Iluminaciones de Víctor Manuel Velázquez

 Por Erian Peña Pupo

Iluminaciones, exposición que reúne dieciséis piezas del artista visual Víctor Manuel Velázquez Mirabal (Holguín, 1980) realizadas en su mayoría durante la Covid-19, se exhibe en el Hotel Ordoño, como parte del XVI Festival Internacional de Cine de Gibara. 

La obra de Víctor Manuel recuerda esa confluencia borgeana de la que he comentado en otros textos: coincidencia de escenarios, tiempos, contextos, personajes, lugares, objetos… en las posibilidades confluyentes de un mismo espacio (su pintura). Su imaginación fructífera, neobarroca, desbordante, desemboca –como si una de sus islas ebrias, como el barco de Rimbaud, encontrara playa segura para su viaje errante– en el lienzo y en los múltiples soportes que, en búsquedas más recientes, han definido también su trabajo, pues Víctor Manuel sabe, como el gran argentino, que “todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten”, y que estos símbolos van armando una cosmovisión tan peculiar como imprescindible para recorrer su obra. Adentrarse en Iluminaciones, con la seguridad del constante descubrimiento en cada pieza –estableciendo diálogos, muchas veces más sutiles, otros más complejos, pero siempre enigmáticos, interrogativos, sui generis, para nada gratuitos, entre autor/obra/receptor–, es adentrarse en un entramado de símbolos que conviven en estas piezas, que se entrecruzan y cobran autonomía, como parte de ese cuerpo mayor, el cosmos de su poética. 

El precio –escribió el propio Víctor Manuel en las palabras del catálogo– es renunciar a la cordura. “La certeza de que no siempre vas a lograrlo –dice– hace de ti un obrero distinto, un ser incompleto, un huérfano, sabedor de que una parte monumental de tu hechura caerá a la espiral del olvido. No pintarás para siempre. La musa vendrá un rato junto a ti, y luego eso será todo, tu breve racha ganadora habrá terminado”. Víctor Manuel experimenta con la acuarela, una difícil técnica que defiende aunque explore otras; y aunque insiste en decir que cada día aprende más y se le abren nuevas posibilidades con ella. Cada mancha, cada fluctuación del agua y del color sobre el soporte, cada línea huidiza, dan cuerpo a disímiles criaturas, seres que emergen de los laberintos de su imaginación y se corporizan. Dentro del caos, florece el árbol, reverbera la luz, escapa el ave, nace la isla… y un universo ilusorio y mágico (y no por ello menos real); un sitio de entrecruzamientos culturales de múltiples honduras, resultado de complejas búsquedas (literarias, artísticas, espirituales) primero como ser humano, y por consiguiente, como artista plástico. “Envanecido, en mi ambición quise crear absurdos como la nostalgia, el coraje, el deseo, chisporroteo de locas ideas bullendo por salir al unísono, desordenado canon carcajeándose en capital estampida… De eso parecen tratar estas piezas: un ermitaño dios antediluviano que vocifera un cuento susurrado, cual nana para el valiente que se hace a la osadía de pintar”.

En sus cuadros hay también cierta narratividad… Muchos “cuentan” historias, contienen “relatos”… Una mancha: un rostro. Un trazo: la amplitud de posibilidades. Aves, peces, ramas, frutas, caballos, perros, gatos… pueblan su obra. A la constante zoomórfica, se suman personajes como salidos de los más fantasiosos libros de caballería o de bestiarios medievales (o las maravillas que encontró Yambulo en su viaje por las Islas del Sol). Un carnaval de figuras acoplándose, ganando espacio, surgiendo de la nada… Barcas como islas, islas como carretas, cáscaras de nuez a la deriva, torres y ciudades emergiendo del aire… Objetos de múltiples naturalezas, simbiosis de mundos posibles que parten, varias veces, de referentes literarios, incluso que desde el título anclan la obra: desde Cien años de soledad, de García Márquez; La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier, inspirada en el ballet de Ígor Stravinski; Extracción de la piedra de la locura, conocida obra de El Bosco, pero también motivo de un poemario de Alejandra Pizarnik, hasta El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgakov. En otras obras, símbolos de cubanía, retazos de identidad, memoria y nostalgia que han alimentado su paso por los años, conviven con los referentes clásicos. 

