Arte joven para la alegría

Mayo en Holguín es esperado no solo por esos refrescantes aguaceros que alivian el agobiante calor de nuestro eterno verano, sino por esos días que inician el quinto mes del año, devenidos en fiesta para el arte y la cultura nacional e internacional.

El quinto mes del año deviene en fiesta para el arte y la cultura nacional e internacional. Foto del autor

Si en la noche del día es común el chubasco que bendice esta tierra a los pies de la cruz, en la mañana del 3 es imprescindible el desfile Inaugural de las Romerías, ese que llena de alegría y juventud las principales arterias de la Ciudad de los parques.

En el periplo del símbolo aborigen de la modernidad a la tradición, el hacha petaloide es acompañada por varias generaciones de romeros que celebran cada año este recorrido, con dos momentos fundamentales, la parada en el Museo Provincial La Periquera, edificación insigne de este territorio nororiental, hasta su destino momentáneo en la cúspide de la Loma de la Cruz o Cerro de Bayado, otro de esos puntos emblemáticos de Holguín a los que recurrimos por una u otra razón los que nos visitan y, sobre todo, aquellos que aquí residimos.

Desde el Estadio Mayor General Calixto García Iñiguez partió esta colorida caravana por la paz y el arte para encontrar en La Periquera el espacio propicio donde cada mañana del 3 de mayo se ofrecen las palabras inaugurales de las Romerías, de manera especial en este 2022, regresando a la presencialidad luego de dos años convocada a través de las plataformas virtuales por motivo de la pandemia.

Sobradas entonces las ganas, los deseos de festejar acumulados para este añorado reencuentro que tuvo como eje central un icónico tema musical y, más aún, sin dudas un himno a la paz y por un mundo mejor, Imagine, de John Lenon. Bajo esta premisa del futuro promisorio que construimos, así como en ese reclamo a la paz mundial, se congregó parte de lo más representativo de  la cultura local y nacional, entre ellos la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, el Teatro Lírico Rodrigo Prats, la Compañía Folclórica La Campana, la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, además de varios solistas del catálogo musical de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Faustino Oramas, fusionados con el Consejo Provincial de Artes Escénicas y varias instituciones de la Cultura holguinera, incluido su enseñanza artística, para lograr la atractiva propuesta matutina a la que asistieron las principales autoridades políticas, gubernamentales y culturales de la provincia.

“Devolver a una ciudad parte de su memoria es también hacer el bien, es también útil y necesario conducir preñado por la acción…sacar a este cerro de su letargo es parte de nuestro sueño, asaltar estos últimos edificios de la modernidad…brindamos el hacha, el Hacha de Holguín es nuestro sueño, y hacerlo cada año aquí con ustedes, con los amigos de ustedes, oírlos hablar, es como los cerros, sus sueños, su hacha y su cruz. Pido un fuerte aplauso a la memoria de los hermanos Saíz, bienvenidos a Romerías, ¡Ya tenemos Romerías! ¡Viva Cuba y Viva el arte Joven!”, señaló en las palabras inaugurales Norge Luis Labrada, presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, organización rectora del Festival de Juventudes Artísticas

Desde el Estadio Mayor General Calixto García Iñiguez partió esta colorida caravana. Foto del autor

A la enseña nacional le sigue el hacha petaloide, entre ambas cientos de manos jóvenes, sobrada alegría y un motivo para alzar el símbolo holguinero hasta la insigne elevación nororiental; asciende a la tradición y con ella el Anfiteatro de la Loma de la Cruz se colma de música y ganas de disfrutar con el talento local que para la ocasión asume tal reto; son días para el arte joven, para la alegría.

Del 2 al 8 de mayo ¡estamos en Romerías!

Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Fotos Archivos CCCLaLuz y carteles del evento 

Con un concierto pre-inaugural protagonizado por la Orquesta Sinfónica de Holguín, bajo la dirección invitada de Joaquín Betancourt, Premio Nacional de Música y Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), iniciará este lunes dos en Holguín la XXIX edición de las Romerías de Mayo, fiesta grande de la vanguardia artística en Cuba. 

El Festival Mundial de Juventudes Artísticas, que se extiende hasta el ocho con un variado programa de actividades, regresa de manera presencial luego de dos años, debido a las situación epidemiológica por la Covid-19, y dedicará sus jornadas al 65 aniversario del asesinato de los hermanos Sergio y Luis Saíz Monte de Oca, y al arte joven como temática general, comentó el escritor Norge Luis Labrada, presidente de la AHS local.

El Congreso de Pensamiento Memoria Nuestra, considerado la columna vertebral de la cita, contará con una conferencia inaugural de José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia 2018, explicó Luis Felipe Maldonado, al frente de su comité organizador. En esta ocasión, el certamen de pensamiento e investigación asume como temática principal “La cultura cubana en medios digitales”, sumando a delegados de varias provincias en conferencias, mesas paneles y debates; en su última jornada se otorgarán los Premios Memoria Nuestra en Investigación y Proyecto Sociocultural, así como dos Premios de Honor. 

Babel, espacio de las artes visuales, estará dedicado a la crítica de arte y homenajeará la impronta del investigador, profesor y crítico holguinero Ramón Legón; además se realizarán varios proyectos curatoriales en diferentes espacios. Destaca una muestra de litografías de Rafael Zarza, Premio Nacional de Artes Plásticas 2020, destacó Josvel Vázquez, al frente del evento. Mientras que Liset Prego, quien asume la organización de la parte de Literatura, señaló que Palabras compartidas celebrará los 25 años de Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín, y el centenario de la poeta Carilda Oliver Labra, por lo que se presentará el audiolibro Territorios en conflictos. Una mentira de la luna, homenaje de poetisas holguineras a Carilda, y el título Paquidermo, de José Luis Serrano, recordando el primer texto publicado por este sello hace 25 años, Bufón de Dios, del propio autor. También se desarrollarán paneles y lecturas de narrativa y poesía con miembros de la organización joven en Holguín e invitados de varias provincias del país. 

