar (Fray Benito, Holguín, 1993), publicado por Ediciones La Luz, importante sello de la AHS en la provincia. Ha resistido, como no suele sucedercontodos lostextos, a una segunda lectura y sé que puede hacerlo con las sucesivas por varias razones: el libro tiene poemas memorables –de esos que uno se dice haber querido escribir–; porque la voz poética de Reynaldo se me antoja una de las más sinceras y libres de su generación, alejada de influencias lastrantes o gestos; y porque Carne rojaes en sí una obra unitaria, sólida, desde la propia estructura del libro.

La carne roja en este textoes una metáfora nacional: su ausencia/presencia ha condicionado varias generaciones. De ella, metáfora también lírica, parte Reynaldo para hablarnos del país y sus días, de pérdidas y ganancias, de adaptación (también adaptabilidad) y resistencia, de sueños y ausencias, de amores, de la vida y sus intensidades, desde la altura de su primer cuarto de siglo.A veces, nos dice Reynaldo, ha querido ser una vaca, “tener el olor de una vaca/ las tetas de una vaca. / Nacer con las pezuñas divididas/ y que me peinen a lengüetazos/ Y digo vaca porque no puedo ser vaco. / La palabra buey nunca me ha gustado. / Ser una vaca sagrada/ como un político sagrado/ u otro animal semejante: / dígase, por ejemplo, un poeta” (“Vaca”).Y como mismo ha deseado ser una vaca, ha pensado comerse una y sonreír: “Yo me comí una vaca y estuve quince años tristes. Llevo dentro una ciudad perversa/ y el tatuaje de una vaca. / Yo quería llevar dentro una ciudad perversa. / Nunca planifiqué lo del tatuaje” (“Planes”).

Sabiendo, casi bíblicamente, que no hay nada nuevo bajo el sol, que la poesía es uno mismo (el poeta) y sus circunstancias, y que el verso viene realmente a cobrar vida, a exorcizarse del autor y sentirse libre por una vez, en el encuentro cuerpo a cuerpo con la experiencia ajena, con el sentir del otro, Reynaldo reúne veintinueve poemas, divididos en las secciones “Vaca”, “Yo, el animal”, “Acéfalas” y “Tiempos de bestias” (“Somos”, obra de Lisandra López en la portada).

“Árboles”

Me levanto temprano. Talo árboles.

Un bosque me nace dentro del pecho.

Aquí se puede respirar la corteza y el sudor y el hacha.

Nada como respirar esta trilogía:

corteza/ sudor/ hacha.

Otro golpe y otro árbol.

Preferiría pastorear vacas,

hornear panes.

Pero si un bosque te nace dentro del pecho

no queda más que talarlo

o dejar que poco a poco los árboles te asfixien.

Muchos de estos poemas funcionan como aldabonazos, como toques en la puerta/pecho ajeno. Como círculos concéntricos que se explayan en el estanque de los días y de la memoria. No es un libro de tanteos, de aprendizajes, aunque el poeta mañana se arrepienta de estos versos y salve apenas algunos de las llamas del olvido, a la par que otros libros van cobrando vida. No lo es: Reynaldo nos entrega un cuaderno sólido para ser prístino, sincero y soñador también. No hay experimentación más allá de la que naturalmente germinan, no hay rejuegos (apenas repeticiones que refuerzan el ritmo en varios poemas) ni bucolismo. El joven poeta ha leído lo necesario, absorbiendo vorazmente, muchas veces de forma indistinta, sin pautas ni orden más que las que él mismo se crea, sin seguirmodas, ni autores claves, académicos para otros, solo por el placer de la lectura, y por la acumulación del sedimento vital, esa semilla que, después de las estaciones de lluvia, el sol, la labranza y los cuidados, germina en poesía.

“Último tiempo”

Por años fui un animal y eran pocos

los animales en esos años.

Pero era gustoso marcar la diferencia:

barba, camisa, pantalones rotos

y una estudiante de psicología por novia.

Pero ahora todos quien

hacer de esto la moda.

La moda es lo que sigue

cuando en la cabeza no queda nada más.

Por eso he decidido dejar de ser un animal:

por espeto a mi cabeza.

Ser una cosa sin pelos

y sin camisa y sin pantalones.

Todo esto es una excusa, una metáfora (las vacas, el ganado, el país). Una metáfora cárnica, podría pensarse. Una metáfora roja, también. Una metáfora cruel, además. Reynaldo, en cambio, prefiere explorar la vida, las relaciones familiares (la madre aquí como un péndulo vital, en poemas como “Matrioska” o como “Pachamama”) y las amorosas, aunque sabe queél, Reynaldo Zaldívar,“está condenado a caer/ por el borde caótico/ de la palabra” (“Nacimiento”), pues sencillamente “somos bestias acostumbradas a la carne. Hace tiempo olvidamos morder/ el cuerpo desnudo. (…) …somos bestias/ que levantamos piedras” (“Billy”).

“Pachamama”

Mi hijo es el colmo de los poetas –dice– y la lengua silva cuando pronuncia poetas y se le cae del rostro una mueca. Mi hijo es una suerte de animal idiomático. Allí está tirado entre los papeles como un papel más. hijo-papel tirado al que le nace un poema que no alcanza para comprar arroz. Mi hijo se morirá de hambre por escribir (escribirse) poesía y nos matará de hambre por escribir (escribirse) poesía. Mi hijo es el colmo de los poetas –dice– y la lengua silva cuando pronuncia poetas y se le cae del rostro una mueca.

Hay su poco de sabiduría, de salmo y salterio, de vieja pieza de jazz en estos poemas, escritos quién sabe bajo qué sol o bajo qué noche insular, en qué jardines invisibles de la literatura. Y sobre todo hay mucho de poesía en Carne roja, con edición de Luis Yuseff; libro con el cual Reynaldo Zaldívar desbroza la maleza desde una sinceridad lírica sin miramientos y se sienta, tranquilo, a la mesa, servidos y humeantes los platos, listo para enfrentarse de nuevo a la palabra (publicado inicialmente de la web de la AHS).