 

Del 2 al 8 de mayo ¡estamos en Romerías!

Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Fotos Archivos CCCLaLuz y carteles del evento 

Con un concierto pre-inaugural protagonizado por la Orquesta Sinfónica de Holguín, bajo la dirección invitada de Joaquín Betancourt, Premio Nacional de Música y Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), iniciará este lunes dos en Holguín la XXIX edición de las Romerías de Mayo, fiesta grande de la vanguardia artística en Cuba. 

El Festival Mundial de Juventudes Artísticas, que se extiende hasta el ocho con un variado programa de actividades, regresa de manera presencial luego de dos años, debido a las situación epidemiológica por la Covid-19, y dedicará sus jornadas al 65 aniversario del asesinato de los hermanos Sergio y Luis Saíz Monte de Oca, y al arte joven como temática general, comentó el escritor Norge Luis Labrada, presidente de la AHS local.

El Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, considerado la columna vertebral de la cita, contará con una conferencia inaugural de José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia 2018, explicó Luis Felipe Maldonado, al frente de su comité organizador. En esta ocasión, el certamen de pensamiento e investigación asume como temática principal “La cultura cubana en medios digitales”, sumando a delegados de varias provincias en conferencias, mesas paneles y debates; en su última jornada se otorgarán los Premios Memoria Nuestra en Investigación y Proyecto Sociocultural, así como dos Premios de Honor. 

Babel, espacio de las artes visuales, estará dedicado a la crítica de arte y homenajeará la impronta del investigador, profesor y crítico holguinero Ramón Legón; además se realizarán varios proyectos curatoriales en diferentes espacios. Destaca una muestra de litografías de Rafael Zarza, Premio Nacional de Artes Plásticas 2020, destacó Josvel Vázquez, al frente del evento. Mientras que Liset Prego, quien asume la organización de la parte de Literatura, señaló que Palabras compartidas celebrará los 25 años de Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y el centenario de la poeta Carilda Oliver Labra, por lo que se presentará el audiolibro Territorios en conflictos. Una mentira de la luna, homenaje de poetisas holguineras a Carilda, y el título Paquidermo, de José Luis Serrano, recordando el primer texto publicado por este sello hace 25 años, Bufón de Dios, del propio autor. También se desarrollarán paneles y lecturas de narrativa y poesía con miembros de la organización joven en Holguín e invitados de varias provincias del país. 

Por su parte el certamen Cámara Azul, que reúne a jóvenes realizadores del audiovisual, dedica sus espacios a los 30 años de la Televisión Serrana y al centenario de la radio cubana. Tendrá proyecciones, paneles, conversatorios y debates con Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio, Amílcar Salatti, guionista de la serie Calendario, y Carlos Rodríguez, realizador de TV Serrana, subrayó Aniel Santiesteban, organizador de esta cita.

Mientras que desde las artes escénicas se recordará el 50 aniversario del Teatro Guiñol de Holguín y la obra del artista santiaguero Alcides Carlos González (Titi), fundador de las Romerías y director del proyecto Ojos. Las jornadas contarán con varias compañías, entre ellos el Guiñol Polichinela, de Ciego de Ávila; el Ballet Folklórico de Oriente; la Compañía de Danza Contemporánea Codanza; y el Grupo Humorístico Etcétera. Mientras que Raíces, espacio que promueve el sistema de Casas de Cultura, homenajeará al promotor cultural mayaricero Clinton Allen Edwors, Premio de Cultura Comunitaria, y al grupo anglo caribeño Rescat, fundado por Allen; este evento se distinguirá por la presencia de agrupaciones que defienden el legado y la mezcla de culturas. 