Por su parte el certamen Cámara Azul, que reúne a jóvenes realizadores del audiovisual, dedica sus espacios a los 30 años de la Televisión Serrana y al centenario de la radio cubana. Tendrá proyecciones, paneles, conversatorios y debates con Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio, Amílcar Salatti, guionista de la serie Calendario, y Carlos Rodríguez, realizador de TV Serrana, subrayó Aniel Santiesteban, organizador de esta cita.

Mientras que desde las artes escénicas se recordará el 50 aniversario del Teatro Guiñol de Holguín y la obra del artista santiaguero Alcides Carlos González (Titi), fundador de las Romerías y director del proyecto Ojos. Las jornadas contarán con varias compañías, entre ellos el Guiñol Polichinela, de Ciego de Ávila; el Ballet Folklórico de Oriente; la Compañía de Danza Contemporánea Codanza; y el Grupo Humorístico Etcétera. Mientras que Raíces, espacio que promueve el sistema de Casas de Cultura, homenajeará al promotor cultural mayaricero Clinton Allen Edwors, Premio de Cultura Comunitaria, y al grupo anglo caribeño Rescat, fundado por Allen; este evento se distinguirá por la presencia de agrupaciones que defienden el legado y la mezcla de culturas. 

Musicalmente estas Romerías de Mayo contarán con las sonoridades de los intérpretes Ivette Cepeda, Polito Ibáñez, David Blanco, Nasiri Lugo y Moneda Dura; a su vez el espacio de trova tiene como invitados a Augusto Blanca, Fernando Cabreja, Raúl Prieto, Manuel Leandro Sánchez y Rey Montalvo. Mientras las Rockmerías, el evento de Hip Hop y las Electroromerías, se dedicarán especialmente a Ernesto Hidalgo Meriño (Tiko SK8), Dj productor recientemente fallecido y fundador de este último espacio. Por su parte La esquina del jazz destaca con las presentaciones de Joaquín Betancourt, Giraldo Piloto, Carlos Millares, Julio Avilés, César Gutiérrez, el Holguín Jazz Ensamble, Norberto Leyva, entre otras agrupaciones y solistas que, mayormente, distinguirán las noches en Romerías. 

 

La crítica cultural en Cuba, ¿para qué sirve el horizonte? 

Por Erian Peña Pupo

Texto leído como parte del Coloquio sobre arte holguinero, realizado por el Centro Provincial de Arte el 4 de abril de 2022.

ERNESTO: –Pero… ¿es realmente la crítica un arte creador?
GILBERTO: – ¿Por qué no habría de serlo? Trabaja con materiales y los pone dentro
de una forma a un tiempo nueva y deleitosa. (…) En realidad, yo llamaría a la crítica
una creación dentro de una creación.
Oscar Wilde

“Criticar es amar”, ese axioma martiano que tantas veces hemos usado para referirnos al ejercicio de la crítica en nuestros medios de prensa y su ineludible necesidad, está antecedido por otro igual de atractivo: “Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella”. Ambas cuestiones –señalar con noble intento y desvanecer con mano piadosa la sombra–, resultan baluartes necesarios en el acto de la crítica. 

Cuando pienso en la crítica cultural en Cuba en este momento, su estado y limitantes, me surgen, inevitablemente, más preguntas que respuestas. Más inquietudes que certezas. En una entrevista realizada en 2009, el narrador y dramaturgo Abilio Estévez comentaba: “Hace tiempo que no leo a ningún crítico cubano. (…) Y a propósito, ¿hay críticos cubanos?”. Aunque algo apocalíptica, la opinión de Abilio, de alguna manera existente también en parte del sector intelectual cubano, denota los vacíos y necesidad de un ejercicio crítico en el periodismo contemporáneo nacional, sobre todo el relacionado con las temáticas artístico-literarias. A pesar, incluso, de que la existencia de un pensamiento crítico en los medios de prensa en Cuba, y el estado de la crítica artística per se, han sido ejes de atención en diferentes congresos y eventos donde se estipula la política cultural e informativa del país, subrayando el papel esencial de la crítica artístico-literaria en la formación de la jerarquía y el gusto popular.

Pero todo tiene aquí su origen. En primer lugar está la Academia y sus programas docentes, donde muchas asignaturas que pueden tributar, primero a la formación de una conciencia crítica hacia la cultura y luego a pertrecharse de ciertas herramientas necesarias para ejercerla, son consideradas ancilares (género “ancilar” llamaba a la crítica el mexicano Alfonso Reyes). O sea, secundarias, no importantes, no necesarias, muy por debajo de las asignaturas propias de la carrera, a punto de existir algún reajuste en el plan docente serían las primeras en “irse”. 

Lo otro: vocación. Soy de los que cree en la importancia de la vocación y la preparación personal como antesala del ejercicio del buen periodista cultural, máxime de la crítica de arte. La Academia te puede dar estrictas referencias, las apoyaturas, pero la gestación individual es indispensable. No se puede escribir de cine, literatura, teatro, ballet… sin ir a las salas, a las galerías… Sin leer textos teóricos, sin imbuirse, de alguna manera, en los entramados del arte. 

Pongamos un ejemplo: Te gradúas sin mostrar ningún interés en la cultura. Desconoces el nombre de las compañías de teatro, danza, de los escritores o artistas visuales de tu ciudad… Jamás pisaste un teatro, ni escribiste del tema. Y al llegar al medio luego de graduado, por casualidad está vacante la “plaza de cultura”, por lo que la pasas a integrar y al tiempo ya eres “periodista especializado en cultura”. Es cierto, ya te aprendiste los nombres de las compañías de teatro y danza y de sus directores, ya sabes quiénes son los escritores y los pintores aunque no seas capaz de diferenciar un cuadro de un artista de otro… Un día te “atreves” y comentas alguna puesta, crees que ha escrito una crítica y se agudizan los problemas que venían desde antes. Entonces pululan los “maestros”, se van a la borda las jerarquías artísticas y todas las obras pasan a ser “maravillosas” y “excelentes”, por juicios determinados más bien por la cantidad de aplausos, los comentarios de pasillo o la opinión de algún entrevistado (el mismo artista). Eso sin hablar de las “facilidades” para la opinión que da Internet y sus “corta y pega” desmesurados, mucho más difíciles de detectar en la inmediatez que genera la televisión y la radio. 