 

 

Las rejas y los rosales de Mayda Pérez Gallego

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor y promociones cortesía de Ediciones La Luz

“Holguín está asistida, hace mucho tiempo, por los nombres de varias mujeres poetas. Una de ellas es Mayda Pérez Gallego. Sus libros poseen esa rara condición de lo auténtico, de lo que surge en el instante que dura un pensamiento o una observación, incluso mezcla lo uno y lo otro, dotando al poema de una sencillez compleja que lo hace trascender”, apunta la escritora y editora Lourdes González Herrero en las palabras de contracubierta deMis rejas y mis rosales, poesía reunida de la holguinera Mayda Pérez Gallego (1948-2019),presentada recientemente en la sede de Ediciones La Luz, sello de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín.

El libro, con edición de Ghabriel Pérez, autor además del prólogo “Una mujer cronopio como los sellos”, diseño de Roberto Ráez y Armando Ochoa, e imagen de cubierta de Yuri Urquiza, es un hermoso homenaje –el libro en sí es una obra de arte– a una de las autoras más queridas de las letras holguineras; escritora, además, de guiones para la radio y la televisión y bajo cuya firma aparecieron los textos:Territorios de sueños (1990), Entre el grito y la página en blanco (1999, Premio de la Ciudad 1996) y Golpes de lluvia (2007), todos editados por Ediciones Holguín.

A estos libros pertenecen los poemas de Mis rejas y mis rosales –alusión a un verso de su admirado Antonio Machado, que encabeza como exergo la esperada selección– y nos dejan entrever a una autora cuyos “estados creativos incluyen la música, los recuerdos, la amistad, el cine, el amor, sazonados todos con esa deliciosa figura retórica que es la ironía. La sorpresa como posibilidad, y el azar que nos alienta, son para ella recursos de los cuales no debe prescindir la poesía. En sus textos, Mayda inventa cuentos, ciudades, diálogos, países, solo para alcanzar ese territorio que tanto disfruta: el de la estación sin tiempo”, añade Lourdes González.

Con una presentación atípica, realizada en el salón Abrirse las constelaciones, de La Luz, Mis rejas y mis rosalesreunió a muchos amigos de la poeta y tuvo, asimismo, tres presentadores: la ensayista Yailén Campaña, el escritor Ghabriel Pérez, y Luis Yuseff, poeta y editor jefe de La Luz.

“A pesar de su poesía extraordinaria –nos dice en el prólogo Ghabriel Pérez–, Cuba prácticamente no la conoce. (…) Cualquiera diría que esta singular voz –alejada de antologías, de modesto perfil mediático–, quedó fuera de toda generación, movimiento cultural, corriente poética de su tiempo. Pues la que en 1981obtuvo el Premio Poesía de Amor Varadero y una mención en el David de 1985, ha sido, sobre todas las cosas, amiga del silencio”.

En cambio, “su poesía se acompaña de la quena y por ella los Andes están más cerca del paisaje holguinero. En sus versos se siente el rasguear de la triste guitarra de Yupanqui, la estampida del revólver de Violeta Parra. Es poesía es rompemuros. Es la que acoge en su pecho las quejas de la Pachamama, con sus volcanes y guerrillas, con el triunfo de sus desexilios, y también con sus sueños rotos”, añade Ghabriel, quien destaca, además, otros rasgos de la poesía de Mayda, como los versos de “agudas ironías y mordaz sapiencia”, “los mimos exquisitos del Español asimilado por la que premia con sus aciertos lúdicos a la lengua cervantina, cuando va a la página en blanco y la devuelve reveladora de rejuegos idiomáticos, con lecciones de gramática, fonética y reglas ortográficas”, un “estilo único, que alterna con lo epigramático y lo discursivo (loable su poder de síntesis, su exquisita agudeza verbal); donde el texto puede darnos la sensación de un comentario, un divertimento; donde lo coloquial adquiere forma de cantata y la voz popular, el dicharacho, el refrán y la frase clásica se amalgaman” y “el elemento lúdico” que caracteriza buena parte de una obra “tan personal e intimista como Sor Juana Inés de la Cruz, y universal como Antonio Machado o Rafael Alberti”.

Libro homenaje, aunque no libro póstumo –pues Mayda estuvo al tanto del proceso de edición, desde la selección del título, los poemas y la obra de cubierta, hasta que en el verano de 2019 la muerte sobrevino–, este hermoso poemario nos devuelve a una autora necesaria, aunque no conocida en su sencillez y profundidad como merece y aún menos fuera de Holguín, ciudad que escogió para entregarnos entre el susurro, el grito y la página en blanco, que trasmuta en versos memorables, una obra poética cuya sinceridad nos acompañacada día (artículo publicado originalmente en La Jiribilla).

 

Wichy Nogueras y el cine, otro modo de jugar

Por Erian Peña Pupo

Foto tomada de Internet

“El cine cubano de ficción se ha nutrido hasta hoy, básicamente, de guiones originales más que de obras literarias. Ello se ha debido, en parte, a la urgente necesidad de elaborar un lenguaje propio que tenían –en los primeros años de poder revolucionario– los jóvenes cineastas de la Isla; pero también –es justo reconocerlo– a que la narrativa, que debía haber aportado una especie de “reserva” (en la cual nuestros realizadores cinematográficos encontraran temas para sus filmes) era y en cierta medida es aun relativamente escasa en un país que, como Cuba, ha tenido siempre una más sólida y sostenida tradición poética”, escribió el escritor, guionista y periodista Luis Rogelio (Wichy) Nogueras (La Habana, 1944-1985) en un textoescrito probablemente como una ponencia para una de las ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y hoy recogido en el libroDe nube en nube.