Musicalmente estas Romerías de Mayo contarán con las sonoridades de los intérpretes Ivette Cepeda, Polito Ibáñez, David Blanco, Nasiri Lugo y Moneda Dura; a su vez el espacio de trova tiene como invitados a Augusto Blanca, Fernando Cabreja, Raúl Prieto, Manuel Leandro Sánchez y Rey Montalvo. Mientras las Rockmerías, el evento de Hip Hop y las Electroromerías, se dedicarán especialmente a Ernesto Hidalgo Meriño (Tiko SK8), Dj productor recientemente fallecido y fundador de este último espacio. Por su parte La esquina del jazz destaca con las presentaciones de Joaquín Betancourt, Giraldo Piloto, Carlos Millares, Julio Avilés, César Gutiérrez, el Holguín Jazz Ensamble, Norberto Leyva, entre otras agrupaciones y solistas que, mayormente, distinguirán las noches en Romerías. 

 

Colección antológica de Roy González en la UNEAC de Holguín 

Por Erian Peña Pupo 

Fotos del autor 

El ojo de Roy González Escobar sabe “captar esencias a golpe de pincel hundido en las abstracciones insondables o en el fotograma que nos ilumina asuntos nunca revelados por otros colegas”, apunta el antropólogo José Millet en el catálogo de la exposición Colección antológica de este artista, expuesta en la galería Fausto Cristo de la UNEAC de Holguín. 

La mirada abstracta –como bien escribe Millet– circunscribe la obra de González Escobar, que conocíamos de exposiciones colectivas –incluidas algunas dedicadas a la abstracción en Holguín– de la propia UNEAC y de la filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales en la provincia. 

“La clave simbólica que orienta su obra multidisciplinaria está en la Naturaleza virginal, cuyos pétalos y caminos nos arrastran a mundos encantados donde el duende y otros “encantos” sorprenden en la poza con su música y su flauta tocada por el jigüe”, escribe Millet. La suya es una “abstracción tropical”, de formas voluminosas y sinuosas, carnales, que dan paso a la sensualidad y a un desborde de colores vivos, calurosos, con una vigorosidad retadora y por momentos vegetal, prístina, que hace de lo natural punto de partida.

En la muestra encontramos obras –todas en acrílico sobre lienzo– como “Fuerza y color”, “Muestra de colores”, “Contaminación”, “Descarga en verde”, “Explosión”, “Naturaleza, color y mujeres” y “Fuerza y colores”, que nos subrayan desde el propio título la importancia del color –y sobre un grupo de colores específicos– en la obra de Roy González.

¿Qué la distingue?, se pregunta Millet. Pues “su afán sin frenos de búsquedas, a partir de la mirada del niño en el suelo fértil de la Alcalá rural. Para Roy, el órgano reproductor de la flor es el signo de la fecundidad, de la Madre naturaleza donde transcurrió la infancia. Aquella energía dejó marca imperecedera, visible en la sencillez y el modo de captar y recrear cada objeto que toca con el lente de magias iridiscentes o enfoca con el pincel. Por eco el cielo se desdobla en arco iris con la luz del trópico y colorea el espacio virtual que se adentra en el cuerpo y estremece el alma. En obras con predominio de abstracción, anida el efecto de sus seres queridos, entrañables”, escribe a propósito también de las fotografías que componen Colección antológica: “Naturaleza muerta”, “Martí” y seis obras sin título, analógicas y digitales, donde su mirada busca elementos que rondan lo abstracto y que, además, prefiguran sugerentes metáforas visuales de la realidad. 