Creo también que en muchos de nuestros medios no se “vuelve” sobre el hecho. Ya sea por la dinámica del mismo, el espacio de un periódico semanal donde volver luego de una semana al suceso ya no es de interés, o la propia preparación. Nos acostumbramos a ir a la conferencia de prensa o bien al ensayo, entrevistamos al director de tal obra y sobre estas impresiones escribimos una nota o bien una entrevista, casi siempre encomiástica. Luego sucede la función y la decepción invade al público, pero no se vuelve, no se retorna ni aunque la obra haya sido un éxito. Ya pasó y el público puede salir del teatro creyendo que vio la mejor puesta de su vida. Ese volver sobre el hecho artístico es tan necesario como ausente en mucha de nuestra prensa. 

Además están los medios y sus rutinas, todo enhebrándose en un complejo mapa problémico capaz de lastrar el ejercicio de la crítica de arte. Muchas veces se tilda –aun a estas alturas– el periodismo cultural como algo “fácil”, “bonito”, que no lleva tanta preparación, si al final una nota informativa o una entrevista “la hace cualquiera”. Es una visión reduccionista y empobrecedora. Por otra parte muchas de las normas por las que rigen su trabajo varios medios imposibilitan al periodista, aun con interés, de realizar este tipo de entregas. Aunque lo cierto es que no todos pueden ejercer bien el periodista cultural y aun así, ya ejerciéndolo, no todos pueden realizar la necesaria crítica artístico-literaria, por bueno que sean en la profesión.  

Acabamos –y no sé hasta cuándo vamos a seguir arrastrando esto– confundiendo sectorización con especialización. Quien “atiende” cultura –en varios medios más de una persona– no es un periodista especializado en cultura. El hecho de escribir para una página o sección cultural no te hace con conocimientos especializados, de la noche a la mañana, de un tema tan complejo y abarcador como la cultura, esa que para Graziella Pogolotti “engloba saberes, tradiciones, costumbres, modalidades de trabajo, la recreación, el deporte, la práctica de los oficios. La ciencia, la historia documentada y la memoria viva forman parte de la cultura. Transformada por la mano del hombre, la naturaleza y su modo de contemplarla, agredirla o preservarla, llega a constituirse en parte de la cultura. A través de ella se ha construido lo que somos, se ha modelado nuestra sensibilidad, nuestras formas de convivencia, nuestros valores”. Pero aun en muchos de nuestros medios no acaban de verlo así. 

Son términos totalmente diferentes y el último suele ser abarcadoramente complejo. En el periodismo contemporáneo, la variedad de temáticas y flujos informativos, la selectividad y exigencia del contenido por parte de las audiencias, ha hecho de la especialización periodística una fórmula capaz de ofrecer un producto más interpretativo, profundo y analítico del hecho y sus mediaciones. Específicamente, en el camino del “generalismo” a la especialización, el periodismo cultural y su amplio diapasón crítico, del que se ramifica la crítica artístico-literaria, ocupa un lugar preponderante en la especialización de la prensa actual. Esta, a diferencia del periodismo diarista y netamente informativo, se propone explicar e interpretar (analizar y evaluar) la realidad con la utilización de herramientas más profundas y analíticas. Es asimismo interpretación y sustentación de criterios sobre un determinado tema, en este caso artístico-literarios. Y como escribió Cintio Vitier, es también “en principio, dos cosas: iluminación de la obra desde la obra misma, y, después, toma de partido frente a ella”. 

Para Kant, criticar significaba pensar, razonar, poner toda teoría o pensamiento en tela de juicio. Pensar era juzgar; la crítica por tanto es una actitud activa en la conformación de las ideas. 

La mayoría de los investigadores concuerdan que la crítica traza y delimita sus rasgos característicos en el periodismo especializado: presentan contextualización, lo que se evidencia mediante la utilización de conceptos y categorías propias de la especialización periodística; son textos donde la actitud evaluativa y la opinión de los autores se desarrollan a través de una redacción coherente, con equilibrio entre el lenguaje periodístico y el científico; el uso de bibliografía pasiva y de publicaciones seriadas como fuentes documentales de información; y el empleo de un lenguaje y estilo en los textos, directamente imbricado con las características de la redacción periodística especializada. Estas características resumen lo que Octavio Paz define como “pasión crítica” y Rufo Caballero como “poéticas críticas” en el discurso creado desde el ejercicio del periodismo en nuestros medios.

Muchos creen, además, que la crítica de arte debe ser prioridad y terreno casi absoluto de los medios especializados, sin observar la necesidad de interpretación que demanda el periodismo contemporáneo. Esta es una manera de subestimar, a estas alturas del partido, al público. ¿Dónde quedan los medios que son “consumidos” por una gran mayoría del público? ¿La televisión y la radio, con su amplia parrilla de programas capaz de llegar a los lugares más intrincados de la geografía nacional, incluso con un amplio perfil comunitario, no son por tanto medios idóneos para el ejercicio de la crítica de arte? Aún más cuando nuestros medios se debaten en el ruedo con el bombardeo de otras formas de consumo de información capaces de asignar categorías o legitimar artistas o seudo-artistas en el imaginario popular cubano. 

Formar un receptor inteligente, capaz de consumir cultura críticamente, constituye una de las prioridades en cualquier tipo de empeño político y cultural, aparejado a un hecho del que, desde los inicios de la década del 2000, alertaba mi admirado Rufo Caballero: “En Cuba tenemos buenos críticos, pero no hay una crítica como sistema, sólida”. Realicé mi tesis de licenciatura en Periodismo en la Universidad de Holguín precisamente sobre la crítica literaria en las páginas de La Gaceta de Cuba, en un arco que iba desde el periodismo cultural hasta la especialización y de ahí a la crítica, para estudiar una revista paradigmática entre las de su tipo. 

Sería la misma revista quien, alarmada ante los derroteros de la crítica cubana, especialmente la literaria, realizara entre julio de 1969 y mayo de 1970, poco después de fundada, una encuesta a importantes escritores e investigadores cubanos bajo el título “Sobre la crítica”. Tiempo después, en los albores del reciente siglo, La Gaceta de Cuba llamaría a una serie de investigadores y críticos a conformar un dosier bajo el título “Estaciones de la crítica cubana”. Los temas y las preocupaciones seguían siendo casi los mismos de la encuesta inicial. Treinta años después, las estaciones demostraban, solo con pequeños cambios, seguir siendo cíclicas. Si la realizamos hoy, veinte años después de esta última, comprobamos que la situación sigue igual. 