Autor de las novelas Y si muero mañana, Nosotros los sobrevivientes y El cuarto círculo, esta última en colaboración con Guillermo Rodríguez Rivera, y los poemarios Cabeza de zanahoria, Las quince mil vidas del caminante, Imitación de la vida, El último caso del inspector y Nada del otro mundo, además de la antología poética Hay muchos modos de jugar, publicada póstumamente, Wichy, uno de los autores cubanos más reconocidos y prolíficos de su generación, incursionó notablemente en ese cine al que se refería, como realizador y guionista.

Su trabajo más reconocido es el guion de El brigadista, largometraje estrenado en 1977 por Octavio Cortázar sobre la campaña de alfabetización realizada en Cuba en 1961 yprotagonizada por miles de jóvenes; en este caso, la historia de uno de ellos, de procedencia urbana, y su llegada a un pequeño pueblo cercano a Playa Girón, donde deberá vencer la resistencia de varios de sus pobladores, debido a su juventud, y habituarse a un medio extraño. El filme, protagonizado por Salvador y Patricio Wood, René de la Cruz, Luis A. Ramírez y Mario Balmaseda, obtuvo importantes galardones, como el Oso de Plata a la Mejor ópera prima en el XXVII Festival Internacional de Cine, en Berlín Occidental, Alemania, 1977; el Catalina de Oro, en el XVIII Festival Internacional de Cine de Cartagena, Colombia; Premio Pelayo, máximo galardón en el XVII Certamen Internacional de Cine para la infancia y la juventud, en Gijón, España, 1977 y el Premio al filme cubano que mejor sirve a la promoción humana y al desarrollo, en el III Festival de Cine, Radio y Televisión de la Uneac, en La Habana, 1986.

El brigadista (1977), filme de Octavio Cortázar con guion de Wichy Ngueras (foto tomada de Internet).

En el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) “trabajó la mayor parte de su vida”, desde que ingresó en mayo de 1961, y además, “nos dejó una obra extensa e intensa en los terrenos donde siempre brilló su imaginación, su talento, su don como creador autentico que todos recordamos, sin nostalgia, como un gran amigo y un notable intelectual cuya presencia nos resulta cotidiana por el impacto de su personalidad, por su gracia, por su simpatía y por su obra perdurable y vigente”, comentó Pablo Pacheco en la apertura de la exposición Juegos de manos… juegos villanos…, en el Centro Cultural Cinematográfico, en 2010.

Entre 1961 y 1964, Wichy trabajó en la Enciclopedia Popular, con Octavio Cortázar,realizando cortos de diez minutos de duración que apoyarían la Campaña Nacional de Alfabetización, y más tarde en el Departamento de Dibujos Animados, donde fue dibujante, auxiliar, asistente de cámaray director de cortometrajes.También escribió guiones, realizó diseños para los dibujos animados, y trabajó como asistente de cámara en Macroti, un Noe cubano y en la animación de Gallito de papel,corto que se exhibió en 1964 en el Festival de Leipzig, Alemania, y en el Festival de Annecy, Francia. Inicia, además, la filmación de Sueño en el parque, cortometraje en colores de ocho minutos de duración, conocido también como La raya, que se presentó en varios festivales de cine de animación, entre ellos en Mamaia, Rumanía.

En 1968 colaboró nuevamente con Octavio Cortázar en el cortometraje Acerca de un personaje que algunos llaman San Lázaro y otros Babalú, y en 1975, poco antes de Elbrigadista, fue coguionista de Las Marianas, documental del mismo realizador. En 1979 trabajó con Miguel Torres en el proyecto del libro Historia de una batalla, que recogería 20 años de cine cubano a partir de la fundación del ICAIC, y nuevamente con Octavio, en 1980, realiza la escritura del guion del filme Guardafronteras, que obtuvo varios premios en festivales.

Ese año Wichy Nogueras se reincorpora al ICAIC como guionista, es nombrado jefe de redacción de la revista Cine cubano, de la que edita 10 números (del 101 al 111) y participa en festivales internacionales y seminarios relacionados con el cine. Con Miguel Torres, en 1981, escribió el guion del filme Leyenda y viajó a Vietnam, por segunda vez, ahora con el documentalista Bernabé Hernández, para participar en la semana de cine cubano en Hanoi. En Canadá y Dinamarca participaría también en las semanas de las realizaciones cubanas en estos países, y en Italia, en 1984, asistió al Festival de Cine de Pesaro. Escribe con Víctor Casaus el guion del documental Que levante la mano la guitarra, dirigido por este último, sobre la vida y obra de Silvio Rodríguez; y trabaja junto con el escritor venezolano Ednodio Quintero y el cineasta Michael New en el guion de la coproducción cubano-venezolana Cubagua.

En estos años, desde las páginas de publicaciones como El Caimán Barbudo, Cuba Internacional y Cine cubano, así como en congresos, eventos y festivales realizados en Cuba y en otros países, Wichy Nogueras compartió artículos, críticas y ponencias, principalmente enfocadas a los filmes cubanos. Su fallecimiento, ocurrido prematuramente el 6 de julio de 1985, lo encontró trabajando en un guion, con Eduardo Heras León, para un filme de Manuel Pérez (artículo tomado de Cubacine, sitio web del Icaic).

 

 

Listo el mobiliario del Museo Provincial La Periquera tras su restauración en medio de la Covid-19

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos tomadas de Internet

En el Museo Provincial La Periquera de Holguín, Monumento Nacional, se encuentra listo el mobiliario de sus áreas expositivas para su exhibición al público próximamente, luego de una restauración capital en ambos niveles de la edificación, rescatando sus valores originales.

Fueron reparadas las antiguas piezas de carpintería, como las escaleras y sus respectivas barandillas con adornos propios de la época, los pisos de la galería de arqueología y la recepción, a base de cerámica, luego de un proceso realizado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y que comenzó hace cuatro años, explicó su directora Nélida Peña Rodríguez.