 

“Pocos pueden preciarse de haber cambiado la perspectiva del ojo que apresa lo inasible y, solo los elegidos, la mirada para iluminar el tortuoso camino de la creación y Roy se encuentra entre los elegidos y lo evidencia la presente muestra antológica del largo quehacer artístico con lauros que enaltecen al pintor, al grabador, al fotógrafo y al educador profesional de varias generaciones de educandos y de artistas”, concluye José Millet al presentar una exposición con curaduría y museografía de Danilo López Garcés y dirección de Rolando Salvador Pavón, y que se exhibe por un mes en la UNEAC de Holguín (Publicado en la web de la Uneac).

 

Configurando catacumbas: el enterramiento

 Por Lilian Sarmiento Álvarez 

Fotos de la autora

La lápida tapó el foso justo antes de las 8:20. Debajo quedaron sepultadas botellas con fragmentos de grabado, retazos de tela bordada y cabellos, litografías , pequeños ensamblajes de chatarra reciclada. Sobre la piedra, el futuro: veinte años a partir de este 2 de marzo transcurrirán hasta que la obra de los once artistas holguineros participantes en la XIV Bienal de La Habana sea exhumada de las catacumbas.

Desde el último día de febrero el Centro de Arte exponía las piezas que conformaron el proyecto colectivo «Configurando catacumbas (Mundos soñados)». La confluencia artística de la danza, la música y las artes visuales inició este camino que no concluye con la acción performática del enterramiento, sino que pretende trascender en el imaginario de la ciudad.

La proyección hacia el futuro juega también con el deseo de que el arte permanezca, a pesar de las circunstancias. Para Lidisbelis Carmente, su arte terapia recordará la lucha titánica contra una enfermedad como el cáncer; el joven Christian Escalona medirá la evolución del paisaje a partir del impacto de diversos elementos; la conceptualización del ser humano que Alexander Hernández Dalmau articuló dentro de su botella, quedará como una síntesis de la creación escultórica de este artista que no pretende traicionar sus esencias.

Bajo la prédica de que el fundamento de todo está en el cambio incesante, Ramiro Guerra fraccionó sus grabados en 900 piezas que conformaron la obra «Esperando Heráclito». En la botella quedaron unas pocas, otras fueron ofrecidas al público en otro intento por perpetuar la memoria artística recurriendo a la sensibilidad del espectador. 

Cuando se abrió la valija de madera confeccionada por Luis R. Silva,  el autor del polémico «Fruto» situado en la intersección de las calles Maceo y Martí, y la «Semilla» expuesta en la ezplanada de La Punta, cada uno de los autores fue colocando su botella en el interior, un performance que se antojó ritual, casi sagrado, por su carga simbólica.

Allí quedaron juntos los trazos de Ronald Guillén reflejando los conflictos raciales y la exploración del mundo afrocubano de Jorge Hidalgo Pimentel. Juntos la polifonía policroma de José Emilio Leyva y los lienzos manufacturados de Freddy García Azze.

Yuricel Moreno, directora del Centro de Arte, había dicho que «Configurando catacumbas constituye una permanente activación simbólica que tendrá cierre en el futuro, lo cual bosqueja su mayor incógnita. Las obras recorren un amplio abanico temático. Testimonian la pluralidad del pensamiento artístico contemporáneo que interactúa en un espacio-tiempo históricamente situado (…) Los mensajes revelan las discordancias de una etapa llena de amenzas en la cual se insiste en recuperar, de alguna manera, la idea de un futuro habitable para todos».

Solo resta esperar la llegada de ese futuro, y esperarlo como se espera algo nuevo.

 

Arte con mirada al futuro

 

Por Lilian Sarmiento Álvarez

Fotos de la autora

La XIV Bienal de La Habana ha suscitado opiniones diversas incluso antes de haber comenzado. Por estos días, el espíritu creador del evento llega hasta Holguín, donde se exponen obras de once artistas reunidos en el proyecto “Configurando catacumbas (Mundos soñados)”. La muestra, inaugurada este 28 de febrero en el Centro de Arte de la ciudad, tampoco ha escapado a la polémica alrededor de la estética y los conceptos que defienden sus autores. 