Varias cuestiones han salido al banquillo: pasión, compromiso, responsabilidad, honestidad y preparación. Y otra preguntas también: ¿Lo ideal es preparar al periodista, mediante cursos, posgrados, otras vías de superación, o que el especialista tome la rienda de nuestros medios? ¿Cómo ven los artistas al periodista cultural? ¿Y al crítico? ¿Es la crítica un “género parásito”? El periodista, al carecer de muchas (muchísimas) herramientas académicas luego de graduado, está en franca desventaja con los especialistas de determinadas expresiones artísticas. Historia del Arte, Musicología, Teatrología, Filología, los recientes estudios de Danzología, entre otras, pertrechan a los graduados de estas carreras de conocimientos que no posee el periodista a la hora de realizar un abordaje crítico y que solo podrá tenerlos mediante vías de superación gestionadas por el medio o su interés (aquí la auto-superación siempre debe primar). Por otra parte, muchos especialistas no poseen las competencias –escriturales, comunicativas– a la hora de ejercer el criterio. “Hay periodistas que ejercen un criterio artístico con autoridad y hay especialistas con un gran poder de comunicación. Y los hay que ni lo uno ni lo otro. Lo principal es el conocimiento y las estrategias para adquirirlo, sean estas personales o institucionales”, me comentaba recientemente Reinaldo Cedeño Pineda, a propósito del Premio Nacional de Periodismo Cultura José Antonio Fernández de Castro. Como vemos no hay nada nuevo en la viña del Señor, pero sí mucha tela por donde cortar. 

“No se enseña, no se aprende. Le acomoda la denominación romántica heroica: es acto del genio. No todos la alcanzan. Ni todo es impresionismo, ni todo es método”, añadiría Alfonso Reyes.

De todas formas “el estigma” que muchos creadores han endilgado al periodismo –y muchas veces con la razón que los propios comentarios y “ejercicios críticos” les ofrecen– solo se supera con mucho de lo que hemos comentado: compromiso, responsabilidad y preparación. Hay sus excepciones claro. Por suerte –y por méritos y constancia, claro– nuestra crítica cuenta con firmas de respeto. Pero todavía seguimos haciendo camino al andar, como diría Antonio Machado y confirmaría después Serrat. Sería José Martí –volveremos siempre a él– quien definió paradigmáticamente a la crítica como “el ejercicio del criterio”. Y como el horizonte de una de las historias de Eduardo Galeano, ese ejercicio nos permite persistir y crecer.

 

El arte en la épica de la Revolución

La Casa del Joven Creador en Holguín, sede provincial de la Asociación Hermanos Saíz, exhibe por estos días la exposición Fragmentos Épicos, itinerancia que el Consejo Nacional de las Artes Plásticas ha hecho transitar por varias provincias del país.

Con la presencia de las principales autoridades de la provincia se inauguró la muestra. Foto del autor

A la Ciudad de los parques llega en un momento especial, fecha en que se celebra un nuevo aniversario del Hato de San Isidoro, próximos además de festejar aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas, y en consonancia con la Asamblea 8vo Congreso del Partido en la provincia Holguín.

Con la presencia de las principales autoridades políticas, culturales y gubernamentales de la provincia, así como funcionarios de otras organizaciones e instituciones, se inauguró la muestra que reúne parte de la obra fotográfica e instalativa de 10 artistas cubanos contemporáneos de diferentes generaciones, pero que han captado a través del lente y su sensibilidad momentos puntuales de la épica en la Revolución.

Durante todo el mes de abril quienes se acerquen al céntrico espacio holguinero podrán disfrutar de creadores referentes en el panorama artístico cubano como Alberto Díaz Gutiérrez-Korda-, Antonio Eligio Fernández-Tonel-, Eduardo Ponjuán González, Ernesto Fernández Nogueras, Roberto Chile o Cirenaica Moreira, entre otros no menos importantes.

Yuricel Moreno, Directora del Centro Provincial de Arte, destacó las palabras al catálogo donde se cita que en la actual sociedad tecnológica narrar la épica como reacción emotiva ante la necesidad de revisitar la memoria, reconstruye un legado donde por más de medio siglo Cuba es símbolo de resistencia, ícono de soberanía política latinoamericana y esperanza de un modelo alternativo para el caótico orden mundial, en sus saberes.

“Fragmentos épicos habita el diálogo con esos segmentos de la formación nacional cubana, lucha por el estado nacional libre y periodo de Revolución en triunfo, etapa donde la fotografía se erigió como medio de excelencia para captara la nueva realidad y reflejar los cambios contantes que se producían tanto acentuado el protagonismo de líderes, como de la gran masa obrera y campesina”.

A la Ciudad de los parques llega en un momento especial, fecha en que se celebra un nuevo aniversario del Hato de San Isidoro. Foto del autor

“Las maneras varias de abordarlos, es una instantánea de los procesos de la nación cuyas crónicas fundaron la visualidad de la Revolución cubana, las pautas curatoriales establecen una narrativa que emana del carácter épico de los acontecimientos, en función el discurso se divide en conjuntos trípticos porta-imágenes, presentan evocación preliminar de la musa, aquella que ha inspirado el relato pro-lucha, la patria siempre, y la presencia de héroes que encarnan valores constructivos de la nación y la cultura, siendo este un modesto homenaje a nuestra historia y a sus hacedores”, señala el texto.

A ese encuentro con la Historia de Cuba, perpetuada a través del prisma de estos referentes de la creación nacional, nos invita durante todo este mes de abril la Casa del Joven Creador, un momento indispensable para rememorar la épica del proceso revolucionario.

Configurando catacumbas: el enterramiento

 Por Lilian Sarmiento Álvarez 

Fotos de la autora

La lápida tapó el foso justo antes de las 8:20. Debajo quedaron sepultadas botellas con fragmentos de grabado, retazos de tela bordada y cabellos, litografías , pequeños ensamblajes de chatarra reciclada. Sobre la piedra, el futuro: veinte años a partir de este 2 de marzo transcurrirán hasta que la obra de los once artistas holguineros participantes en la XIV Bienal de La Habana sea exhumada de las catacumbas.