A las obras museables que se exponen en las diferentes salas del museo también se les aplicó un proceso de restauración, pues el tiempo las ha ido deteriorando, por lo que se prevé para la reapertura abrir 15 salas de exposiciones con estas muestras históricas, entre ellas las relacionadas a las guerras de independencia, arqueología, cultura, revolución e historia en general.

Desde septiembre se labora en la restauración de las piezas y el mobiliario, y para ello primeramente se realizó un levantamiento de todos los objetos de la institución, para verificar el estado de conservación y evaluar el trabajo que debe llevar cada uno de ellos, asegura Jorge Luis Betancourt Sánchez, restaurador del inmueble y miembro de FCBC en la provincia.

Un equipo de trabajo pequeño, pero entrenado en la restauración, colaboró en el proceso para ir moldeando las piezas hasta devolverlas a su estado original, con el rigor y la paciencia que se requiere, así laboramos en trabajos especializados en distintas líneas, como la madera y el metal, añadió.

Cientos de objetos, incluidos lo que se encontraban en los almacenes, fueron restaurados, destacó Betancourt, pues se encontraban afectados por el polvo, la humedad, los traslados y las piezas de madera estaban severamente dañados por insectos.

Entre las más importantes sobresalen lámparas antiguas, colecciones de relojes, cajas de música, sillones, mecedoras y dos viejos cañones de campaña, utilizados durante las guerras de independencia cubanas que volvieron a recuperar el espacio original donde se encontraban dispuestos, comentó Jorge Luis.

Se trabajó en las salas de cultura, etnología, el salón-barbería, de independencia, los dormitorios, los espacios con la colección de muebles estilo medallón y perilla, y la recepción, considerada sala porque se encuentra ambientada con piezas museables.

 

También se sumaron en este empeño trabajadores del Museo, la Dirección Provincial de Patrimonio y el FCBC en este territorio, donde además fueron repuestas las puertas y el piso, así como se trabaja en la construcción del Salón de la Ciudad, un nuevo espacio adaptado a la modernidad para la realización de eventos locales, nacionales e internacionales, puntualizó Peña. El Museo Provincial La Periquera es uno de los sitios que distingue esta urbe por los bienes patrimoniales que atesora, como el Aldabón de la Ciudad y el Hacha de Holguín, y por el meritorio trabajo de identificación, conservación y promoción de estos valores que muestran los procesos históricos, culturales y sociales característicos de esta región del oriente de Cuba (con información de la Agencia Cubana de Noticias, ACN).

 

 

 

 

Eliseo Diego en la inmensidad de las pequeñas cosas

Por Erian Peña Pupo

Fotos tomadas de Internet

Este año celebramos el centenario deEliseo Diego,uno los autores más importantes del corpus literario cubano y, añaden los investigadores, entre los grandespoetas en lengua española.

Eliseo, quien nació en La Habana el 2 de julio de 1920 y falleció en México, el 1 de marzo de 1994, supo calar profusamente lo que Cintio Vitier llamó “lo cubano en la poesía”, y como pocos, su obra ha ganado, según pasan los años, en vigencia y actualidad, al punto de influir en hornadas de jóvenes escritores que ven en el autor de Por los extraños pueblos, Inventario de asombros y El oscuro esplendor una de los altas cimas de la literatura cubana de todos los tiempos.

La obra de Eliseo Diego está influida, de una parte, por el mundo de su infancia, experimentado como paraíso perdido –ausencia que viene a sumarse para este escritor católico a aquella primera del Edén–, y de otra parte, a su temprana y total participación en el grupo Orígenes, esa familia que formaron en torno a la figura paterna, absoluta, de José Lezama Lima: Eliseo Diego y Cintio Vitier y sus respectivas esposas Bella y Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, el padre Ángel Gaztelu, Cleva Solís, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, los músicos Julián Orbón y José Ardevol, los pintores Roberto Diago, Mariano Rodríguez y René Portocarrero, el escultor Alfredo Lozano, y el mecenas y coeditor de la revista Orígenes, José (Pepe) Rodríguez Feo (revista en la que colaborara en sus inicios Virgilio Piñera).

Sus primeros libros fueron en prosa: En las oscuras manos del olvido (1942) y Divertimentos (1946). Este último destila su apasionada lectura a los cuentos de Perrault, Andersen, los hermanos Grimm, Dickens, Stevenson y Lewis Carroll, entre otros,libros que lo acompañaron asiduamente desde su niñez; y está integrado por pequeños textos de temas diversos que forman, según Vitier, “un encaje, postales de viejas playas mordidas de irrealidad, miniaturas de aire y terror”. Con estas narraciones de carácter alegórico o sobrenatural, Eliseo exorciza los miedos de la infancia, mientras hace volar la fantasía por los reinos de la magia y la ensoñación.

Sin embargo, se consideró, sobre todo, poeta: “Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos. Y lo hago, no por vanidad, ni por el deseo de brillar o qué se yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”, dijo en una ocasión.Después de Divertimentos, publicó en 1949, también por Ediciones Orígenes, su primer libro de poesía, En la Calzada de Jesús del Monte, texto decisivo de su trayectoria poética, que representó el deseo de Eliseo por acercarse, con sus propios y diría él, pobres medios, y desde una perspectiva estética muy diferente, a esa “rauda cetrería de metáforas” que, según el padre Gaztelu, era “Muerte de Narciso”, de Lezama Lima. Si Lezama en el primer verso de ese poema (“Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”) se transportaba al mítico pasado de la estirpe humana, y abrió la “otra escena del orden simbólico”, Eliseo Diego, desde el primer verso de su libro (“En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo”) sacaba del anonimato a aquella vía habanera que le servía habitualmente de trampolín para saltar al paraíso perdido de la infancia y de la historia de sus antepasados, situándose en un no-tiempo compuesto de un pretéritodonde predomina la añoranza y la memoria.