Para arrojar luz sobre algunas cuestiones relacionadas con la creación artística y su consumo durante esta etapa de la Bienal, se desarrolló un debate teórico desde el Centro de Arte con la participación del artista Ramiro Ricardo y el Dr.C Alejandro Torres Gómez de Cádiz. El encuentro titulado “Futuro, arte y sociedad” invitó a la reflexión sobre la obra de arte en la posmodernidad.

Utopías versus distopía, optimismo sobre pesimismo y cómo se concibe el futuro del arte en el siglo XXI, fueron algunas de las disyuntivas planteadas por Gómez de Cádiz, quien aseguró “La narrativa posmoderna es pesimista”. Tal característica se ha heredado del siglo XX, cuando pintores, escritores, cineastas, representaron un futuro caótico y desesperanzador del mundo a partir del contexto histórico social en el cual se desarrollaron. 

Precisamente, Ramiro Ricardo apuntó hacia el carácter contextual del arte y citó: “La calidad artística no es objetiva sino contextual. La real calidad de una obra solamente puede ser percibida dentro de un conocimiento profundo del contexto al cual el objeto artístico fue destinado”.

Asimismo, habló sobre lo importante que resulta para el artista mantener la capacidad y la osadía de transformarse al propio tiempo que la sociedad y sus instituciones, “es lo que ha hecho posible que podamos estar hoy aquí y seguir haciendo arte”, señaló.

Tras un recorrido a través de la participación holguinera en la historia de la Bienal de La Habana, Ricardo destacó que “el artista cada vez más se ha visto obligado a hacer un acercamiento a lo sociológico, lo psicológico. El artista debe ser un arqueólogo que va a descubrir a través de su obra, en ese sentido gravita también la antropología, hay un sustento histórico-social en la creación”.

Muchos factores intervienen en el consumo y la recepción de la obra postmoderna. Sigue siendo el arte un campo restringido para algunos y condescendiente para otros, sin embargo, el debate apuntó hacia la concepción del arte como un proceso abierto, rechazando el carácter totalitario de la obra que se expone con un sentido único.

Al respecto, Gómez de Cádiz ahondó en el cisma que ha surgido creador-espectador, a partir del alto nivel de conceptualización de algunas obras y el nivel de percepción del público, influido por la adopción de narrativas deconstructivas y conceptuales más complejas, y el impacto de la cultura de masas. Una vez más se puso de manifiesto la necesidad de la crítica de arte no solo desde una perspectiva estética sino también educativa, así como favorecer los estudios de consumo desde las academias e instituciones culturales.

“Configurando catacumbas” está siendo una interesante oportunidad para evaluar estos fenómenos que, si bien no determinan la creación de nuestros artistas, sí impactan en la concepción, distribución y percepción del arte, en este caso, las visuales. Durante estos días las miradas se vuelven hacia la galería del Centro de Arte y sus inmediaciones, mientras obras como “Fruto”, de Luis Ramón Silva, recibe buena parte de las opiniones de transeúntes, internautas, visitantes y locales en la ciudad de Holguín.  Pudiera ser este un buen ejercicio para críticos, artistas e investigadores en aras de intentar resolver ese abismo entre el creador y su público que la posmodernidad parece acrecentar.

 

Didáctica del otro II en la Galería Holguín

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López

La muestra colectiva “Didáctica del otro II” quedó inaugurada en la tarde de este martes en la galería Holguín de la ciudad homónima, como parte de la 14 Bienal de La Habana, evento que se desarrolla en Cuba hasta el 30 de abril próximo.

Perteneciente al proyecto curatorial de arte abstracto “Libertad de espacio”, coordinado por el artista visual Ronald Guillén, el Centro Provincial de Artes Plásticas y el Centro Antonio Díaz Peláez, en La Habana, la exposición reúne la obra de 14 artistas del territorio que en su trabajo creativo desarrollan el abstraccionismo.