Desde el último día de febrero el Centro de Arte exponía las piezas que conformaron el proyecto colectivo «Configurando catacumbas (Mundos soñados)». La confluencia artística de la danza, la música y las artes visuales inició este camino que no concluye con la acción performática del enterramiento, sino que pretende trascender en el imaginario de la ciudad.

La proyección hacia el futuro juega también con el deseo de que el arte permanezca, a pesar de las circunstancias. Para Lidisbelis Carmente, su arte terapia recordará la lucha titánica contra una enfermedad como el cáncer; el joven Christian Escalona medirá la evolución del paisaje a partir del impacto de diversos elementos; la conceptualización del ser humano que Alexander Hernández Dalmau articuló dentro de su botella, quedará como una síntesis de la creación escultórica de este artista que no pretende traicionar sus esencias.

Bajo la prédica de que el fundamento de todo está en el cambio incesante, Ramiro Guerra fraccionó sus grabados en 900 piezas que conformaron la obra «Esperando Heráclito». En la botella quedaron unas pocas, otras fueron ofrecidas al público en otro intento por perpetuar la memoria artística recurriendo a la sensibilidad del espectador. 

Cuando se abrió la valija de madera confeccionada por Luis R. Silva,  el autor del polémico «Fruto» situado en la intersección de las calles Maceo y Martí, y la «Semilla» expuesta en la ezplanada de La Punta, cada uno de los autores fue colocando su botella en el interior, un performance que se antojó ritual, casi sagrado, por su carga simbólica.

Allí quedaron juntos los trazos de Ronald Guillén reflejando los conflictos raciales y la exploración del mundo afrocubano de Jorge Hidalgo Pimentel. Juntos la polifonía policroma de José Emilio Leyva y los lienzos manufacturados de Freddy García Azze.

Yuricel Moreno, directora del Centro de Arte, había dicho que «Configurando catacumbas constituye una permanente activación simbólica que tendrá cierre en el futuro, lo cual bosqueja su mayor incógnita. Las obras recorren un amplio abanico temático. Testimonian la pluralidad del pensamiento artístico contemporáneo que interactúa en un espacio-tiempo históricamente situado (…) Los mensajes revelan las discordancias de una etapa llena de amenzas en la cual se insiste en recuperar, de alguna manera, la idea de un futuro habitable para todos».

Solo resta esperar la llegada de ese futuro, y esperarlo como se espera algo nuevo.

 

Arte con mirada al futuro

 

Por Lilian Sarmiento Álvarez

Fotos de la autora

La XIV Bienal de La Habana ha suscitado opiniones diversas incluso antes de haber comenzado. Por estos días, el espíritu creador del evento llega hasta Holguín, donde se exponen obras de once artistas reunidos en el proyecto “Configurando catacumbas (Mundos soñados)”. La muestra, inaugurada este 28 de febrero en el Centro de Arte de la ciudad, tampoco ha escapado a la polémica alrededor de la estética y los conceptos que defienden sus autores. 

Para arrojar luz sobre algunas cuestiones relacionadas con la creación artística y su consumo durante esta etapa de la Bienal, se desarrolló un debate teórico desde el Centro de Arte con la participación del artista Ramiro Ricardo y el Dr.C Alejandro Torres Gómez de Cádiz. El encuentro titulado “Futuro, arte y sociedad” invitó a la reflexión sobre la obra de arte en la posmodernidad.

Utopías versus distopía, optimismo sobre pesimismo y cómo se concibe el futuro del arte en el siglo XXI, fueron algunas de las disyuntivas planteadas por Gómez de Cádiz, quien aseguró “La narrativa posmoderna es pesimista”. Tal característica se ha heredado del siglo XX, cuando pintores, escritores, cineastas, representaron un futuro caótico y desesperanzador del mundo a partir del contexto histórico social en el cual se desarrollaron. 

Precisamente, Ramiro Ricardo apuntó hacia el carácter contextual del arte y citó: “La calidad artística no es objetiva sino contextual. La real calidad de una obra solamente puede ser percibida dentro de un conocimiento profundo del contexto al cual el objeto artístico fue destinado”.

Asimismo, habló sobre lo importante que resulta para el artista mantener la capacidad y la osadía de transformarse al propio tiempo que la sociedad y sus instituciones, “es lo que ha hecho posible que podamos estar hoy aquí y seguir haciendo arte”, señaló.

Tras un recorrido a través de la participación holguinera en la historia de la Bienal de La Habana, Ricardo destacó que “el artista cada vez más se ha visto obligado a hacer un acercamiento a lo sociológico, lo psicológico. El artista debe ser un arqueólogo que va a descubrir a través de su obra, en ese sentido gravita también la antropología, hay un sustento histórico-social en la creación”.

Muchos factores intervienen en el consumo y la recepción de la obra postmoderna. Sigue siendo el arte un campo restringido para algunos y condescendiente para otros, sin embargo, el debate apuntó hacia la concepción del arte como un proceso abierto, rechazando el carácter totalitario de la obra que se expone con un sentido único.

Al respecto, Gómez de Cádiz ahondó en el cisma que ha surgido creador-espectador, a partir del alto nivel de conceptualización de algunas obras y el nivel de percepción del público, influido por la adopción de narrativas deconstructivas y conceptuales más complejas, y el impacto de la cultura de masas. Una vez más se puso de manifiesto la necesidad de la crítica de arte no solo desde una perspectiva estética sino también educativa, así como favorecer los estudios de consumo desde las academias e instituciones culturales.

“Configurando catacumbas” está siendo una interesante oportunidad para evaluar estos fenómenos que, si bien no determinan la creación de nuestros artistas, sí impactan en la concepción, distribución y percepción del arte, en este caso, las visuales. Durante estos días las miradas se vuelven hacia la galería del Centro de Arte y sus inmediaciones, mientras obras como “Fruto”, de Luis Ramón Silva, recibe buena parte de las opiniones de transeúntes, internautas, visitantes y locales en la ciudad de Holguín.  Pudiera ser este un buen ejercicio para críticos, artistas e investigadores en aras de intentar resolver ese abismo entre el creador y su público que la posmodernidad parece acrecentar.