El “Primer discurso” de este poemario –escribe Lezama– “era un precioso y sorprendente regalo, suficiente para llenar la tarde con aquella palabra que nacía para uno de los más opulentamente sobrios destinos poéticos que hemos tenido. Fue más que suficiente para que todos nos diéramos cuenta del verbo que nacía y que se imponía por la necesidad de su escritura. (…) Desde los primeros versos ese más bien enorme, le daba una peculiar dimensión a la Calzada que la inundaba totalmente con las luces de un nacimiento”. Y más adelante añade Lezama Lima en las notas que sobre Eliseo incluyera en la antología Una fiesta innombrable: “Hoy la generación de Orígenes y la poesía cubana muestran como uno de sus esplendores En laCalzada de Jesús del Monte y a su autor como una de sus más logradas cimas poéticas”.

Mario Benedetti escribiría tiempo después que “En la Calzada…es un libro fundamental, ejemplar en más de un sentido, y considero que, en la irradiación a las más jóvenes promociones cubanas, su lección de autenticidad es verdaderamente inapreciable”. Mientras María Zambrano celebrara su poesía, que permite“prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que en ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede”.

Además de los mencionados, Eliseo Diego publicó otros textos, comoMuestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de Boloña,A través de mi espejo, Soñar despierto, Cuatro de Oros,Poemas al margen, En otro reino frágil, Noticias de la Quimera, y Libro de quizás y de quién sabe.

Su labor intelectual lo llevó,además, por varios caminos: el ensayo, la pedagogía y las traducciones. En Conversación con los difuntos, reeditado por Ediciones Holguín, en 2016, Eliseo reunió sus diálogos poéticos con varios de sus amigos muertos, mediante la traducción literaria; esos que le hablaban desde las páginas de un libro, a través de la poesía. Así tradujo la obra doce poetas de habla inglesa que, en varios momentos de su vida, conversaron y acompañaron, como tutelares resguardos, su existir cotidiano: Andrew Marvell, Thomas Gray, Joseph Blanco White, Robert Browning, Coventry Patmore, Ernest Dowson, Rudyard Kipling, G. K. Chesterton, Walter de la Mare, Edna St. Vincent Millay, William Butler Yeats y Langston Hughes.

En las últimas décadas de su vida, Eliseo recibió numerosos reconocimientos y vio su poesía publicada y reditada: viajó a varios países, donde participó en encuentros y festivales, impartió conferencias, recibió reconocimientos y vio publicada su obra, como la Unión Soviética, Hungría, Suecia, Bulgaria, Nicaragua,Estados Unidos, España, México, Perú, Inglaterra, Colombia, entre otros. En Moscú le otorgan el Premio Máximo Gorki por sus versiones al español de poemas de grandes escritores rusos; devela una tarja dedicada a Heredia en las Cataratas del Niágara, Canadá; la Casa de las Américas edita un disco, en su colección Palabra de esta América, con veinte poemas leídos en su voz; recibe la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba; obtiene varias veces el Premio de la Crítica; en Bogotá, recibe el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle en Cali,la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos que otorga la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, y el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, otorgado con fallo unánime por diferentes instituciones económicas y culturales mexicanas, y que anteriormente recibieron Nicanor Parra y Juan José Arreola.En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura, junto a José Soler Puig y José Antonio Portuondo. Falleció a consecuencia de un infarto del miocardio vinculado a un edema pulmonar agudo. Al conocer la noticia, Octavio Paz dijo:“Solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”. Fue enterrado en el Cementerio de Colón, en su Habana natal, muy cerca de la tumba de su amigo Lezama Lima.

Eliseo Diego, “uno de los más grandes poetas de la lengua castellana”, nos recuerda Gabriel García Márquez, trasmitió en las formas breves –esos diminutos “fuegos vagabundos”, dijo Octavio Paz– la inexorable fugacidad de la vida y el carácter fragmentario de la memoria: la infancia, los antepasados, la ciudad y la familia, pero también el olvido, la pérdida, la muerte y su silencio final, que constituyen motores fundamentales de su escritura. Él insistió, como un padre prudente y sabio, que la poesía acompañara nuestros días. Dejémosle entrar entonces, conversemos con el necesario amigo Eliseo, bajo la luz eterna de la poesía y la mirada del poeta, con la seguridad de que “un poema no es más/que una conversación en la penumbra/ del horno viejo, cuando ya/ todos se han ido, y cruje/ afuera el hondo bosque; un poema/ no es más que unas palabras/ que uno ha querido, y cambian/ de sitio con el tiempo, y ya/ no son más que una mancha, una/ esperanza indecible;/ un poema no es más/ que la felicidad, que una conversación/ en la penumbra, que todo/ cuanto se ha ido, y ya/ es silencio” (artículo publicado originalmente en el sitio web de la Asociación Hermanos Saíz, AHS).

 

 

Nota de Prensa del Ministerio de Cultura a propósito del Centenario de Eliseo Diego

El Ministerio de Cultura ha concebido un programa de homenaje al gran poeta cubano Eliseo Diego por su centenario, a celebrarse el próximo 2 de julio.

Nacido en La Habana ese día de 1920, perteneció al grupo Orígenes y a su cobijo publicó En la Calzada de Jesús del Monte, un libro capital de la poesía cubana. Trabajó en la década del 60 en la Biblioteca Nacional José Martí y su entrega a favor de la literatura y la lectura para niños y jóvenes, es todavía algo vigente. Autor de una extensa bibliografía, cultivó la prosa y la traducción, pero destacó sobremanera como poeta. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1986 y en 1993 el Premio de Literatura Juan Rulfo, uno de los principales galardones literarios de la lengua española hasta su extinción.

A través de la Biblioteca Nacional José Martí y del Instituto Cubano del Libro, junto a la Asociación de Escritores de la Uneac y la Asociación Hermanos Saíz, más el proyecto Cubapoesía y su Colección Sur, así como la colaboración invaluable de Josefina de Diego, hija y
albacea del escritor cubano.