Con “Didáctica del otro II” los organizadores pretenden honrar la memoria histórica del arte abstracto en la ciudad, con la presencia de sus fieles ejecutantes y valiosas obras, muchas de las cuales pertenecen a la colección institucional del Centro de Artes.

De esta manera se exponen obras de artistas como Cosme Proenza, Eduardo Leyva, Freddy García, Juan Carlos Anzardo, Ronald Guillén y Nalia Martínez; así como los jóvenes creadores Aníbal de la Torre, Lidisbelis Carmenate y Mariannis Mirabal, entre otros.

El profesor universitario Jesús Javier Rodríguez Calderín, en las palabras de presentación de la muestra, enfatizó que esta constituye una manera de reverenciar a los imprescindibles que ya, hace más de un siglo, replantearon un nuevo status a la obra y que aún sigue siendo cuestionado desde la convivencia y la validez dialéctica de la unidad y lucha de contrarios.

En “Libertad de espacio”, con antecedente en la exposición “Todos abstractos”, participan 45 artistas vinculados a esta poética, quienes socializan sus obras desde las distintas plataformas digitales y en espacios físicos de Holguín y La Habana.

Entre las instituciones dispuestas para la visualización de las obras de reconocidos artistas cubanos que trabajan la abstracción se encuentra la galería Holguín y la Belkis Ayón, en la capital.

Además de este proyecto, desde Holguín se alista “Configurando catacumbas”, una iniciativa también insertada dentro de las jornadas creativas de la Bienal; y que pretende ser lo más fiel posible al planteamiento de futuro que propone este evento, al reunir a 11 artistas holguineros de diferentes generaciones y tendencias.

Desde su fundación en 1984, la Bienal de La Habana es uno de los eventos de artes visuales más importantes en el país, organizada por el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, reúne obras de creadores de diferentes naciones, bajo un criterio curatorial que tradicionalmente se ha enfocado en temas, sobre todo, de países latinoamericanos y del tercer mundo.

Caprichos de cristal y arena de Enrique Díaz Gelpi

Por Erian Peña Pupo

Fotos Facebook del Fondo Cubano de Bienes Culturales de Holguín

La galería El Zaguán, del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) en Holguín, expone Caprichos de cristal y arena, trece obras en óleo sobre lienzo del artista Enrique Díaz Gelpi.

Las piezas –tituladas con determinados horarios del día, como 8:23 am, 4:45 pm y 9:00 pm– exploran “los temas eróticos desde lo romántico, alejado de lo vulgar”, asegura el autor. 

“A diferencia de la mayoría de otros métodos de medir el tiempo, el reloj de arena representa concretamente el tiempo presente como el algo que existe entre el pasado y el futuro, y ha hecho que sea un símbolo perdurable del tiempo mismo. Puede verse como lo efímero de la existencia humana”, escribió en las palabras del catálogo, a propósito de las metáforas visuales que relacionan el cuerpo con el tiempo y particularmente con el reloj de arena y que aprovecha Gelpi, la artista Rosa Leticia Leyva Azze. 

Los cuerpos femeninos, sensuales, lascivos, mayormente jóvenes, de Díaz Gelpi se ofrecen a la mirada atrevida y escudriñadora, al ojo mayormente masculino que rasga las telas y desentraña las poses sugestivas, carnales. Son obras que no sugieren “sino que expone totalmente el torso, el pubis, los glúteos, ocasionalmente aparece el cuerpo cubierto por alguna vestidura dejando entrever partes del mismo, imágenes que pueden pasar como obscenas o transgresoras”, asegura Leyva Azze. “Partiendo del academicismo sin llegar a serlo, desarrolla una serie de obras de este tipo que prolifera en buena medida debido a su cada vez mayor aceptación social y al ser un gran reclamo para la gente, como esta adicción al amor lascivo, con cierto componente morboso y perturbador, explorando sin reparos lo más profundo del ser humano, la fantasía sexual, los juegos eróticos, roce, gesto, insinuación, autocomplacencia, el ritual de los espejos, vuelve esclavos y cautivos a aquellos que no apartan la mirada sometida y libidinosa”, añade. 