 

Inauguran “Configurando catacumbas”, proyecto de la 14 Bienal de La Habana

Por Vanessa Pernía Arias y Erian Peña Pupo

Fotos cartel de la expo y Erian Peña Pupo

El proyecto colaborativo “Configurando catacumbas (Mundos soñados)”, que se inserta entre las iniciativas de Holguín a la 14 Bienal de La Habana, fue inaugurado en la tarde de este lunes en el Centro Provincial de Arte.

Yuricel Moreno Zaldívar, directora de la institución, comentó en las palabras inaugurales que esta propuesta reúne a 11 artistas holguineros con el propósito de intervenir los espacios del Centro y, desde allí, proyectar mensajes hacia el futuro; a tono con los planteos conceptuales de la Bienal, relevante evento de arte contemporáneo en Cuba que se desarrolla hasta el 30 de abril.

Desde una variedad generacional e ideoestética, los creadores que intervienen en este proyecto suscitan reflexiones históricas, filosóficas y medioambientales sobre el devenir humano, que funcionan como analogía a la convivencia de imaginarios temporales y las búsquedas de alternativas que propone el evento, explicó.

De esta manera, en “Configurando catacumbas” confluye la obra de reconocidos artistas como Jorge Hidalgo, Luis Ramón Silva, Ramiro Ricardo, Ronald Guillén, José Emilio Leyva, Freddy García, Dagoberto Driggs, Alexander Hernández y Alejandro Ortiz; y los jóvenes creadores Lidisbelis Carmenate y Cristian Escalona.

Por otro lado, este proyecto resulta una acción artística donde resultan válidas las metáforas que envuelven al enterramiento como leyenda, mitos y fábulas; al igual que su empleo como cápsula para conducir un grupo de piezas artísticas al futuro, en franco diálogo con el devenir humano, su historia y cultura.

En este sentido, con este ejercicio creativo se enterrarán varias piezas de diferentes formatos y de materiales diversos, que primeramente serán introducidas de forma individual en botellas y luego conservadas en una valija que permanecerá guardada en los predios del Centro de Arte, soterrada en su piso; sitio escogido por sus coordenadas en relación a las distancias entre los centros culturales de París, La Habana y Nueva York.

La acción performativa de enterramiento, constituye asidero espiritual de una época en crisis, signando un desplazamiento hacia el futuro, en una línea temporal que durará, aproximadamente, 20 años, añadió Ronald Guillén, curador principal de este proyecto.

En dicho lapso de tiempo, precisó, se exhumará la urna para comprobar los límites de la predicción y las probabilidades aportadas en las piezas, a modo de exvotos simbólicos; sin embargo, la fecha no resulta fortuita, pues ubica la exhumación en el momento que marca la mayoría de edad de la galería, sus 50 años.

 “Configurando catacumbas” comprende, además, una jornada intermedia para la reflexión teórica sobre diversos temas entorno al desarrollo del arte y la cultura en la sociedad; y culminará con el sellado de la catacumba mañana, cuando se celebra el 31 aniversario del Centro, momento en que comienza la cuenta regresiva hasta la misma fecha pero del año 2041.

Desde su fundación en 1984, la Bienal de La Habana es uno de los eventos de artes visuales más importantes en el país, organizada por el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, reúne obras de creadores de diferentes naciones, bajo un criterio curatorial que tradicionalmente se ha enfocado en temas, sobre todo, de países latinoamericanos y del tercer mundo (ACN).

Didáctica del otro II en la Galería Holguín

Por Vanessa Pernía Arias

Fotos Wilker López

La muestra colectiva “Didáctica del otro II” quedó inaugurada en la tarde de este martes en la galería Holguín de la ciudad homónima, como parte de la 14 Bienal de La Habana, evento que se desarrolla en Cuba hasta el 30 de abril próximo.

Perteneciente al proyecto curatorial de arte abstracto “Libertad de espacio”, coordinado por el artista visual Ronald Guillén, el Centro Provincial de Artes Plásticas y el Centro Antonio Díaz Peláez, en La Habana, la exposición reúne la obra de 14 artistas del territorio que en su trabajo creativo desarrollan el abstraccionismo.

Con “Didáctica del otro II” los organizadores pretenden honrar la memoria histórica del arte abstracto en la ciudad, con la presencia de sus fieles ejecutantes y valiosas obras, muchas de las cuales pertenecen a la colección institucional del Centro de Artes.

De esta manera se exponen obras de artistas como Cosme Proenza, Eduardo Leyva, Freddy García, Juan Carlos Anzardo, Ronald Guillén y Nalia Martínez; así como los jóvenes creadores Aníbal de la Torre, Lidisbelis Carmenate y Mariannis Mirabal, entre otros.

El profesor universitario Jesús Javier Rodríguez Calderín, en las palabras de presentación de la muestra, enfatizó que esta constituye una manera de reverenciar a los imprescindibles que ya, hace más de un siglo, replantearon un nuevo status a la obra y que aún sigue siendo cuestionado desde la convivencia y la validez dialéctica de la unidad y lucha de contrarios.

En “Libertad de espacio”, con antecedente en la exposición “Todos abstractos”, participan 45 artistas vinculados a esta poética, quienes socializan sus obras desde las distintas plataformas digitales y en espacios físicos de Holguín y La Habana.

Entre las instituciones dispuestas para la visualización de las obras de reconocidos artistas cubanos que trabajan la abstracción se encuentra la galería Holguín y la Belkis Ayón, en la capital.

Además de este proyecto, desde Holguín se alista “Configurando catacumbas”, una iniciativa también insertada dentro de las jornadas creativas de la Bienal; y que pretende ser lo más fiel posible al planteamiento de futuro que propone este evento, al reunir a 11 artistas holguineros de diferentes generaciones y tendencias.

Desde su fundación en 1984, la Bienal de La Habana es uno de los eventos de artes visuales más importantes en el país, organizada por el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, reúne obras de creadores de diferentes naciones, bajo un criterio curatorial que tradicionalmente se ha enfocado en temas, sobre todo, de países latinoamericanos y del tercer mundo.

