
Por Lissett del Carmen Creagh Frometa (Licenciada en Historia del Arte y promotora en el Centro Provincial de Artes Plásticas).
Cuando se habla de arte popular en Cuba sin duda alguna Blanca Rosa Chacón está presente. Madera que pasaba por sus manos dejaba de ser un simple pedazo de palo para cobrar vida con la incansable creatividad de la escultora. Desde el pasado 20 de julio y durante todo el mes de agosto el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín exhibe, en su Sala Transitoria, la muestra antológica Por siempre Rosa.
Con instrumentos tan disímiles como inimaginados para lograr tal perfección, Blanca Rosa conseguía reflejar hasta el más mínimo detalle en sus figuras, sorprendiendo a todo el que se acerca.

Desde las más genuinas tradiciones del país, nuestros antepasados (aborígenes y esclavos), el trabajo campesino —ya poco común en nuestros campos—, ese vecino que todos conocemos y personajes habituales de nuestra realidad, incluso conocidos mundialmente, podemos encontrarlos salidos de las manos incansables de la talladora. Escenas populares que cuentan una historia. Está presente el tradicional retrato familiar de la pareja recién casada con la voz de la experiencia a su alrededor, la abuela que, desde detrás del pilón, siempre tiene listo el café para todo el que llegue de visita, la que se abre camino en las noches con el candil encendido en una mano y un bastón guía en la otra, el conjunto musical que ameniza el guateque campesino junto a la pareja de baile que defiende el zapateo al compás de la música y hasta el gran Hidalgo y su fiel escudero en busca de molinos por los campos cubanos, todas las figuras con un nivel de perfección tal que no creeríamos que son esculturas de una artista sin escuela, su academia fue la persistencia y el amor puesto en cada trabajo.

Es su casa, en el poblado de Uñas, municipio holguinero de Velasco, una gran exposición de sus tallas, tan queridas como si de hijos se tratara, donde posó sus manos también en la decoración, apreciándose la unión de lo utilitario con el toque exclusivo de su autoría (desde el umbral de la entrada hasta camas, lámparas y tapas de enchufes). De estas se lograron trasladar hasta el Centro de Arte solamente 33 esculturas de madera doblemente preciosa (pues la escultora trabajaba sobre todo la caoba, el cedro, el roble y la majagua azul) que transpiran sencillez, la misma que representa al campesino y que es fruto de las manos creadoras de Blanca Rosa (Tomado de http://cnap.cult.cu/noticias-arte-cubano/las-manos-prodigiosas-de-blanca-rosa/).




















El uso prolongado de las lámparas y mesas quirúrgicas del salón de operaciones del hospital general universitario Vladimir Ilich Lenin, propició que varias de ellas quedaran inhabilitadas por desperfectos o roturas.