Con curaduría de Danilo López Garcés y abierta al público este 14 de febrero, en coauspicio con la UNEAC holguinera, en la Galería El Zaguán, ubicada en la calle Frexes entre Luz y Caballero y Maceo, de la ciudad de Holguín, esta muestra es una oportunidad para conocer los caprichos de cristal y arena del artista como Enrique Díaz Gelpi.

Miradas desde la plástica a Martí en la UNEAC holguinera

Por Erian Peña Pupo 

Fotos del autor

La galería Fausto Cristo de la UNEAC en Holguín expone una selección de piezas de artistas holguineros, que se acercan desde diferentes miradas y aproximaciones a la vida y obra de José Martí, a propósito del 169 aniversario del nacimiento de nuestro Apóstol.

Con curaduría y museografía de Rolando Salvador Pavón, al frente de los artistas plásticos de la UNEAC, esta muestra reúne a creadores que se apropian de la figura del Héroe Nacional o de elementos de su obra literaria o política para –a partir de diversas técnicas, estilos y poéticas, desde la fotografía a la escultura– acercarse también a su impronta. 

A diferencia de años anteriores, donde la participación en el espacio que organiza la UNEAC cada enero, ha sido mayor –tanto en participación de los creadores como en calidad de las piezas presentadas–, la selección resulta más modesta, sin que ello signifique menos necesaria, sobre todo en la intensión de recordar y honrar la obra martiana. 

Si en la edición de 2021, obras de artistas más reconocidos como Eduardo Leyva, Julio Breff Guilarte, Alexander Hernández Dalmao, Dayamí Pupo Ávila, Freddy García Azze, José Emilio Leyva, Reyes Peña y Rosa Leticia Leyva Azze estuvieron en la exposición, este año –además de los bustos de Argelio Cobiellas y Lauro Hechavarría expuestos en 2021– encontramos piezas de Aníbal de la Torre Enrique Díaz Gelpi, Oscar García González, Julio Alarcón Marino, Eliecer Manuel Peña Pérez, Martha María Hernández Marino, Fernando Díaz Leyva, Rodolfo A. Marrero, Yovani García, Jorge A. Carmenate Fernández, Rolando Salvador Pavón, Alexander Andearena y Rogelio Iván Ricardo Méndez.

La muestra constituye un necesario homenaje, desde la plástica y sus posibilidades creativas, de los plásticos holguineros al más universal de los cubanos en su aniversario 169 (publicado originalmente en la web de la Uneac).

 

Conservar el patrimonio a través del coleccionismo institucional

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor 

Con la misión de promocionar y conservar el patrimonio de las artes visuales en Holguín, el Centro Provincial de Arte prioriza el coleccionismo institucional entre sus objetivos de trabajo, a través de la adquisición de piezas de artistas que integran nuestra vanguardia artística.

“Se hace cada vez más necesario fomentar el coleccionismo en las diferentes instituciones y no solo relacionadas con la cultura y sus procesos, pues proteger el patrimonio es deber de todos. Esto ayuda, además, a solventar el hecho creativo y al artista visual en tiempos tan complejos de Covid-19, donde han tenido que buscarse soluciones para continuar la creación y la promoción del arte holguinero”, asegura Lissett Creagh, especialista del Centro de Arte. 

De esta manera el propio Centro adquirió –tramitadas a través de la Filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales– una serie de obras de arte pertenecientes a creadores emblemáticos de la provincia, cuyo trabajo aún no poseía en los fondos de la institución, en dependencia de “la trayectoria del artista, la antigüedad de la pieza y sus cualidades estéticas”, comenta Lissett. 