El Centro Cultural Dulce María Loynaz y la Biblioteca Nacional han trabajado en las redes la publicación de su obra, su bibliografía, fotos y documentos. Cubapoesía ha convocado un mitin poético en torno a Eliseo que estará en su página y que contará con aportaciones de poetas de distintas partes del mundo.

En las filiales provinciales de los escritores de la Uneac se organizan veladas para homenajearlo.

El sistema de la radio cubana difundirá las versiones musicalizadas de su poesía. El canal del Mincult y la Televisión transmitirán cápsulas promocionales con entrevistas a poetas y estudiosos de su obra. En la noche de este 2 de julio saldrá la emisión de La Pupila
Asombrada dedicada a su centenario.

Varias publicaciones tributarán acercamientos a su obra. En Italia, la distinguida Universidad de La Sapienza, en Roma, dará a conocer un libro de y sobre su obra. La Biblioteca Nacional su revista digital Librínsula y un dossier en la Revista de la BNJM. La Jiribilla dedicará su número de la semana próxima al poeta en la víspera de su aniversario.

El propio jueves 2 se colocará una tarja en su casa natal, en Compostela y Obrapía, con el concurso de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Y en la BNJM se realizará un acto en el que intervendrán
poetas, actores, estudiosos de su obra y trovadores, en medio de una exposición bibliográfica y de proyección de audiovisuales.

El centenario puede extenderse todo el año, pues su obra no se reduce a un aniversario. Vale la pena renovar, en su primer centenario el conocimiento y la lectura de este grande de nuestras letras.

Santa Palabra, Guayabero

Por Erian Peña Pupo

Fotos tomadas de Internet

Hace 109 años, el 4 de junio de 1911, nació en Holguín Faustino Orama Osorio, El Guayabero. Con el tres al hombro, como otros trovadores y soneros itinerantes que recorrían la Isla, se convirtió en un fiel cronista de las costumbres de las personas más humildes: su singularísima estampa, sus ancestrales tumbaos y su atractivo doble sentido comenzaron a rodear su nombre de una aureola de leyenda desde la década de 1940.

“El creador genuino siempre insistió en que sus coplas eran ingenuas, que éramos los oyentes o bailadores los mal pensados que las teñíamos de erotismo o picardía. Es decir, parecía claro que el llamado “doble sentido” funcionaba como una forma de hacer sutil la presencia sexual o transgresora, dada con una gracia que la ponía a salvo de los censores a la vez que abría la verja al regocijo de los cómplices admiradores de la danza de Marieta o de cualquiera de esas deliciosas criaturas y situaciones”, escribió el dramaturgo Amado del Pino, quien reconoció en él uno de nuestros más genuinos creadores.

Llegaba a campos y bateyes con el consabido “coopere con el artista cubano”: muchas veces, a cambio de sus descargas interminables, solo obtenía un plato de comida, unos tragos o un sitio donde pernoctar. En uno de esos recorridos, en 1955, llegó al caserío Guayabero, cercano al central santiaguero Miranda (hoy Julio Antonio Mella) y allí vivió una peligrosa aventura que le inspiró la pieza que le dio definitiva identidad artística.

Estatua de El Guayabero en el Museo de Cera de Bayamo, Granma (foto tomada de Internet).

El documental En Guayabero, Mamá… (Me quieren dar…) dirigido por Octavio Cortázar en 1984, nos acerca a esta parte de su historia: “En una rústica cantina el juglar, acompañado de varios músicos de su conjunto, El Guayabero se divertía cantando sus simpáticas composiciones, mientras los pobladores se reían a carcajadas. Una hermosa trigueña del lugar les servía tragos de vez en cuando, hasta que llegó el jefe del puesto de la Guardia Rural, el cual era el esposo de la muchacha y, celoso, armó la bronca. Le dijo a Faustino que si había tomado ron con su esposa ahora tomaría con él… Mientras corría entre los cañaverales nació la inspiración, una carta de presentación que desarmó a no pocas personas de rostro adusto que no transigían ante sus canciones “irrespetuosas” y cargadas de doble sentido: “En Guayabero, mamá, me quieren dar…”.

Cuando se analizan los textos de “Marieta”, “Mañana me voy a Sibanicú” o “Félix Solano”, es fácil convencerse de los conocimientos empíricos, el ingenio y la gracia de este artista al que Frank Delgado, otro gran artífice de la trova con matiz sonero, llamó “filósofo popular”. La musicóloga María Teresa Linares, por su parte, ha escrito que “Oramas representa una fase del son, quizás inicial, quizás primaria; pero que él la mantiene con mucho vigor, con mucha calidad. Faustino utiliza las formas del son que se usaban antiguamente, los montunos, sobre los cuales se improvisaban cuartetas y décimas”.

 

Después del triunfo revolucionario de 1959 la vida artística de El Guayabero tomó otros rumbos y su música comenzó a ser escuchada en distintos lugares, más allá de guardarrayas y bateyes en tiempos de zafra. En todas partes la gente reía con su ingenio y picardía, con sus contagiosos tumbaos y su peculiar y pulcra estampa. Al margen de sus peculiaridades era una rara avis: la inmensa mayoría de los veteranos se había retirado y la nueva trova iniciaba su plenitud, no obstante Silvio Rodríguez, Noel Nicola y sobre todo Virulo, Pedro Luis Ferrer, Pablo Milanés y Frank Delgado no solo le muestran respeto y admiración, sino que tienen su quehacer entre las referencias de lo trascendente. Algo similar expresan figuras y agrupaciones soneras como La Revé, Estrellas de Chocolate e Ibrahím Ferrer con Los Bocucos, entre otros que realizan valiosos registros fonográficos de sus composiciones. El propio Pablo ha dicho: “El Guayabero imprime una ternura especial como pocos, en tanto cultor de la picaresca. Él proyecta como nadie la cubanía de su verso y lo hace con bastante maestría”.