Víctor Manuel Velázquez o el alucinante descubrimiento del Aleph

  

Por Erian Peña Pupo

Fotos del autor 

En uno de los ángulos del oscuro sótano de una casa de la calle Garay en Buenos Aires –una casa a punto de ser demolida–, y mientras perseguía la memoria de Beatriz Viterbo –una memoria huidiza–, Jorge Luis Borges se encontró con una esfera resplandeciente donde confluían, de un modo asombroso, todos los tiempos y todos los espacios: el Aleph se nombra y es “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”, escribió en el cuento homónimo publicado en 1945, texto donde Borges aborda uno de los temas recurrentes en su literatura: el infinito. “Vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra”. 

La obra de Víctor Manuel Velázquez Mirabal (Holguín, 1980) recuerda esa confluencia borgeana de escenarios, tiempos, contextos, personajes, lugares, objetos… en las posibilidades confluyentes de un mismo espacio. Su imaginación fructífera, neobarroca, desbordante, desemboca –como si una de sus islas ebrias, como el barco de Rimbaud, encontrara playa segura para su viaje errante– en el lienzo y en los múltiples soportes que, en búsquedas más recientes, han definido también su trabajo, pues Víctor Manuel sabe, como el gran argentino, que “todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten”, y que estos símbolos van armando una cosmovisión tan peculiar como imprescindible para recorrer su obra. 

Adentrarse en Obras Completas, exposición de Víctor Manuel –de formación autodidacta y oftalmólogo de profesión– inaugurada el pasado diciembre en la Sala Principal del Centro Provincial de Arte de Holguín, con la seguridad del constante descubrimiento en cada pieza –estableciendo diálogos, muchas veces más sutiles, otros más complejos, pero siempre enigmáticos, interrogativos, sui generis, para nada gratuitos, entre autor/obra/receptor–, es adentrarse en un entramado de símbolos que conviven en estas 50 piezas –realizadas en su mayoría en los momentos más complejos de la Covid-19–, que se entrecruzan y cobran autonomía, como parte de ese cuerpo mayor, ese cosmos, que es su poética. 

El precio –escribió el propio Víctor Manuel en las palabras del catálogo de la muestra, con curaduría de Berta Beltrán Ordoñez y Josvel Vázquez Prats, y con dirección general de Yuricel Moreno Zaldívar– es renunciar a la cordura. “La certeza de que no siempre vas a lograrlo –dice– hace de ti un obrero distinto, un ser incompleto, un huérfano, sabedor de que una parte monumental de tu hechura caerá a la espiral del olvido. No pintarás para siempre. La musa vendrá un rato junto a ti, y luego eso será todo, tu breve racha ganadora habrá terminado”. 

Víctor Manuel posee la capacidad del demiurgo, o sea, de insuflar vida a todo un universo que se va reinventando en el tiempo, pero que mantiene idénticas bases. Ha sabido levantar las estructuras de su edificio, desde la pequeña rama y la piedra primigenia, donde se oculta el insecto, hasta la torre más cercana al cielo. 

Él experimenta con la acuarela, difícil técnica que defiende aunque explore otras; y aunque insiste en decir que cada día aprende más y se le abren nuevas posibilidades con ella. Cada mancha, cada fluctuación del agua y del color sobre el soporte, cada línea huidiza, dan cuerpo a disímiles criaturas, seres que emergen de los laberintos de su imaginación y se corporizan. Dentro del caos, florece el árbol, reverbera la luz, escapa el ave, nace la isla… y un universo ilusorio y mágico (y no por ello menos real); un sitio de entrecruzamientos culturales de múltiples honduras, resultado de complejas búsquedas (literarias, artísticas, espirituales) primero como ser humano, y por consiguiente, como artista plástico. “Envanecido, en mi ambición quise crear absurdos como la nostalgia, el coraje, el deseo, chisporroteo de locas ideas bullendo por salir al unísono, desordenado canon carcajeándose en capital estampida… De eso parecen tratar estas piezas: un ermitaño dios antediluviano que vocifera un cuento susurrado, cual nana para el valiente que se hace a la osadía de pintar”, asegura.

Víctor Manuel sabe ser agradecido y “lleva dentro de la caja de su pecho a sus muertos”, como escribió Elena Poniatowska sobre José Emilio Pacheco. O sea, sabe corresponder sus influencias (varias de ellas son, incluso, de artistas cercanos). Así dialogan en su obra –sumergidas necesariamente en el crisol de una fragua en contante hervor– los enigmas de Breguel El Viejo y El Bosco, y con ellos toda una tradición occidental que llega a Durero, a Diego Velázquez y a Gustav Klimt. Y que se extiende a los cubanos Pedro Pablo Oliva, Cosme Proenza, Ernesto Ferriol y Miguel Ángel Salvó (estos tres últimos coterráneos suyos). 

 

 

En la serie “Los alucinados”, Víctor Manuel parte de la psicología, particularmente el Test de Rorschach, en piezas donde las manchas de tinta que caracterizan la conocida técnica de psicodiagnóstico, “desprenden” disímiles “formas de la existencia”: reconocibles o escurridizas imágenes, fugaces o casi palpables. Así explica parte del proceso de creación de estas obras: “Se vale sentir vértigo al contemplar una mancha. La grieta del agua aposentada en el muro pingüe del traspatio señorial se nos antoja un rostro. El agua abre un camino molecular en el podrido velamen. Aliada al feroz pueblo de hormigas y líquenes gesticula desde la penumbra vigilante. Es el simple y llano Rorschach natural, vigor viejo como la osamenta del mundo, que da para nosotros su tesoro de gérmenes. No hay que temer. Hemos sido hechos a la medida de su hermosura. Me he tomado el trabajo de completar la obra, de exponerla a la mirada de la gente. Me he detenido a iluminar ante la romanza de agua del mar y del cielo”.