Entre los autores fallecidos, ingresaron a los fondos del Centro de Arte dos obras sin título de Josefa (Pepa) Castañeda, pionera de la enseñanza artística en Holguín; “Paisaje con río”, de Argelio Cobiellas Cadenas, y “Los sembradores”, de Marcos Pavón Estrada. Además piezas de exponentes de la vanguardia artística en la provincia como Jorge Hidalgo, Luis Catalá, Julio Breff, Ramiro Ricardo, Magalis Reyes, Lázaro Reynaldo Rodríguez, Rosa Leticia Leyva, María del Pilar Reyes, Dayamí Pupo, Jorge Luis Cudina y Argelio José Cobiellas Rodríguez. 

Además, el Centro de Arte lanzó un calendario del 2022 –como realiza desde hace varios años, con obras de artistas representativos del territorio– con piezas pertenecientes a la colección de la institución, como parte de las celebraciones por su 30 aniversario, festejado en 2021: Pedro de Oraá, Cosme Proenza, Fernando Barquín Romo, Roberto Antonio Barzaga, Julio Ramón Serrano, Ifraín Uriarte Castellanos, Néstor Arenas, Arsenio Leoncio Labrada, Alexis Corsino Proenza, José César Sánchez Ramírez, Fernando Bacallao, Abdel López Cobiellas y Daniel Santos Rodríguez acompañan los diferentes meses con obras de su autoría. 

A este empeño por preservar la creación visual del territorio se suman otras instituciones locales, como la Casa de Iberoamérica, el Centro para el Desarrollo de Estudios Socioculturales, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la Dirección Provincial de Cultura (Publicado originalmente en la web de la Uneac). 

 

Muestra 30 años y más abre nuevo espacio para las artes visuales en Holguín

Por Erian Peña Pupo

Fotos Wilker López y Cartel cortesía CPAP

La muestra antológica 30 años y más, expuesta en los exteriores del Centro Provincial de Arte de Holguín, con gigantografías que recogen el trabajo de tres décadas de la institución, incorpora un nuevo espacio expositivo para las artes visuales en la oriental ciudad.

Este “es un proyecto que contribuye a recuperar la memoria de un quehacer que trasciende el de las artes visuales para expandirse hacia otras disciplinas de las artes y el pensamiento cultural, desde una céntrica esquina de la ciudad. Hoy extendemos el espacio galérico a su exterior, porque el arte no es patrimonio solo de quien lo busca. Ponemos a disposición de los transeúntes una galería al aire libre donde los artistas podrán mostrar, de otra manera, sus poéticas”, expresó Yuricel Moreno, directora del Centro.

Las gigantografías recogen momentos importantes del devenir del Centro en sus tres décadas: exposiciones de artistas como Pablo Picasso, Wifredo Lam, Oswaldo Guayasamín, Cosme Proenza, Nelson Domínguez, Flora Fong, Esterio Segura, Alberto Lezcay, Jorge Hidalgo, Tomás Sánchez, Carlos Rene Aguilera, Hilda Vidal, Peter Nadin, entre otros, muestras colectivas, eventos teóricos, talleres, dan cuerpo a estas imágenes.

Asimismo recorre espacios y muestras como el Salón de la Ciudad cada enero, el Salón Provincial, Babel, cita de las artes visuales en las Romerías de Mayo, Buscando a Electa y Taller 50.

30 años y más –destaca Yuricel Moreno Zaldívar– es una síntesis apretada de 30 años de trabajo del Centro de Artes Plásticas. “”Una institución que definió su imagen e identidad en los momentos más difíciles del contexto socio-económico del país, pero que no obstante a ello, supo integrar profesionales con la voluntad de aupar la obra de los artistas locales y recibir las más variadas propuestas estéticas de otras zonas del país y el mundo”.

“En este tiempo se ha trabajado mucho, lo cual no hubiese sido posible sin la relación dinámica, creativa y comprometida de los artistas. El Centro llega a la madurez de la juventud consiente de que los retos de hoy son mucho mayores que los asumidos a finales de los 80, cuando comenzaron los preparativos para concretar la institución”, añadió (publicada originalmente en la web de la Uneac).