En 1981 se inauguró el cabaret El Rincón de El Guayabero en Holguín. En los altos le asignaron a él y a Moraima, su última compañera en la vida, un apartamento en el que puso fin a su larga residencia en hoteles, pero no del todo a su vida itinerante y bohemia. Dicen que ya no tomaba tanto como antaño, salvo en contadas ocasiones, sobre todo cuando tenía visitantes ilustres, entre ellos el español Santiago Auserón, fundador y líder de Radio Futura, una de las agrupaciones más sobresalientes en toda la historia del rock ibérico. Auserón devino en uno de los más importantes promotores de su obra y precursor del boom que posteriormente tendría en su país la música tradicional cubana y en el que, sin dudas, el holguinero se convirtió en un artista de culto, como demuestra el gran homenaje recibido en 1994 en Sevilla, el museo Santa Palabra inaugurado en 2005 en Calasparra, Murcia, así como la acogida de sus discos y giras.

Durante su primera estadía, en 1984, Auserón compró el disco de Faustino que acababa de recibir el premio Egrem y quedó impresionado, tanto que al realizar en febrero de 1992 la antología Semilla de son, lo invitó junto a algunos de sus músicos. En España causaron una gran sensación con esa gracia en el decir y sus peculiares tumbaos.

Ese disco, producido por Auserón para los sellos BMG–RCA con grabaciones de Benny Moré, el Trío Matamoros, Celia Cruz, Septeto Nacional y otros solistas y agrupaciones de leyenda que atesora la Egrem, incluyó “Como baila Marieta”, pieza que le granjeó al holguinero una extraordinaria popularidad entre los españoles que aún vivían los efectos del culto a la sexualidad, el “destape,” la llamada “movida madrileña”, el despegue de la obra del cineasta Pedro Almodóvar y credos estéticos inusuales e irreverentes.

En la Casa de la Trova, que fue rebautizada con su nombre en el 2002, al igual que posteriormente el Centro de la Música y los Espectáculos, en parques y plazas, iban a su encuentro Frank Delgado, los dúos Postrova y Buena Fe, Fernando Bécquer, Tony Ávila, el Trío Enserie y músicos procedentes de diversos países, como el guitarrista flamenco Tomatito.

A inicios de 1994 se le presentaron serios problemas de salud que llevaron a la decisión de amputarle la pierna derecha y a pedirle que realizara un período de descanso como exigían las circunstancias. Pero tras la implantación de la prótesis, realizada el 15 de julio, partió rumbo a Sevilla, Andalucía, al Primer Encuentro del Son y el Flamenco, evento que le tributó uno de los más impresionantes homenajes en su vida.

De Sevilla ´94 el trovador-sonero siempre guardó gratos recuerdos, como fue la visita a la tumba de Antonio Machín, embajador permanente de la música cubana en España e intérprete de “El Tumbaito”, su primera composición en traspasar océanos y que en 1995 fue reeditada en formato CD en antologías del cantor cubano oriundo de Sagua La Grande.

A los agasajos por sus 90 años se sumaron instituciones, eventos y provincias. Entre ellas el XII Festival Internacional Benny Moré en Cienfuegos, la Uneac, la cual le entregó la condición de Artista de Mérito, el Centro Nacional del Humor que lo galardonó con su Premio Nacional y Cubadisco, que le dedicó su edición del 2001, junto a los 110 de Oscar Hernández, los 145 de Pepe Sánchez y los aportes de la trova a la música cubana. Grabaciones discográficas suyas o sones de su autoría en otras voces, continuaban recorriendo el mundo y ubicándose entre los preferidos en la revista Billboard, los Premios Grammys y listas de éxitos de países como España y Estados Unidos.

“Faustino Oramas es el último representante de aquella generación de soneros que vivieron de la música y para la música, y supieron transmitir a su obra la idiosincrasia del cubano, que siempre se reconoce en las canciones de este juglar oriental. Y, como juglar al fin, El Guayabero vive y disfruta la bohemia. Con el tres debajo del brazo, siempre está dispuesto a cantar en escenarios o parques, en bares o bateyes, donde quiera que haga falta la alegría, porque Faustino Oramas es la alegría de su música, y su público son todos los habitantes de esta, su ínsula querida y natal”, subraya otro de sus admiradores y además, un investigador de la música cubana, el Premio Nacional de Literatura Leonardo Padura, en las palabras de contraportada del disco El Guayabero (Egrem, 1996).

A inicios de marzo del 2007 fue ingresado en el hospital provincial Vladimir Ilich Lenin. Diez días después fallecía uno de los patriarcas de la trova y el son, el último juglar de la tradición cubana… Sus restos fueron objeto de homenaje en La Periquera: allí se colocaron setenta ofrendas florales enviadas por relevantes personalidades e instituciones de Cuba, entre ellas el General de Ejército Raúl Castro, Silvio y Pablo, el Instituto Cubano de la Música… No faltó tampoco la presencia de notables colegas y discípulos del juglar, como Eliades Ochoa, Pancho Amat, Tiburón Morales y Cándido Fabré.

En algunos tramos del recorrido hasta el viejo cementerio local, la comitiva fúnebre realizó paradas para que sus compañeros músicos interpretaran sus temas, un puñado de sones que lo habían convertido en el más universal de los músicos holguineros y en el más sui generis de nuestros juglares, ese que se subió al “tren de la vida” para siempre.

 

 

Holguín, eterna fiesta del títere

Por Erian Peña Pupo

Foto Carlos Rafael

Holguín es una de las capitales artísticas en Cuba, y también, en determinado momento del año, casi siempre a finales de mayo e inicios de junio, la capital del títere cubano, pues es anfitriona de la Fiesta del Títere, evento que nació desde el Teatro Guiñol de Holguín y es organizado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la Uneac.

La Fiesta surgió, por iniciativa del director Miguel Santiesteban, fallecido en 2012, con el objetivo de llevar a las comunidades rurales holguineras el arte titiritero en su expresión original, en contacto directo con los espectadores. Así visitaban varias comunidades rurales del municipio cabecera y otros cercanos, llevando a los niños, por primera vez, el arte de la manipulación del títere y sus misterios en una fiesta del espíritu.