En sus cuadros hay también cierta narratividad… Muchos “cuentan” historias, contienen “relatos”… Una mancha: un rostro. Un trazo: la amplitud de posibilidades. Aves, peces, ramas, frutas, caballos, perros, gatos… pueblan su obra. A la constante zoomórfica, se suman personajes como salidos de los más fantasiosos libros de caballería o de bestiarios medievales (o las maravillas que encontró Yambulo en su viaje por las Islas del Sol). Un carnaval de figuras acoplándose, ganando espacio, surgiendo de la nada… Barcas como islas, islas como carretas, cáscaras de nuez a la deriva, torres y ciudades emergiendo del aire… Objetos de múltiples naturalezas, simbiosis de mundos posibles que parten, varias veces, de referentes literarios, incluso que desde el título anclan la obra: desde Cien años de soledad, de García Márquez; La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier, inspirada en el ballet de Ígor Stravinski; Extracción de la piedra de la locura, conocida obra de El Bosco, pero también motivo de un poemario de Alejandra Pizarnik, hasta El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgakov (“Corazón de perro” es la obra suya que quisiera acompañara la novela). En otras obras, múltiples símbolos de cubanía, retazos de identidad, memoria y nostalgia que han alimentado su paso por los años, conviven con referentes universales (en “Soportal” escribió que “esta casa es la casa de todos”). 

En algún lugar de Holguín, Víctor Manuel Velázquez –que alguna vez quiso ser escritor, aunque sus obras, como las de todo artista verdadero, destilan poesía– observó y encontró un aleph borgeano. Ese punto donde todos los puntos confluyen. Ese sitio abierto “al todo” y donde “todo” existe simultáneamente. Ese aleph –alucinante, poético, utópico, increíble– es un espejo abierto para mirarnos como seres humanos, para adentrarnos en el universo que reflejan sus piezas, en esa “catarsis del enclaustramiento” que resulta Obras Completas como la definió, en esa “voz maltrecha en la fuga espiritual y material de la sobrevida” (Publicado inicialmente en la web del CNAP).  

 

La Ciudad y sus premios

La XXXIX Semana de la Cultura Holguinera culminó con la habitual entrega de los Premios de la Ciudad, en gala celebrada desde la Sala de Historia del Museo Provincial La Periquera. En esta ocasión el Premio fue convocado en las categorías de Historia, Artes Plásticas, Poesía, Narrativa, Comunicación Promocional, Prensa Escrita y Música.

La XXXIX Semana de la Cultura Holguinera culminó con la habitual entrega de los Premios de la Ciudad. Fotos: Pablo Méndez

El jurado en el apartado de Historia decidió conceder tres menciones a las obras de Cosme Casals, Gerardo Licea y Hernel Pérez Concepción, respectivamente. Mientras, el cemí Baibrama lo mereció “Anglosajonnes en el norte holguinero del siglo XIX”, de los autores Wilmer Batista y Enrique Doimeadiós, por tratarse de “un texto de amplio uso de fuentes orales y documentales; de tema novedoso y actual, que integra factores económicos, sociales y culturales, ofreciendo una visión de conjunto de los anglosajones en el norte de Oriente”.

Por su parte, el Premio de la Ciudad en Poesía se convocó en coordinación con Ediciones Holguín. El jurado constituido por prestigiosos escritores de la provincia quiso destacar el alto nivel de convocatoria alcanzado este año, donde participaron 46 libros de las catorce provincias del país, representantes de distintas tendencias y estilos de la poesía cubana actual. Por sus cualidades líricas, la fuerza existencial de lo vivido, el uso del lenguaje como forma expresiva y la intención de hacer de la poesía un instrumento salvador, resultó premiado el cuaderno “Tableros”, de Maribel Feliú.

Cuatro fueron las menciones en la categoría de Narrativa, por su calidad formal y propuestas narrativas de entre los 41 textos concursantes. Finalmente, la obra “Blanco y azul”, de Barbarella González Acevedo ganó el Baibrama por la virtud y la serenidad de la prosa, el empleo atinado de técnicas narrativas y la evidencia de un estilo depurado y reconocible en el concierto de la prosa nacional contemporánea.

La Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, en coordinación con el Sectorial Provincial de Cultura reconocieron las mejores obras en Comunicación Institucional, Publicidad, Propaganda y Bien Público.

La categoría de Artes Plásticas quedó desierta luego de que el jurado determinara un descenso en la calidad de las obras presentadas en relación con años anteriores. Del conjunto de 94 obras presentadas, se alzó en el apartado de Audiovisuales la serie de cápsulas promocionales para la ciudad de Holguín, de Producciones La Loma. El Premio en Comunicación Promocional para radio recayó en la serie “Hay un Martí…”, escrito por la realizadora Vivian García, mientras la Campaña Promocional para Redes Sociales por el aniversario 85 de la Emisora Provincial CMKO Radio Angulo, del diseñador Jorge Emilio Amita se premió en la categoría de Multimedia.

También en esta categoría el jurado reconoció la Campaña Promocional por la XXVII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, del diseñador Raúl Barea, por el notable uso de las técnicas de representación desde la combinación de la ilustración manual y el diseño digital en función de los pronósticos comunicativos.

 

La entrega de los Baibrama estuvo acompañada por las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia. Fotos: Pablo Méndez

El Premio de la Ciudad en Prensa Escrita lo recibió la experimentada Lourdes Pichs, por una serie de textos sobre la evolución de la pandemia de la COVID-19 en la provincia, donde destaca el balance genérico y el buen uso de las fuentes especializadas que avalan la información precisa en e contexto de la información.

Por último, la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos junto a la Dirección Municipal de Cultura convocaron a todos los compositores a participar en los géneros de cancionística, folklórica y/o tradicional, música bailable y de concierto, resultando ganadora la obra “Mi son tiene ritmo y tumbao”, de ReynierCobiella, director del Septeto A la medida, por su evocación a Faustino Oramas, de complejidad técnica dentro de la tradición sonera y de excelente terminación artística.

La entrega de los Baibrama estuvo acompañada por las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en la provincia, así como representantes de la Dirección Municipal y Provincial de Cultura.

Como destacara en las palabras finales el escritor y miembro del Comité organizador, Gilberto Seik, la celebración del Premio de la Ciudad contribuyó  a visibilizar el fuerte movimiento cultural holguinero que lo llevó a convertir la ciudad en la tercera plaza cultural más importante del país.

Por Lilian Sarmiento Álvarez