Como es tradición, la Fiesta inicia con un desfile inaugural que marca el punto de partida de una jornada festiva para los niños y los amantes del teatro en sentido general.

En ella se han presentado reconocidos grupos teatrales invitados y holguineros: Andante, Océano, Teatro sobre el camino, Guiñol Nacional, Grupo Ríos, Alas, Palabras al viento, Neón Teatro, Títeres Eclipse, Tocororo, y los anfitriones del Guiñol de Holguín, quienes han estrenado varias de sus más importantes obras en días de la Fiesta. Además, el evento ha posibilitado intercambios, exposiciones, conversatorios y talleres.

Compartimos dos momentos de ediciones pasadas, con el objetivo de recordar este importante espacio del desarrollo teatral no solo en la provincia, que es la Fiesta del Títere.

Ay Margarita…

En los corredores del Eddy Suñol, el grupo Teatro Andante, de Bayamo, Granma, presentó la obra Ay Margarita. Los niños fueron llegando, las personas rodearon a los actores de Andante con su “fábula para ser contada y cantada musicalmente”, interpretada por los jóvenes actores Dailín Anaya, Roque Figueredo y Julianner Suárez Vázquez; este último Premio Caricato de Teatro Infantil 2014, en la categoría masculina, además del Premio de actuación Adolfo Llauradó que otorga la Uneac. La dirección artística y general del espectáculo fue del reconocido director Juan González Fiffe.

Ay Margarita –o La loca aventura e increíble historia del caballero que conquistó su luz, nos dicen los actores– es una obra compleja desde la propia articulación del texto, el trabajo actoral, el cambiante vestuario y la utilización, además, de instrumentos musicales (guitarra, percusión y trompeta) y la tonada campesina en su confección. Es una excelente pieza, propia del trabajo que caracteriza Andante y de la impronta de su línea estética en el teatro contemporáneo cubano. Así vemos diferentes personajes que conforman la campiña insular: una vaca, una lechuza, un cerdo, una cotorra, un gato, los cucarachones… y un cocuyo, protagonista de esta fábula de Andante: un cocuyo que, al llegar la electricidad al campo, perdió su luz natural, su identidad, pero no su esencia… Con el trasfondo de una historia de amor, Ay Margarita nos cuenta sobre la defensa de la identidad y el rescate de valores cubanos desde una trama divertida que, además, hace partícipe todo el tiempo al público infantil desde un “arte vivo” en constante evolución y crecimiento. Y realiza, además, guiños con su lenguaje a los adultos, al tratar sutilmente temas como la disponibilidad laboral, las relaciones políticas…

Quico Quirico: Armando Morales y el Guiñol Nacional

Varios niños esperan, ansiosos, el inicio de la función. Son niños de escuelas cercanas, traídos por sus profesoras… “Cuidaíto, compay gallo, cuidaíto”, en voz del inmortal Ñico Saquito, se esparce por el portal de la biblioteca provincial “Alex Urquiola”, a manera de necesario preámbulo para la obra “Quico Quirico”, del Teatro Guiñol Nacional.

“Quico Quirico” –basado en un texto de la escritora Dora Alonso– es una obra necesariamente minimalista desde su propia concreción y puesta en escena por el Guiñol Nacional, bajo la dirección del maestro Armando Morales. Una obra inteligente y compleja que pone en evidencia el talento actoral y aprovecha, además, la utilización de los espacios públicos y la interacción constante con los niños, desde del legado del Guiñol Nacional, fundado el 14 de marzo de 1963 por los hermanos Camejo, Pepe Carril, y el propio Morales…

La puesta es un llamado a la no violencia y a la defensa de los valores humanos desde una fábula ambientada en la campiña cubana: la historia de Quico Quirico (Fernando Gallardo), un gallito que quiere ser famoso, salir en los periódicos y ganar dinero, y que es convencido por el cerdo Goyo gorrón (Roberto Carmenate) de participar en las sanguinarias peleas de gallo para enriquecerse… “Entre cafés y cocimientos de jazmín de cinco hojas, se clamará en contra de los aprovechadores y de los malos caminos que pueden tomar los ingenuos que solo piensan en la fama y el dinero. Los nombres rimbombantes de los personajes y los arranques criollos de los parlamentos, dan fe del encanto cubano que logra Dora al escribir para los pequeños”, escribe Rubén Darío Salazar en su libro Un retablo en el Monte.

Son partícipes en la historia, además, los personajes Pomponia (Grethel Socarrás), gallina madre de Quico; la vaca Floralia (Beatriz Soto), y el búho Don Floro, por el propio Armando Morales, de quien, además, es el diseño escénico, el vestuario y la creación de las figuras de la puesta…

“Esta obra denuncia el deporte rentado. En cuanto al formato utilizamos el títere de guante, pero donde el actor debe, de cierta manera, neutralizarse, pues el personaje no es el actor, es la figura animada. Es muy fácil ocultar al titiritero detrás de un biombo o un retablo, pero aquí no, aquí tiene que verse cómo, de pronto, la intérprete que hace la gallina Pomponia suelta el muñeco y, por supuesto, el muñeco se queda sin vida…”, explica Morales.

“Para mí el teatro no es lo que cuento, sino cómo lo cuento… cómo rescatar las leyes de la titeralidad, lo que puede hacer el títere que no lo puede hacer el actor… Este es un público que no necesita de telones negros, sino volver a ciertos orígenes del teatro popular y esto es para cualquier actor un suceso de primera importancia. El teatro de calle es fundamental, es volver a los orígenes…”, añade finalmente Armando Morales, Premio Nacional de Teatro y una de las figuras imprescindibles del teatro cubano y del arte titiritero mundial, lamentablemente fallecido cuando aún podía enseñarnos mucho.